Fue el 20 de febrero de 1958 y entonces su edificio era menos de la mitad del que conocemos en la actualidad, su colección tenía 70.000 libros y tenía capacidad de atender a 250 personas.

En seis décadas la BLAA se ha transformado radicalmente, gracias a la demanda que sus públicos han hecho de sus servicios y al interés que tiene el Banco de la República por brindar a todos los colombianos infraestructura y colecciones culturales y patrimoniales de la más alta calidad: hoy la Luis Ángel no solo presta servicio en Bogotá, sino que lidera una red de bibliotecas que llega a 29 ciudades colombianas; su colección supera los 2’700.000 libros y anualmente atiende a más de cinco millones de usuarios físicos y a más de veintidós millones de usuarios digitales a través de su Biblioteca Virtual, que dicho sea de paso inició en 1996 y fue pionera en América Latina.

“La Biblioteca Luis Ángel Arango ha sido baluarte en Colombia de otro muy importante ejercicio de libertad. La libertad en su sentido más exquisito: de acceder al conocimiento y al universo a través de los libros, el arte y la música”

Palabras de María Emma Mejía, ministra de Relaciones Exteriores, en la ceremonia de imposición de la Cruz de Plata de la Orden de Boyacá a la Biblioteca Luis Ángel Arango, en 1998.

Cada 20 de febrero somos testigos del profundo cariño que los usuarios sienten por nuestra biblioteca, de eso dan cuenta los cientos de mensajes que ese día nos comparten a través de las redes sociales contándonos los recuerdos que tienen de este lugar, la mayoría — y lo decimos con profundo orgullo— aluden a momentos felices: a ese sentimiento particular y difícil de describir que queda después de leer un buen libro o de llegar a “algo” tras de meses de investigación, a las tardes de trabajo en grupo con los compañeros de la universidad y a los “parches” de fin de semana por La Candelaria... La BLAA está en el corazón de sus usuarios.

Este año quisimos invertir la situación, invitamos a los empleados de la biblioteca a compartir sus anécdotas, a contarle a los usuarios de qué forma ellos han contribuido a que su trabajo esté lleno de recuerdos felices. Les compartimos a continuación algunos testimonios.

Ana

“No puedo imaginarme lo frío y árido que sería el mundo sin libros y sin el abrigo de las bibliotecas. Esos espacios que nos conectan con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Hoy agradezco pertenecer a la Biblioteca Luis Ángel Arango que lleva 62 años creando nuevos universos posibles para los colombianos. Que sean muchos años más, con todas las personas que la hacen posible, que son sus trabajadores y los muchos niños, jóvenes y adultos que a diario usan nuestros servicios. Sin ustedes, nada de lo que hacemos tendría sentido.”

—Ana Roda Fornaguera, directora de la BLAA 

Roberto

“Tengo una familia con mi esposa, dos hijos y una mascota. Por fortuna he logrado obtener una sólida formación académica, una buena parte de ella la adquirí aquí en esta biblioteca como usuario y en ese mismo camino están mis hijos que tienen 28 y 20 años. Todos los días vengo a trabajar a la Biblioteca Luis Arango con entusiasmo y con entrega; trabajar aquí por más de 25 años ha sido toda mi vida y esto ha podido suceder porque usted como usuario existe y, si lo miramos en detalle, es un pilar importante en mi vida y también en el destino de esta biblioteca. Si no tuviésemos a nuestros usuarios, tal vez la Luis Ángel sería otra. Gracias por venir a la BLAA.” 

Roberto Téllez, jefe de servicios al público.

Melissa

“La BLAA, un rincón de aprendizaje en el centro de Bogotá, es un lugar de encuentros y aventuras por los caminos del conocimiento, un espacio que nos da respuesta a tantas dudas que albergan en nosotros y a su vez nos recrea con sus variados espacios. Es gracias a los usuarios que he podido comprender la diversidad del mundo en el que vivimos, ellos me han enseñado que el conocimiento y la experiencia no solo se reflejan en un libro sino son que son las vivencias personales compartidas las que nos pueden ilustrar mejor la vida y entender la condición del otro desde un nivel de empatía. Gracias por darnos todas estas oportunidades y de mi parte deseo una larga vida para la BLAA.”

—Melissa Rivero, analista de catalogación

Loraine

“La Luis Ángel es un espacio cultural que te abre caminos y posibilidades inimaginables, infinitas. Si tuviera que elegir entre tantos momentos uno solo que me llene de agradecimiento con esta biblioteca, serían los talleres de alfabetización informacional para adultos mayores. Estas sesiones fueron más allá de ser un simple taller, se transformaron en espacios de encuentro intergeneracional, en el que sucedieron cosas maravillosas, por ejemplo, que algunos asistentes se animaron a graduarse de bachillerato luego de muchos años sin estudiar, y otros, al aprender a utilizar Internet de manera autónoma, volvieron a hablar a través del chat con seres queridos a los que no veían hacía muchos años. La Luis Ángel es en realidad un espacio vivo que se construye con nuestros usuarios, que permite romper barreras e imaginarios y que, por qué no, nos conecta con nosotros mismos y con el mundo.”

—Loraine Vigoya, profesional de la BLAA

Luis

“Con mucha satisfacción quiero resaltar los servicios de autoaprendizaje que ofrece la BLAA, en estos trabajando en la biblioteca he visto como muchos usuarios de forma autodidacta han aprendido otros idiomas, ya sea por un medio virtual o con el material bibliográfico que encuentran aquí.  Es gracias a su perseverancia y disciplina que han lograd mejorar su calidad de vida y desarrollar proyectos en Colombia y otros países, a ellos mi admiración. A la BLAA mi gratitud ser un espacio de puertas abiertas para el conocimiento y la cultura.”

—Luis Alfredo Suárez, analista de la BLAA

Magnolia

“En los 62 años de la Biblioteca Luis Ángel Arango, agradezco la oportunidad de poder acercarme a algunos integrantes del pueblo Misak Misak que se encuentran en Bogotá. Ha sido una experiencia enriquecedora poder compartir sus formas de comunicación, el Namtrik, para comunicarse entre los seres humanos; y el Namuy Wam, para comunicarse única y exclusivamente con la naturaleza. Alguna vez les pregunté por sus bibliotecas, me respondieron que las llevaban puestas, cada parte de su atuendo cuenta parte de su propia identidad. Hoy es un buen día para agradecer a los Misak Misak por todo lo que me enseñaron y por permitirme integrar estas dos bibliotecas.”

—Magnolia Hernández, analista de información de la BLAA

Hugo

“En el cumpleaños de la BLAA recuerdo a personas como mi hermano, Manuel Francisco Albarracín, que fue quien me trajo a conocer la biblioteca a los finales de los años setenta, cuando yo todavía era muy niño.  En esa época la Luis Ángel Arango era majestuosa, imagínese qué tanto que hasta hoy me dejó con la alegría de leer, de degustar los libros y, en esta época, de aprovechar las nuevas tecnologías. Mi hermano ha sido el ejemplo de mi familia y un estudiante acérrimo, si no hubiera sido por la BLAA él, mis otros hermanos y yo no hubiéramos podido terminar los estudios de manera exitosa, la ayuda y el conocimiento que nos brindó fue tanta, que a mi hermano lo becaron tres universidades y terminó estudiando en el exterior. Todavía hoy es socio de la BLAA y gracias a la red de bibliotecas del Banco de la República continua con sus investigaciones en otras ciudades.”

—Hugo Albarracín, coordinador de datos de la Sección de Estrategia Digital del Banco de la República

Marío

“Hoy es un día especial: la Biblioteca Luis Ángel Arango está cumpliendo 62 años y tenemos un motivo para celebrar. Nosotros los empleados, porque hemos tenido la posibilidad de dedicar parte de nuestra vida a contribuir con la cultura del país a través de nuestros servicios, y ustedes como usuarios, porque han sido nuestra razón de ser. Juntos la hemos visto transformarse y estamos seguros que con el paso de los años seguirá creciendo con nuevos servicios, con las nuevas tecnologías y, seguramente, con nuevos usuarios y colaboradores.”

—Mario Bohórquez Martínez, coordinador de servicios al público

Martha

“De las más de dos décadas en contacto con el público de la Biblioteca Luis Ángel Arango conservo muchos momentos y recuerdos emocionantes, que incluyen: desde la sencilla muestra de papel artesanal que me regaló un niño de once años y que fabricó con las indicaciones que encontramos en un manual de experimentos de la BLAA; hasta la gratificante lectura de los numerosos libros y tesis que han escrito historiadores e investigadores, tanto colombianos como extranjeros, inspirados en los fondos, archivos históricos y colecciones de nuestra biblioteca, encomiables muestras de papel que también nos llenan de orgullo.”

—Martha Janeth Sierra, profesional de la BLAA

Carlos

“Recuerdo con mucho cariño mi paso por la Sala de Audiovisuales durante los primeros años de este siglo XXI, allí permanentemente llegaban personas en situación de pobreza, en desventaja de muchos tipos, era un lugar en donde muchos no querían estar porque el público era difícil y en ocasiones violento. Cuando llegué ahí me forjé como meta ayudar a estos usuarios y contribuir con los recursos de la sala y mis capacidades profesionales a mejorar de alguna manera su calidad de vida y su experiencia en la biblioteca. Hicimos de esta sala un lugar en donde fueron visibles, en donde se sintieron importantes, en donde los valores humanos estuvieron por encima de la condición económica, política o social. Eso me hace sentir orgulloso, todavía hoy me encuentro por la calle a una pareja de recicladores que me saluda diciendo ‘allá va el señor de audiovisuales’.”

—Carlos Augusto González, analista de la BLAA

Sofía

Mis padres hacían la maestría de ciencia política cuando yo tenía diez años. Una tarde de afanes laborales y universitarios no tenían con quién dejarnos a mi hermana y a mí. Tuvieron la feliz idea de traernos a la Luis Ángel para buscar información entre los miles de periódicos existentes y nosotras correteábamos y nos escondíamos debajo de las mesas, pero nunca olvidé el olor a papel periódico, el ruido de las hojas que pasaban entre las manos de los silentes lectores y la inmensidad de ese espacio lleno de luz y de solemnidad. Amé la Blaa de inmediato, amé la prensa y amé mucho más esas tardes de compañía entre libros y risas con mi hermana en la Blaa. Hacer parte de ella hoy en día y saber que de alguna manera mi trabajo apoya la increíble gestión cultural que el Banco de la República hace por medio de esta biblioteca, me llena de orgullo y de una feliz nostalgia que me hace venir a mi trabajo con entusiasmo cada día. ¡Feliz cumpleaños BLAA!

– Sofía Restrepo, jefe de divulgación de la Subgerencia Cultural del Banco de la República.

Juan Sebastián

“La BLAA se ha convertido en mi segundo hogar. Desde que era estudiante de Historia, fue uno de mis lugares favoritos por su extensa y completa colección bibliográfica. En 2017 empecé a trabajar en la organización e investigación de archivos, colecciones y acervos patrimoniales de la biblioteca; lo que allí he encontrado me ha hecho valorar y aprender más de mi oficio. Por esto y porque todos los días aprendo algo nuevo aquí ¡Feliz cumpleaños Luis Ángel!”

—Juan Sebastián Ariza, historiador de la Biblioteca Virtual

Diedre

“Es una gran alegría para mí formar parte del equipo de trabajo de la BLAA, un lugar maravilloso que invita a leer, a conversar entre libros y sobre libros. La literatura y la mediación de lectura para niños y jóvenes ha sido el centro de mi quehacer en la biblioteca y trabajar haciendo lo que más nos gusta es de las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida. Tengo el recuerdo de adolescentes que en busca de un lugar para ser y pertenecer llegaron al Club de Jóvenes Lectores, aquí han podido escuchar y ser escuchados, han ampliado su visión de mundo a través de la literatura y han transmitido a otros el placer que han encontrado en ella. Recuerdo especialmente a una joven de 19 años que dejó a su familia y sus amigos en Montelibano, Córdoba, para venir a estudiar en la Universidad Nacional y llegó a la Luis Ángel buscando un lugar para “compartir el encanto de la literatura”, además de encontrarlo en el club, también encontró a los que ahora son sus mejores amigos.”

—Diedre Becerra, analista de la BLAA

Sergio

“Hace cuatro años inició el Club de Mediadores de la BLAA, un espacio para conversar sobre literatura infantil y juvenil y formación de lectores. Fui el primer coordinador y, supondrán ustedes, no cabía de la dicha. Pues no, si de algo estaba lleno, era de miedo… asustado, paniquiado, A-ZA-RA-DÍ-SI-MO, así era como me sentía ¿Por qué? Pongámoslo así: los asistentes venían de otro club, el Club de Literatura Infantil y Juvenil, y se movían entre autores y títulos como expertos y yo, a duras penas, conocía a Anthony Browne. ¿Qué tocó? Leer, leer, estudiar, leer, preparar y, como no, aprender de las equivocaciones. Por suerte, estaban ellos (ustedes, queridísimos mediadores). Pocas veces he conocido gente más comprometida y amorosa para compartir sus saberes y experiencias: el conocimiento, desde un comienzo, se construyó entre todos y yo (de verdad, gracias por eso) pasé del miedo al agradecimiento y la admiración. Hoy recuerdo que esa necesidad de compartir nos ha llevado a hacer lecturas voluntarias en Bogotá; en Pacho y El Rosal, municipios de Cundinamarca; e, incluso, a viajar hasta La Guajira. Aprender con ustedes, es lo que agradezco cada día de trabajar en la BLAA.”
—Sergio Sarmiento, profesional en investigación y referencia de la BLAA

Claudia

“En la BLAA tenemos el "ojo afinado". Cada año trabajamos en el desarrollo de exposiciones bibliográficas y documentales que ponen en escena lo mejor de nuestros archivos y colecciones. Es emocionante ver transformarse nuestros espacios para recibir público diverso que interactúa y disfruta de nuestros contenidos. Ya son 62 años trabajando por ustedes.”

—Claudia Cristancho, profesional en investigación y referencia de la BLAA

María Isabel

“Hace 10 años inició en la BLAA ‘Comparto mi lectura’, un club en el que participan personas ciegas o con baja visión y lectores voluntarios, y del que yo he sido coordinadora. Cuando menciono que trabajó como mediadora cultural con personas ciegas, me preguntan “¿y sabes braille?” Lo intenté, tomé el taller de braille con las personas ciegas y aprendí a escribir, más no a leer; descifrar un código numérico a un código alfabético fue para mí lo más difícil, seguir la línea de un renglón que no está demarcado es un reto. ¡No entiendo como lo hacen de forma tan sencilla! En una navidad Maritza, una de las personas ciegas que asiste al club, me escribió una tarjeta en braille y en inglés, ella quiso aportar a mi práctica lectora y tenía la esperanza de que lo lograría. Duré varias semanas con la tarjeta, trascribiendo a tinta la traducción. Más que convertirme en una persona hábil con el braille me acerqué a ellos y así los pude conocer más. Con esta historia los invito a reflexionar sobre cómo es a través del encuentro y la comunicación con los otros que podemos dejar atrás los lugares comunes.”
—María Isabel González, profesional en investigación y referencia de la BLAA

Jhon Jairo

“A lo largo de sus 62 años la BLAA ha velado por enriquecer día a día su acervo bibliográfico con libros de una importancia trascendental. Obras como la que actualmente estoy restaurando, Impresiones de un viaje a América de José María Gutiérrez de Alba, son cruciales en la visión histórica y social de nuestro país por su rareza y unicidad; es una colección de cuadernos manuscritos narrada desde la perspectiva de un viajero español en el siglo XIX. Ninguna otra institución en el mundo tiene esta colección. Eso hace que no solo su adquisición sino también su conservación y protección sean parte del trabajo que la BLAA viene realizando a lo largo de su historia. Poder restaurar esta obra es un gran logro personal y profesional.”
—John Jairo Martínez, restaurador

Gracias a todos nuestros usuarios, para ustedes también ¡feliz cumpleaños!

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Imagen principal Media
Fachada de la Biblioteca Luis Ángel Arango en los años setenta.