Una vitrina vertical, transparente, moderna y atractiva nos llamaba a un ejercicio crítico y reflexivo sobre aquello que exhibiríamos allí. Era todo un reto, pues este elemento debía articularse con los demás objetos de la sala, que denotan antigüedad. A la vez, teníamos claro que dispondríamos piezas consideradas patrimonio documental y, por tanto, esta sería una interlocución entre lo antiguo y lo moderno bajo el mismo entramado, la gestión de colecciones.
El ejercicio comenzó con la definición de un tema que estuviese en armonía con las exposiciones y proyectos de la Red Cultural, que para este periodo han tenido un enfoque en relación al medio ambiente. Pero, también sabíamos que debíamos divulgar colecciones invisibles, que no han sido consultadas, y que por su contenido son valiosas y profundas fuentes de información.
Iniciamos la selección de materiales a partir de búsquedas realizadas en el Descubridor y en Alma. Luego elaboramos listas de ejemplares que posteriormente revisamos uno a uno, adentrándonos en los pasillos de las estanterías, buscando en lo más profundo y empolvado de nuestra colección. Así fuimos decantando las obras por la pertinencia, el soporte, el tamaño y la frecuencia de consulta. Luego de varias semanas, nos dimos cuenta de que habíamos estado navegando por un sinfín de subtemas que nos permitieron descubrir, conocer y maravillarnos de otras facetas de la colección que salvaguarda esta sala, con obras que llevan buen tiempo ocultas en las estanterías.
Las estadísticas de consulta de los últimos años en la sala evidencian que las Ciencias Naturales han sido un área poco abordada por investigadores en comparación con otras áreas del conocimiento. Así las cosas, decidimos concentrarnos en esta sección, recorriendo las enciclopedias de historia natural, las exploraciones, las matemáticas, la física y la química, la astronomía y la evolución humana. Sin embargo, en ese viaje, la colección misma nos fue llevando a la botánica. Las obras clasificadas entre los números 574 y 581 en la bóveda de seguridad nos permitieron resonar con cuatro ediciones facsimilares de libros relacionados con botánica médica, tres de ellos códices que cuentan con traducciones y/o comentarios. No había más qué pensar, era una selección que nos permitía poner en diálogo las colecciones y trabajar con diversos espacios de la Sala.
Luego de contar con la opinión favorable del área de Conservación y bajo indicaciones específicas para el cuidado de los ejemplares, iniciamos el montaje que habíamos planeado. Esto implicó adecuar la vitrina vertical en donde se ubicarían los facsimilares y definir la selección y posición de los soportes de acrílico que permitieran tanto la exhibición como el aprovechamiento de los ángulos de cada ejemplar. Cada ejemplar estuvo sujeto a una adecuada manipulación y preparación, así como la selección de las hojas que considerábamos el abrebocas del contenido y la preparación de las cintas de polietileno de acuerdo al tamaño de cada libro para mantener su apertura. El ejercicio permitió la exhibición de diversos elementos representativos de cada ejemplar aprovechando la trasparencia de la vitrina para resaltar encuadernaciones con detalles iluminados, lomos, extensión, tipos de papel y herrajes.

Signatura: 574.09 L66a v.1 y v.2
Fotografía: Paula Estupiñán
Con la intención de poner en conversación los elementos de la sala, creamos espacios de quietud dentro de las estanterías que la rodean, liberando sistemáticamente una secuencia de bandejas para entablar una relación entre los códices de botánica médica y sus traducciones o comentarios. Los acompañamos de fichas bibliográficas elaboradas en vinilo adhesivo trasparente, con la intención de que conjugaran con las vitrinas de vidrio. Además de la información bibliográfica, cada ficha contiene la referencia del espacio en donde se ubica el par facsimilar-traducción, guiando al usuario a través de diferentes espacios de la sala. De esta manera se alivianó y descentralizó la mirada de nuestros investigadores en un solo punto, pues se hizo posible la interacción visual desde la articulación del espacio y el empleo de los tiempos de descanso de los investigadores para recorrer la sala, despertando intereses y curiosidades.
Convocadas a ocuparnos de los contenidos de botánica que se encuentran inmersos en la colección, encontramos una profundidad histórica y vital alrededor de la necesidad, por un lado, del conocimiento médico, y por otro del reclamo por consolidarlo en un registro sistemático y duradero. De esta forma, seleccionamos cuatro ejemplares que dan cuenta de movimientos del quehacer de la botánica médica en relación con su contexto. Iniciamos en el siglo X, cuando se consolidó una tensión que suscitó la transcripción del conocimiento griego y árabe sobre el tema. Recorremos luego los alrededores del año 1400, en donde la recolección de información sobre botánica médica dio paso a la creación de tratados farmacológicos que, por lo general, eran construcciones colectivas a partir de experiencias previas plasmadas por naturalistas en numerosos y diversos manuscritos. Pasamos después por el siglo XVI y la novedad de no conocer la totalidad del mundo y su utilidad, y cerramos en 1821 con una colección elaborada por un médico naturalista durante su ejercicio profesional, realizado en custodia durante la revolución haitiana.

Fotografía: Yenny Latorre
El contenido de láminas corresponde a dibujos de plantas y animales americanos que se registraron en la primera expedición científica moderna, dirigida por Francisco Hernández y detallada en "la historia de las cosas naturales de nuestras Indias". El códice Pomar, como también es conocido, constituye una fuente de la iconografía botánica y la zoología del Renacimiento y su procedencia conlleva una elevada significación histórica. La edición exhibida en la sala corresponde al facsimilar número 1.837, de un total de 3.000 copias; el original se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Valencia.
El códice fue elaborado por los monjes carolingios, que recopilaron el mundo de las plantas, los animales y las artes curativas alrededor de siglo X. Fue compuesto por 122 ilustraciones iluminadas al estilo carolingio, en donde se detalla el uso de las plantas como condimento para cocinar, como medicina y como tintura de tejidos, así como sus poderes místicos. También describieron diferentes experiencias de crianza y características biológicas de los animales. Esta obra evidencia un puente entre la sabiduría de la antigüedad y la medicina moderna, pero también permite rastrear la vida cotidiana medieval y la evolución de la estética europea. La edición exhibida corresponde al facsimilar número 348 de 995 editados para todo el mundo; el original se encuentra en la Biblioteca Estatal de la ciudad italiana de Lucca.

Fotografía: Paula Estupiñan
Continuamos con el ejemplar facsimilar 205: “Un herbario ilustrado sin texto: el códice Chig. F. VIII 158”, cuyo original fue elaborado posiblemente hacia 1400 y se conserva en la Biblioteca Apostólica Vaticana. El facsimilar contiene 220 páginas en pergamino, completamente ilustradas a color siguiendo el estilo de la tradición del Tractatus de herbis (tradición francesa basada principalmente en el uso de ilustraciones). Está encuadernado en rojo con el escudo del Papa Alejandro VII y el de la familia Chigi a ambos lados, además de detalles dorados en los broches.
El ejemplar que se encuentra exhibido es el volumen número uno de la reproducción facsimilar “Flore Pittoresque et médicale des Antilles = ou histoire naturelle des plantes usuelles des colonies françaises, anglaises, espagnoles et portugaises”, cuya versión original fue publicada en 1821. Esta colección, escrita en París por el médico naturalista Descourt, se compone de ocho volúmenes escritos en francés que dan cuenta de la información que logró recolectar en Puerto Príncipe, Cabo Haitiano y a lo largo del río Artibonito durante su custodia militar. Está ilustrada a partir de los dibujos realizados por su hijo Jean-Théodore Descourtilz.

Fotografía: Paula Estupiñán
Gestionar las colecciones de la Sala de Libros Raros y Manuscritos representa un ejercicio metodológico, crítico y hermenéutico de investigación que tiene como finalidad dotar de sentido aquello que empieza a convertirse en invisible. Si bien la importancia de cada ejemplar la otorga cada quien desde la perspectiva investigativa con la que mire, pretendemos con este ejercicio ofrecer un abanico de opciones temáticas que generen interés en los usuarios que visitan a diario este espacio.
*Por: Paula Estupiñán y Yenny Latorre
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 279. Octubre 2023