Las propuestas artísticas de los jóvenes guitarristas Jimmy Daniel Sierra y Carlos Mateo Páez permiten ver cuán dinámico es el mundo de la guitarra. La propuesta de Sierra está en la línea de hacer sus propias versiones de obras que pueden adaptarse a la guitarra desde la partitura original, como fue el caso del Capricho 24 de Niccolò Paganini, original para violín, y de Les barricades mysterieuses, obra para teclado de François Couperin, donde se requiere cambiar de tonalidad para que se pueda interpretar sin mayores dificultades. La adaptación es una práctica ampliamente extendida, recordemos que, durante la década de 1940, Andrés Segovia grabó y popularizó obras de Domenico Scarlatti, Johann Sebastian Bach y Luigi Bocherini que se convirtieron rápidamente en parte del repertorio de guitarra. Actualmente tenemos a disposición cientos de videos de guitarristas que exhiben sus propias versiones de obras que no fueron escritas para el instrumento como es el caso de Canción del árbol del olvido de Alberto Ginastera, transcrita para dúo por Nikita Koshkin, o los arreglos sobre las Estaciones porteñas de Astor Piazzolla.

Por su parte, Páez trajo una propuesta donde las obras son reminiscentes de la sonoridad de instrumentos como marimba de chonta y charango, en las obras Antumiá de Sebastián Villanueva y Egeo de Julián Vanegas, ambos compositores colombianos actuales. Esta práctica estuvo presente en la obra de compositores como Couperin y Scarlatti, quienes intentaron replicar en los instrumentos de teclado la forma particular de tocar instrumentos de cuerda como el laúd y la guitarra, y que también, en años recientes, abordó la compositora colombiana Claudia Calderón para su proyecto discográfico El piano llanero, donde emuló en este instrumento la forma de tocar el cuatro, el arpa y la bandola. Las tres obras presentadas por Páez tienen en común el ser compuestas con base en elementos extramusicales. El jardín de las delicias de Camilo Giraldo tomó su nombre del tríptico de El Bosco, extrayendo de este algunas escenas que se representan fuera de su contexto bíblico. Antumiá es el nombre del espíritu del agua para los emberá del Pacífico colombiano, y hace parte del ciclo El Maravelí, literatura oral y guitarra solista, obra ganadora de la Beca Nacional de Creación de Idartes, en 2014. Asimismo, Egeo es una obra programática con base en escenas marítimas de pesca y navegación asociadas al cambio del tono de las aguas del mar, según la hora del día.

El haber puesto juntos a estos dos jóvenes guitarristas permite observar dos formas distintas de interpretación. Jimmy Daniel Sierra es un guitarrista con un sonido potente sustentado en el control técnico de la mano derecha, cualidad que le permitió asumir obras de exhibición (o virtuosismo) como Fantasía y variaciones brillantes, Op. 30 de Fernando Sor y el Capricho 24 de Niccolò Paganini, compuesto también por una serie de variaciones. Por su parte, Carlos Mateo Páez mostró dominio de las complejidades rítmicas de la música tradicional y popular, área donde tiene amplia experiencia. La diferencia entre sus sonidos debe mucho a la técnica y al particular diseño de sus guitarras; Sierra toca con una guitarra de boca angosta que le permite proyectar un sonido poco resonante y Páez con una guitarra de boca más ancha que amplía el rango de armónicos.

En reseñas anteriores he insistido en que los intérpretes deben prestar atención al desarrollo escénico implícito en su propuesta artística. Para esta ocasión tengo una obra que ejemplifica bien lo que quiero decir. Me refiero a la puesta en escena de Egeo de Julián Vanegas. Esta es una pieza que tiene un desarrollo instrumental continuo desde el solo hasta el trío. Inicia con En la alborada, un movimiento para guitarra solista que desemboca en dos duetos, guitarra y violonchelo para Octubre, y guitarra y charango en Chakana azul, para finalizar con Arreboles, donde este particular trío toca por única vez. Haber aprovechado este desarrollo instrumental para hacer el planteamiento escénico flexibilizó la rigidez que suelen tener este tipo de conciertos. Acompañaron a Páez en esta pieza Juliana Díaz Alvarado en el violonchelo y Julián Vanegas en el charango, quien además es el compositor de la obra.

Es seguro que ni Jimmy Daniel Sierra ni Carlos Mateo Páez imaginaron, cuando se presentaron a esta serie, que sus conciertos llegarían al público como un producto audiovisual, de hecho, nadie pudo anticipar las consecuencias que trajeron las restricciones sanitarias al medio artístico. Por un lado, es claro que volver a tener contacto personal con el público es parte de las sensaciones que todos los artistas hemos echado de menos, pero también creo que ha resultado enriquecedor para nuestros jóvenes intérpretes afrontar una grabación donde se simula una situación de concierto convencional; un evento fortuito que puso su adaptabilidad a prueba. Por ahora, es lógico imaginar que en un futuro próximo podremos verlos en este y otros escenarios de cuerpo presente para poder brindarles el aplauso y apoyo que merecen.

Programa



Jimmy Daniel Sierra, guitarra

F. Sor (adapt. J. D. Sierra): Fantasía y variaciones brillantes, Op. 30.

F. Couperin (adapt. J. D. Sierra): Les barricades mystérieuses.

N. Paganini (adapt. J. D. Sierra): Capricho No. 24, de ‘24 Caprichos para violín solo’.

Carlos Mateo Páez, guitarra

C. Giraldo: El jardín de las delicias.

S. Villanueva: Antumiá.

J. Vanegas: Egeo.

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Concierto de Jimmy Sierra y Carlos Páez - Temporada Digital de Conciertos 2021