Rosa Babilonia es mediadora de La Paz se toma la palabra en Montería, es geógrafa profesional y docente de la Universidad de Córdoba en la Facultad de Educación y Ciencias Humanas. Su gusto por el trabajo con comunidades la ha llevado a desarrollar en la región metodologías diversas con las herramientas del proyecto y enfocadas en las geografías de la esperanza que en sus palabras es “la manera en que las personas se conectan con el territorio a través de diferentes expresiones identitarias”.

Rosa nació en Lorica, Córdoba. Su casa quedaba cerca a la escuela rural San Luis de Campo Alegre donde su padre era director y maestro. Él la empezó a vincular desde muy niña al campo de la educación y el trabajo en comunidad. Recuerda que una de sus primeras experiencias fue cuando junto a la comunidad lograron recibir la donación de una biblioteca para la escuela, luego de eso les llegó una donación de una maleta audiovisual que contenía películas y cuando colocaron la electricidad en el corregimiento, lograron gestionar un espacio de cine para los niños y niñas. Con el pasar de los años su trabajo en comunidad le permitió comprender la importancia de reconocer las características del territorio, de las personas que lo habitan y su forma de relacionarse con él, lo que la impulsó a estudiar geografía.

Tras su pregrado, estudió un doctorado en Chile enfocado en el mismo campo de estudio, y allí hizo trabajos de misión con comunidades indígenas, rurales y urbanas en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay, donde compartía sus conocimientos en escuelas de verano. Con el estallido social en Chile y la violencia que esto dejó, así como las experiencias de resistencia, Rosa se planteó la necesidad que tenían las personas de conectarse con sus emociones y a su vez la hizo extrañar su tierra y retomar la idea que venía rondando en su cabeza sobre las geografías de la esperanza. En 2022, luego de terminar sus estudios, regresó a Colombia y se acercó al Centro Cultural de Montería del Banco de la República como investigadora. Allí conoció el proyecto La Paz se toma la palabra y se sumó como mediadora. Una de sus primeras mediaciones ocurrió en el barrio Cristo Rey en Santa Cruz de Lorica, donde dio un taller de lectura con la maleta viajera de La paz al que asistieron, para su sorpresa, más de 250 personas entre niños, niñas, padres y madres, con quienes al calor de una olla comunitaria compartió ejercicios de lectura, y les invitó a contar sus propias historias, incluso las dolorosas.

Córdoba es una región que ha sido víctima de múltiples violencias como el conflicto armado, el desplazamiento forzado y la pobreza y según cuenta Rosa, el proyecto La Paz se toma la palabra le ha servido para estructurar metodologías enfocadas en la paz: “el proyecto me ha ayudado a dar forma a lo que yo denomino las geografías de la esperanza, que en este caso, es trabajar en torno a la implementación de la paz en territorios aislados, violentados y vulnerados y así aportarle desde la esperanza a su reconfiguración a través de la relación que tienen los seres humanos con la naturaleza en su aspecto más amplio”. Lógicas como los campesinos y su relación con la tierra, el tejido y redes de apoyo de las comunidades y las prácticas cotidianas, entre otras, son las que evidencian esa geografía de la esperanza.   

Las herramientas de la línea ´Hagamos las paces con la naturaleza´ han sido sus recursos predilectos en esta búsqueda por la esperanza, en especial la herramienta “los libros de la naturaleza”, con la que les propone a grupos de niñas, niños y jóvenes de las instituciones públicas educativas de los municipios de Sahagún, Cotorra, Lorica y Montería, que escojan una fruta poco común, la lleven y creen una presentación de esa fruta pensando que van a hacerlo para un guion de una película, un pódcast o una historieta; luego les plantea un ejercicio de descripción creativa de sus características como el clima donde creció, la geografía, las manos de quien la cultivó, el sabor, entre otras, para que los demás la descubran y a medida que esto pasa la comparten y al final hacen en un pailón una ensalada para todos. 

Con este ejercicio las personas reconectan con su parte más creativa, pero también con las memorias, recuerdos, olores, sabores y aprenden desde la emoción a identificar cómo materializan su territorio mediante expresiones como la comida, el arte, la música y la literatura. Rosa considera que la labor de mediación con el proyecto le ha permitido mantener vivas las geografías de la esperanza y sus herramientas han sido un vínculo importante para llegar a diferentes generaciones, ya sea desde el aula de clases o las calles, pues esto permite reconectar a las personas con el territorio y propiciar espacios de dignificación, reparación, restauración y paz.  

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Geografías de la esperanza.