En Colombia existen más de 43 festivales importantes y en este inicio del año mencionamos algunos del primer semestre con el fin de que los conozcan y disfruten de ellos. En la primera semana de enero en Pasto tenemos el Carnaval de Negros y Blancos; en Caldas, el Carnaval de Riosucio; en Manizales, la Feria de Manizales; en Sincelejo, las corralejas (20 de enero) y, cerrando el mes, el Festival de Música Clásica y Hay Festival en Cartagena. Entre enero y febrero, el Carnaval de Barranquilla, a mediados de febrero el Carnaval del Fuego en Tumaco (Nariño). En marzo, la Semana Santa en Popayán, el Festival de Cine en Cartagena, el Festival de Música Colombiana en Ibagué y el Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá. En abril, el Festival Vallenato en Valledupar. En mayo, el Festival de la Cultura Wayuu en Riohacha. En junio, el Festival Internacional del Tango en Medellín, las fiestas de San Juan y San Pedro en Ibagué, el Festival Folclórico y Reinado Nacional del Bambuco en Neiva y el Festival Nacional del Café y reinado en Quindío. Con el ánimo de que profundicen en estos eventos los invitamos a consultar la bibliografía que tenemos sobre los festivales de nuestro país.

En las costas del Pacifico colombiano, en una de las regiones más bellas y recónditas a lo largo de su litoral costero y tierras bajas del Cauca, en el Valle del Patía, un valle interandino, se salvaguarda una tradición cultural de más de 200 años: el Carnaval de Negros y Blancos de San Juan de Pasto, declarado por la Unesco como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en el 2009. Esta investigación exalta la presencia de las comunidades negras del Valle del Patía al sur del país, su cultura y su folclor como proceso identitario de transformación de la población afrodescendiente en Colombia evidenciando el reconocimiento, presencia e incursión de estos grupos minoritarios en un espacio transgresor que promueve y representa la memoria viva del Pacífico colombiano. El Carnaval, manifestación ancestral que promueve la tradición y el legado familiar de negros e indígenas de los departamentos del Cauca y Nariño, enaltece la sabiduría de los pueblos y eleva su reconocimiento como baluarte en esta celebración. Siendo el punto de partida los saberes milenarios incas, africanos y españoles en los territorios del sur de Colombia; enmarca lo ritual y ancestral en los Andes nariñenses, rescata testimonios de prácticas orales heredadas de generación en generación, y hace manifiesto el espíritu alegre de los pueblos del Patía y del Pacífico de Nariño.

Esta obra conmemora 60 años de feria y es fundamental para comprender por qué fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación, aprovechando su estratégica ubicación geográfica, el espectáculo maravilloso de los nevados y su imponente catedral. En este ambiente aparecieron desfiles, reinados, conciertos, exposiciones, concursos deportivos y la temporada taurina. Un recorrido desde la primera feria en 1955 que se inició con un rally entre Bogotá y Manizales pasando por la Trompa del Diablo y el majestuoso Cerro Bravo, desde donde se observa el páramo del Ruiz y las tres presentaciones de la conocida cantante española Sarita Montiel. Además, se recuerdan los incendios de 1922, 1925 y 1926, el terremoto de 1938 un antes y un después de Manizales.


Esta obra hace referencia a algunos de los momentos más importantes de la historia del Festival. Un mosaico de situaciones, argumentos y temas que permiten tener una visión global viva, inmediata, fresca, si bien parcial, de un evento complejo y articulado como lo es el Festival Internacional de Música de Cartagena. Con ilustraciones y paisajes de gran tamaño que permiten ver la esencia de las actividades del Festival se muestra cómo ha crecido en muchos aspectos: artístico, técnico, productivo, organizacional y de impacto social. La calidad de los artistas (nacionales e internacionales) que han alimentado este evento es indiscutible, con presencia de grupos como la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) y la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara de la OFB. Todo ello ha afianzado la identidad del Festival y ha incrementado su promoción en el extranjero así como la de los jóvenes músicos colombianos.

Esta obra contiene las diferentes fiestas y carnavales de Colombia entre ellos el Carnaval de Riosucio en Caldas también llamado ‘Carnaval del Diablo’ que va hasta el 6 de enero. El diablo de estas fiestas no es el demonio de los cristianos, personaje malévolo, enemigo del catolicismo y del ser humano. El diablo es gentil, risueño, amable, divertido, chistoso y mensajero de la alegría del mundo. En Riosucio se le reverencia con regalía ceremonial, magnificencia de música, poesía, danza. También hablan del Carnaval de Barranquilla, que oficializó su carnaval en 1875, y representa un proceso social que arrancó desde la Colonia en amplios territorios del Caribe colombiano. En Barranquilla, Atlántico el disfraz del marimonda originalmente lució una máscara de tela burda de costal con harapos de trajes al revés. Vestido de los que no tenían dinero para comprar un disfraz. En este carnaval desfila la muerte y el marimonda.

Esta obra aborda las fiestas políticas, carnavales y fiestas populares. Las políticas se refieren a un tipo de fiesta republicana, la celebración de las incorporaciones y virtudes de un grupo específico que se autoreconoce a costa del repudio y se edifica sobre un espacio constituido por la intersección entre las dinámicas sociales que soportan lo político y lo cívico. Un capítulo aborda virreyes en Santafé de Bogotá y otras fiestas políticas en Cartagena de Indias (1740-1810). La segunda parte de carnavales como el de Riosucio y el Carnaval de Barranquilla y la tercera parte la Feria de Cali de 1958 a 1970, las fiestas en el Caribe colombiano, como el festival de la leyenda del hombre caimán en diciembre de 1996, fiestas religiosas y populares en Santa Marta en el siglo XIX y el goce festivo de los opitas del San Juan y San Pedro en el festival folclórico y reinado del Bambuco.

El sociólogo Edgar Rey narra que el Carnaval de Barranquilla es una fiesta de la tradición europea traída por los conquistadores españoles y es enriquecida por los nativos de toda la costa especialmente los habitantes de las riberas del río Magdalena y por el aporte sustancial de los africanos importados en calidad de secuestrados como esclavos al continente para labores de hacienda. Con el eslogan “Quien lo goza es quien lo gasta” el escritor e investigador Adlai Stevenson comenta en este libro la perfecta alegoría a las muertes y resurrecciones de Joselito Carnaval donde ha empezado la lenta desaparición de las verbenas y las mutaciones de los picós que corresponde a tiempos más amables y menos comercializados en torno al disfrute de las fiestas. Se menciona que Joselito Carnaval, como en cualquier fiesta carnavalera, es un dios, rey o mandamás de la fiesta, el acto carnavalero consiste en que este muñeco o monicongo de paja después de recorrer las calles y plazas es enterrado y luego renace.

Esta obra profundiza sobre el significado de las fiestas para los colombianos como un ritual de identidad nacional en el cual el pueblo manifiesta su cultura popular, tradiciones, creencias, mitos, música, danzas, cantos, trajes típicos, alimentación típica, artesanías y demás aspectos de su mundo sociocultural. Las fiestas en el folclor colombiano señalan un carácter esencialmente religioso y principalmente católico: fiestas de Navidad, fiestas a los santos patronos, las romerías, los velorios, Corpus Christi, semana santa, etc. Pero, también encontramos las fiestas indígenas relacionadas con ritos de la cosecha, pubertad, actividades guerreras, recolección, ceremonias religiosas y las fiestas populares motivadas por aspectos sociales y económicos tales como: fiestas de las cosechas, ferias turísticas, reinados, etc. Se han seleccionado las más importantes de las diversas regiones colombianas. Cada capítulo está dividido por regiones: Andina, llanera, costeña, Pacífica e indígenas colombianos. Como dato curioso: nos cuenta que el ambiente festivo de Colombia fue denunciado en 1831 por el doctor José Ignacio de Márquez, secretario de Hacienda de la Nueva Granada quien propuso disminuir las fiestas religiosas y trasladarlas en su mayor parte a los domingos.
Compartimos un enlace de estas fiestas.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 306. Enero de 2026.