Nos cuenta el musicólogo Walter A. Clark que, Celedonio Romero, el gran patriarca de la familia de guitarristas españoles ‘Los Romeros’, no solo fue devoto de la música, sino también de la poesía. A sus 82 años, para una ceremonia en la que se le concedió un doctorado honorífico en reconocimiento de su legado artístico, Romero escribió un poema que tituló La guitarra es mi vida en donde entrelaza sus vivencias con las de su instrumento casi como si se tratara de la vida de una misma persona: «Cuando yo río, ríe. Cuando yo lloro, llora. Y es que sus palabras son como de amores y llegan al alma.»
‘La guitarra es mi vida’ bien podría haber sido el título para el recital que presentó el pasado miércoles 11 de agosto el guitarrista colombiano Edwin Guevara—ganador, entre otros galardones, del premio Celedonio Romero—en el marco de la temporada de conciertos del Banco de la República. Risas, amistades, lágrimas y viejos amores disfrazados de bambucos, tientos, pasillos y choros para guitarra sola, conforman el programa que grabó Guevara en Tucson, Arizona, y que pudimos disfrutar a través de las plataformas digitales de Banrepcultural. El programa es un deleite para una audiencia sedienta de música por compositores locales y que da cuenta de una escena musical marcada por la amistad (el grueso de las obras seleccionadas fue compuesto tanto por allegados de Guevara como por el guitarrista mismo), y en la que la guitarra clásica y las músicas andinas colombianas son protagonistas. Por esta razón, es imposible no escuchar este repertorio como una pequeña autobiografía de este gigante de la guitarra en Colombia como lo es Guevara.
Un escenario un poco más amplio y con mejor acústica, sin embargo, le hubieran sumado mucho a la experiencia aún si el propósito era de recrear una atmosfera íntima. Se entiende, por supuesto, que este recital trasmitido en línea intenta simular una presentación en vivo, lo que conlleva a que tanto errores y emociones espontáneas inunden el campo sonoro. Esto es algo que sería normal en cualquier escenario, pero que, en un contexto digital, en donde, paradójicamente, se busca generar una experiencia de lo inmediato, termina restándole a la performance musical. ¿O, por qué no atreverse a experimentar un poco con puestas en escena distintas que ayuden a teatralizar la sala de conciertos digital?
El recital abre con Media sangre (1955), un pasillo del compositor y guitarrista de Yolombó, León Cardona. Aunque una pieza un tanto somnolienta para comenzar un concierto, Media sangre claramente cumple con su cometido: el de abrir nuestros oídos al mundo de la música andina colombiana de mediados de siglo XX hasta el presente. Este pasillo está cargado de colores y texturas interesantes, como lo son el uso de armónicos artificiales y armonías más propias del jazz (algo que es de esperarse de cualquier pieza de Cardona), y que lo alejan de un campo estrictamente tradicionalista sin llegar a ser disonante ni desafiante para el público. No obstante, es una pieza engañosamente difícil para el intérprete. Guevara asume el reto con gallardía, aunque se le nota frío al comenzar pues la interpretación de esta pieza, incluso en sus primeras notas, no está libre de zumbidos y dubitaciones que lastimosamente resuenan con mayor amplitud debido a la naturaleza de la grabación misma. A Media sangre le siguió la fabulosa Suite para guitarra, del vallecaucano Luis Carlos Figueroa, escrita en 1980 para Julia Peña Nieto, guitarrista y esposa del compositor. El primer movimiento, Preludio, es una meditación exquisita que Guevara interpreta acordemente y sin extravagancia alguna, permitiéndonos saborear las resonancias armónicas provocadas por el juego entre los tonos bajos y medios que caracterizan a este movimiento, aun cuando a veces esto genera una cierta sensación de desafinación, pero que Guevara magistralmente mitiga con un timbre robusto y redondo. El segundo movimiento, Villancico, es de carácter ligero y algo juguetón, y funciona como puente para Bambuco, el tercer y último movimiento de la suite, basado en gran parte en un motivo rítmico reiterativo en los bajos que evoca al bambuco andino sobre el que se despliega el contenido melódico de la pieza, coloreado a su vez por trinos que hacen de este corto movimiento algo especial y que Guevara ejecuta con gracia, si bien no siempre con claridad.
Los platos fuertes los proveen varios amigos de Guevara—todos compositores y guitarristas—como lo son Clemente Díaz, Jesús Emilio González, y Pedro Sarmiento, y cuyo conocimiento íntimo del instrumento se ve reflejado prístinamente en cómo aprovechan plenamente el diapasón entero, las cuerdas al aire, y las múltiples texturas que ofrece este cordófono de seis cuerdas para plasmar sus subjetividades e historias. Las obras de estos tres compositores exigen del intérprete una gran destreza musical y muscular, por no decir atlética. No es casualidad que algunas de estas obras hayan sido dedicadas a Guevara quien es claramente un virtuoso de la guitarra.
Tanto las referencias al ritmo de choro en Edwin's Guitar (2011) de Díaz como la escala descendiente y fugaz a la Villa-Lobos, las referencias al Estudio No. 1 de Leo Brouwer, y la ‘entrada falsa’ con un bambuco en vez de un pasillo en el Estudio de pasillo (2007) de González, dan cuenta también de la ‘compinchería’ entre estos compositores-guitarristas. Estos elementos le brindan al recital un aire de jocosidad, pero también de exuberancia, generando un muy necesario contraste a la primera parte del concierto. Por otro lado, Tiento (2003), de Sarmiento, también reminiscente de la música para guitarra de Brouwer, es una obra más bien seria y cargada de antinomias estructurales muy bien logradas—un ‘chiaroscuro’, podría decirse— en donde se alternan secciones llenas de movimiento y dinamismo con corales lentos y un tanto estáticos, pero no carentes de emoción, como nos lo demuestra Guevara con su mágica interpretación. Bravo.
El concierto cierra con Bambuco (1997) de autoría de Guevara, obra que compuso a sus veinte años para quien fuera su interés romántico en ese momento. Esta pieza es más bien de corte tradicional, tonal en su mayoría, y con colores que evocan tanto a la obra de Cardona con la que inició el concierto como al estilo compositivo de unos de los maestros de Guevara, quien ya no se encuentra con nosotros: el gran Gentil Montaña. Con este bambuco, Guevara nos despide de la mano de su guitarra con recuerdos a la vez felices y dolorosos de su vida que, tal y como Celedonio lo plasmó en su poema, se materializan en el escenario como palabras que ‘son como de amores’, y que sin duda alguna llegan al alma.
Finalmente, una crítica adicional. En este recital, las mujeres aparecen en la periferia, únicamente como musas. ¿Acaso no hay música por compositoras dignas de programarse para un concierto de música colombiana para guitarra? ¿Sonia Viteri? ¿Sofía Elena Sánchez? ¿Por qué no comisionar obras nuevas o arreglos a compositorxs que no sean hombres? O, ¿por qué no atreversa a realizar arreglos de obras de Maruja Hinestrosa o Teresa Tanco?
Programa
L. Cardona: Media sangre.
L. C. Figueroa: Suite para guitarra.
C. Díaz: Evocación; Edwin’s Guitar.
P. Sarmiento: Tiento.
J. E. González: Estudio de pasillo No. 8.
E. Guevara: Bambuco No. 1 en mi.
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Fe de erratas
El concierto digital del guitarrista Edwin Guevara fue publicado inicialmente el miércoles 11 de agosto de 2021. Sin embargo, por un error involuntario durante el proceso de edición del video, la obra Suite para guitarra de Luis Carlos Figueroa salió al aire sin su tercer y último movimiento. Esta reseña se ha actualizado en octubre de 2021 atendiendo la nueva publicación del concierto que incluye el movimiento faltante. Pedimos disculpas a los maestros Edwin Guevara y Luis Carlos Figueroa, así como al público que presenció este concierto por esta omisión y esperamos que puedan disfrutar ahora sí de esta importante obra en su integridad.