Para todo melómano bogotano es bien sabido que la Serie de los Jóvenes Intérpretes del Banco de la República es una valiosa iniciativa para proveerles un espacio a los jóvenes músicos colombianos que tienen poca práctica en los escenarios profesionales. Una de las experiencias más importantes para todo estudiante de música o joven músico profesional es darse a conocer en los mejores auditorios del país, como es el caso de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA).Por todos estos motivos, los conciertos de los jóvenes intérpretes suelen ser más importantes para los músicos que para el público, pues es realmente raro encontrar la Sala de Conciertos de la BLAA totalmente llena en estas ocasiones (no obstante el precio económico de la boletería), síntoma inequívoco y lamentable del poco interés que existe en torno a estos eventos.

Acostumbrado, entonces, a ver salas semivacías cuando se trata de jóvenes músicos, debo admitir que me tomó por sorpresa ver una excelente concurrencia de público al concierto del pasado jueves 20 de septiembre, que consistió en un recital de oboe y piano a cargo del joven oboísta bogotano Juan Sebastián Velasco y el bien conocido pianista acompañante Diego Claros. Sin temor a exagerar, más de tres cuartos de la sala estaban llenos, lo cual para un joven músico académico en un entorno como el colombiano es una verdadera hazaña.

Iniciada la primera obra del concierto, mi sorpresa al ver esta buena concurrencia se disipó bastante al escuchar la técnica de Velasco pues, a decir verdad, el oboísta se mostró no como un joven intérprete sino como un músico enteramente listo para presentarse a la Serie profesional de la temporada de conciertos del Banco de la República. Su tono no solo es limpio y bien robusto sino realmente versátil, pues Velasco pasó sin esfuerzo de una obra del siglo XX como lo es la Sonata para oboe y piano de Henri Dutilleux a una obra del Barroco como el Trio sonata en re menor de Bach, transición estilística que hizo tan bien que casi parecíamos escuchar dos oboístas distintos especializados en estos dos géneros, cuyas estéticas no podrían estar más distantes entre sí. Si a lo anterior le agregamos un programa con un diseño magistral, cuyo eje conductor fue el principio infalible del contraste (músicos: ¡tomen nota!), debo admitir que este concierto ha sido el mejor que he visto este año en la Serie de los Jóvenes Intérpretes, pues prácticamente cada uno de sus detalles se abordó con total profesionalismo.

No seré el primero en hacer esta observación, pero considero que es pertinente: el oboe, por su propio diseño, es uno de los instrumentos de viento más extenuantes de interpretar, lo cual es evidente en las venas pronunciadas que se le ven a todo oboísta en el rostro a causa del enorme esfuerzo que se requiere para soplar aire a través de una boquilla tan reducida. Este fenómeno, realmente inevitable, dificulta cualquier intento por parte del oboísta para agregarle expresividad facial a la música, por lo cual es fundamental que el intérprete se valga de otros métodos para inyectarle emoción y sentimiento a sus frases. Velasco utilizó bastantes movimientos corporales para darle realce a ciertas notas que lo merecían, método que funcionó a la perfección a pesar de que el oboísta no pudo alejar sus ojos del atril. El mérito, entonces, fue poderle sacar expresión a un instrumento que es realmente tenaz, y hacerlo todo en medio de un repertorio que no estaba aprendido de memoria (defecto que siempre limita la cantidad de expresión que un músico debe imprimirle a su interpretación).

Por último, no puedo evitar mencionar la valentía y, por qué no, el altruismo que Velasco mostró al elegir la Cavatina para oboe y piano de Gustavo Parra como la obra que representó a Colombia en su recital. Dado que incluir una obra colombiana es obligatorio para todo joven intérprete en esta serie de conciertos, es bastante común encontrar obras muy cortas que revelan la falta de interés que muchos jóvenes músicos sienten en torno a la música académica colombiana. Juan Sebastián Velasco, sin embargo, eligió en la obra de Parra no únicamente un ejemplar de larga duración, sino también una pieza que le presentó bastantes retos, lo cual es muy digno de resaltar en un país que es realmente desagradecido con sus compositores académicos.

Solo me resta felicitar a Velasco pues, a sus veintiséis años, no solo tiene una hoja de vida extraordinaria sino una técnica instrumental que lo puede llevar muy lejos. Tampoco puedo evitar darle una mención especial al pianista Diego Claros, quien en ocasiones se robó el show por la energía, la seguridad y pasión con que interpretó su instrumento. Frente a semejantes músicos, el precio de seis mil pesos que cuesta la boleta es un verdadero regalo.

Programa

H. DUTILLEUX: Sonata para oboe y piano. J. S. BACH: Trio sonata en re menor, BWV 527. R. SCHUMANN: Adagio y allegro, Op. 70. G. PARRA: Cavatina para oboe y piano. A. PASCULLI: Concierto sobre temas de la ópera ‘La favorita’ de Gaetano Donizetti.

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Concierto de Juan Sebastián Velasco realizado el jueves 20 de septiembre de 2018 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.