Vanessa Mesa, Licenciada en Lengua Castellana y Literatura con Maestría en Educación para la Diversidad y mediadora de paz del nodo Pasto, nos cuenta sobre la importancia de la lectura performativa en sus prácticas de mediación con niños y adolescentes, como un puente que abre camino a las emociones y a la lectura de nosotros mismos.
Vanessa ha abierto espacios de aprendizaje en Pasto y Tumaco (Nariño) con primera infancia, adolescentes y jóvenes y también ha estado vinculada a procesos de mediación con docentes y ciudadanía, desde el 2017 hace parte de la Red de Mediadores de “La paz se toma la palabra” y participó en el encuentro de Mediadores que se llevó a cabo en Bogotá en el año 2018. Así mismo ha sido invitada a facilitar espacios de aprendizaje en Ipiales (Nariño), como invitada por la Biblioteca del Banco de la República.
Los libros siempre fueron atractivos para Vanessa. Desde muy pequeña recuerda ver la habitación de su tío favorito llena de pilas de libros sobre una gran alfombra azul, y detrás de esas pilas, siempre estaba él sentado en su sofá con un libro en la mano. Esa escena motivó a Vanessa años más tarde a estudiar Lengua Castellana y Literatura en la Universidad de Nariño, en donde conoció el gusto por la lectura en voz alta, a través del cual podía conectarse con las comunidades y emprender su trabajo como docente y mediadora que trabaja en favor de la diversidad.
Su primer acercamiento con la comunidad fue cuando hizo su práctica de la Universidad con adolescentes y jóvenes del Colegio de la Policía de Pasto, allí planteó un programa de clase en dónde se centraron en la poesía y nos cuenta que sus estudiantes se encapricharon con las lecturas –en el buen sentido de la palabra, dice Vanessa-, pues al leer, ellos empezaron a relacionar las historias con sus vidas; muchos de ellos tenían historias difíciles, algunos habían perdido sus padres prestando un servicio a la nación y la poesía les permitió conectarse con sus emociones, hablar de temas difíciles y en algunas ocasiones, sanar.
Su segundo acercamiento con la lectura desde el teatro se dio en su primer trabajo en la Fundación Rayuela de Pasto en dónde, de la mano de líderes del proyecto, se acercó nuevamente a la literatura performativa, encontrando que se puede activar de mejor manera un texto desde su interpretación, no solo con la voz sino con el cuerpo. Después de su paso por esta institución, Vanessa dice que para ella es imposible entender o concentrarse en un texto si no lo lee en voz alta, y señala su preocupación por la enseñanza de leer mentalmente, en silencio y absoluta concentración, un método tradicional en las aulas colombianas.
En todo este proceso, Vanessa estuvo suscrita al Centro Cultural del Banco de la República de Pasto “Leopoldo López Álvarez” en donde, en búsqueda de libros para la Universidad, terminó pasando tiempo en la biblioteca y de la mano de la Líder del Nodo Pasto se convirtió en Mediadora de Paz. Desde el 2018 comenzó a hacer uso de herramientas de “La paz se toma la palabra” como La maleta viajera de la paz, Hechos de Paz y Cartas sin tiempo recursos que se convirtieron en muy buenos aliados a la hora de abrir espacios de lectura performativa a favor de la diversidad y la transformación social, que tocan fibras emocionales, invitan al diálogo y permiten pensar en futuros posibles.
Actualmente, nos cuenta cómo sus espacios de enseñanza se han refinado con el tiempo y se han enfocado en ser espacios de goce que se convierten en escenarios de paz para el reconocimiento personal, la reconciliación con lo que hacemos con nosotros -con nuestro cuerpo-, con el entorno y con lo que podemos ofrecer. Para esto, Vanessa hace uso de diversos recursos que le permiten activar los sentidos, entender y escuchar el cuerpo a través de la lectura. Es así como en una de sus sesiones podemos escuchar un texto performado por ella mientras olemos hojas de una planta aromática, o descubrimos una caja de un tesoro, cubierta por una manta sagrada.
¿Por qué ser mediador cultural y de paz?
Porque hay mucha esperanza que podemos seguir imaginando, hay que abrir escenarios que te permiten ser tú mismo en contacto con el otro. Espacios para escucharnos, compartir algo que descubrimos y darnos cuenta que podemos reírnos con los otros. Cómo mediadores buscamos no perder el contacto ganado porque es una cancha para todos.
¿Qué es lo que no te falta en tu maleta de mediación?
1. Un libro
2. Algo que capture la atención como unas gafas o un sombrero
3. Algo que puedas oler: un perfume, una planta aromática que te cambie el ambiente en ese momento.
4. Lápices o colores con los que pueda rayar
5. Mucho ánimo para atreverse a... y dejar de lado las reservas.
Una lectura a la que siempre regresas:
LAS MANOS AMADAS
MARÍA MERCEDES CARRANZA
Manos sabias:
dedos que han oído
y en la oscuridad han visto.
Manos que llevan en su memoria
carnes destruidas ya por el olvido
y en las uñas
ese vago temor a la barbarie.
Manos que van de palabra
a labio, a instante
en que los dedos desordenan
infiernos y gestos y venas.
Piel cómplice o mezcla de sangres
cuando roza el centro de suave paloma.