El pasado jueves 6 de septiembre, Alejandra Díaz salió con su guitarra al escenario de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango con una calma y tranquilidad que evocaron, desde ese momento, la atmósfera que tendría su recital. Antes de iniciar, le dedicó el concierto a su mamá, a su novio y a su maestro, Edwin Guevara, uno de los guitarristas más relevantes de la actualidad en Colombia y uno de los más destacados pedagogos del instrumento. «Con este concierto espero devolver la magia que ellos me han regalado», señaló Díaz, invitando así al público a entregarse a la música.

El programa tuvo como hilo conductor el carácter nacionalista de las obras, lo cual dejó ver su interés por la música popular de distintos países, entre ellos, por supuesto, Colombia. La primera parte del concierto nos llevó del Barroco alemán a la música latinoamericana del siglo XX y para devolvernos a Europa, al auge del pensamiento ilustrado. La segunda mitad del programa nos situó en el siglo XX y nos trasladó de la región balcánica a Colombia.

La Suite en mi menor para laúd, BWV 996 de Johann Sebastian Bach y adaptada para guitarra por Frank Koonce, fue la oportunidad para que Díaz demostrara su solvencia técnica, la calidad de su sonido y su conciencia idiomática en este conjunto de danzas. Durante las seis piezas, la ejecución dio muestra del carácter y el estilo de la obra. Es de resaltar la clara conducción de las frases en el segundo movimiento y las dinámicas contrastantes. En el tercero, las cadencias fueron pausadas y espaciadas; tranquilas, como la presencia de la guitarrista en el escenario. Aunque era evidente el conocimiento del estilo, hubo ciertos momentos en que los ornamentos, típicos de este periodo, y algunos pasajes no fueron del todo claros y entorpecieron un poco la métrica y la fluidez rítmica de las líneas melódicas. La cuarta danza, Sarabande, logró una forma mucho más libre, sin medida, y un carácter nostálgico casi lamentado, en la que la intérprete lució cómoda y jugó a su favor con el tiempo.

En esta primera obra, Díaz demostró su solvencia técnica, su madurez musical y la calidad de su sonido, que habla sobre su personalidad y actitud musical. Es redondo, delicado, pero presente. No obstante, en obras como el Grand Solo, Op. 14 de Fernando Sor o las Seis miniaturas balcánicas de Bogdanovic hubo tropiezos en los dedos que no permitieron la limpieza total del sonido, sino esa sonoridad metálica que emiten las cuerdas cuando la precisión no es absoluta.

La segunda obra de este recital, Vals No. 4, Op. 8 del paraguayo Agustín Barrios, ‘Magoré’, resaltó la belleza y calidez del sonido de la intérprete. La primera parte, ágil y virtuosa fue mucho más clara en la reexposición que al inicio. El ritmo de vals y las dos voces extremas –el bajo y la melodía– fueron claras, marcadas y muy bien conducidas. La calidad del sonido predominó en esta obra. Igualmente sucedió con las Fantasías de Gentil Montaña, en las que hubo sorprendentes cambios de color, un gran contraste de tempos y dinámicas y una libertad musical que lograron transmitir el carácter fantasioso de las piezas. Emoción, musicalidad, sonoridad y color caracterizaron esta obra.

El Grand solo, Op. 14 de Fernando Sor está escrito en un solo movimiento, pero tiene la forma de una sonata. La interpretación de la primera parte fue más bien plana y estática, mientras que la segunda parte se caracterizó por la agilidad, el carácter marcado y un sonido más intenso. Los pianísimos que logró la intérprete sorprendieron por el mínimo nivel de sonido logrado. Las dinámicas fueron excelentes y la interpretación de Díaz logró cautivar a los oyentes. Mientras que la dinámica piano caracterizó la obra de Sor, las dinámicas más robustas fueron protagonistas de las Seis miniaturas balcánicas de Bogdanović. El exotismo de estas miniaturas, los efectos sonoros y las métricas compuestas refrescaron un poco la tradición occidental del resto del repertorio. A excepción de algunos pasajes en los que el sonido no fue limpio ni el ritmo tan preciso, la interpretación estuvo muy bien lograda.

Para finalizar el concierto, el turno fue para la música de las costas Caribe y Pacífico de Colombia. Las cumbias de José Barros, una obra escrita por Gentil Montaña sobre los temas de El pescador y Navidad negra, evidenciaron el gusto de la guitarrista por la música folclórica. El sonido fue mucho más brillante y acorde al estilo de estas cumbias y el público disfrutó de estos temas que sin duda llevan marcados en la memoria. Como bis, Díaz interpretó su adaptación de La canoa ranchá, un aguabajo popularizado por el Grupo Niche en el que la guitarra fue a la vez melodía, armonía y percusión. Así, ese único instrumento sobre el escenario se valió por sí mismo y envolvió el auditorio con una sonoridad inmensa, con una atmósfera mágica cuya esencia profunda vino de la elocuencia, la sencillez y la calma.

Programa

J. S. BACH: Suite en mi menor para laúd, BWV 996. A. BARRIOS ‘MANGORÉ’: Vals No. 4, Op. 8. F. SOR: Grand solo, Op. 14. D. BOGDANOVIĆ: Seis miniaturas balcánicas. G. MONTAÑA: Fantasías Nos. 1, 2 y 3; Las cumbias de José Barros.

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Concierto ofrecido por la guitarrista Alejandra Díaz el jueves 6 de septiembre de 2018 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.