Decía lo siguiente el recién fallecido compositor canadiense y ‘padre’ de la ecología acústica, Raymond Murray Schafer: «El mundo del sonido es ante todo un mundo de sensación más que uno de reflexión. Es un mundo de actividades más que de artefactos, y cuando uno intenta escribir sobre el sonido o intenta graficarlo, uno termina por alejarse de su realidad esencial, a menudo de forma absurda». Sin querer obviar las advertencias de Schafer, me resulta inevitable no recurrir al pensamiento absurdista al momento de reseñar este recital que nos ofrece el Banco de la República a cargo del Cuarteto Spektral de la ciudad de Chicago. En efecto, tras terminar la audición, en sí repleta de sonidos fantasmales, atmósferas frías y vastas, y una sobresaturación de vibraciones casi que táctiles producto de la experimentación con sus instrumentos de cuerda frotada, fui confrontado con una metáfora quizás un tanto escapista—una consecuencia del confinamiento pandémico, supongo—pero sin duda absurda para describir el gigantesco paisaje sonoro generado, paradójicamente, por solo cuatro instrumentistas: un viaje intergaláctico.

Seguramente Schafer—uno de los más importantes pensadores del sonido—se burlaría amablemente de esta reseña, pero al escuchar este programa del Cuarteto Spektral, no en vano nominado en dos ocasiones a los premios Grammy, sentí como si estuviera a bordo de un cohete aural con destino a una galaxia desconocida y hasta con paradas en épocas bastante anteriores como si el espacio-tiempo se contrajera y expandiera al pulso de los violines, la viola, y el violonchelo. Encierra toda una paradoja que un formato de cámara pequeño como lo es el cuarteto de cuerdas pueda recrear lo que nos imaginamos puede ser un espacio infinito fuera de los confines del planeta tierra. Ciertamente la gran mayoría de la población jamás contaremos con la oportunidad de experimentar en carne y hueso ese 'más allá'. Así pues, lo que nos queda es una imaginación colectiva de aquello que excede lo que está a nuestro alcance terrícola. Quizás sea esta la razón por la que ese 'más allá' lo construyamos simbólicamente con experiencias quizás más comunes en el ‘más acá’ como lo son la veneración de lo sacro y la ciencia ficción. En la historia de la música 'occidental', algo tan difícil de expresar con sonidos como lo sería una galaxia o la grandeza de los misterios de la creación han sido comúnmente simbolizados por piezas que hacen uso de orquestas gigantes o por paisajes sonoros construidos electrónicamente en el estudio. Basta con mencionar el célebre oratorio de Haydn, La creación; Los planetas, de Gustav Holst; y Creación de la tierra, de la colombiana Jacqueline Nova, por ejemplo. El gran logro de este recital radica precisamente en alcanzar esto, pero con un formato substancialmente más pequeño y enteramente acústico, como si el universo se revelara ante nuestros ojos al mirar a través de un microscopio y no un telescopio.

Si se tiene en cuenta esta unión simbólica entre lo sacro y lo galáctico no es de extrañarse que este viaje interestelar, a pesar de ser comandado por un ensamble que podemos caracterizar banalmente como un cuarteto de ‘música contemporánea’, inicié con un desplazamiento temporal hacia el pasado, para ser exactos, al año de 1577. El programa abre justamente con un arreglo del O Magnum Mysterium, del español Tomás Luis de Victoria, un motete compuesto originalmente para cuatro partes a capella, y que retrata el misterio de la encarnación divina. En arreglo del Cuarteto Spektral, el cual carece de texto a diferencia de su versión original, la devoción por el ‘mágico misterio’ de la encarnación que el compositor representa con una polifonía un tanto restringida pero transparente (algo que marcó al estilo internacionalista de finales del siglo XVI), se transforma en un paisaje sonoro amplio y en donde lo sacro se confunde con lo espacial. La obra vacila entre la stasis y el movimiento, buscando un balance casi que místico entre el juego entre voces disimiles y la convergencia: algo similar a lo que en el medioevo se conocía como musica spherarum ('música de las esferas'), una concepción de la realidad en dónde la música y las estructuras cósmicas expresan las mismas proporciones matemáticas. Esta proporción 'divina’ también se ve reflejada en el balance entre las distintas voces logrado por el Cuarto Spektral, fundamental para un texto polifónico como la obra original de Victoria, el cual es exquisitamente logrado, y una señal del virtuosismo interpretativo de este ensamble. El 'aleluia' con la que concluye esta breve pieza nos prepara para el resto del viaje, como si fuera un conteo para el despegue y una señal para que nos abrochemos los cinturones de seguridad.

La siguiente parada: El Cuarteto de cuerdas No. 1 de la compositora estadounidense Eliza Brown, escrito en 2011 para el Cuarteto Spektral. Hace bien en recordárnoslo Schafer cuando escribe que contrario a nuestra imaginación colectiva, el sonido se propaga en el espacio no necesariamente de forma omnidireccional sino en su mayoría unidireccionalmente, sujeto a caóticas refracciones y difracciones. El sonido, escribe Schafer, «[…] habita el espacio más bien erráticamente». Sin embargo, nuestro imaginario musical nos lleva a generalmente pensar la relación entre el sonido y el espacio no solo en cercanía a lo sacro, pero a través de la figura de la esfera como tal (piénsese en los diseños circulares en templos o en la presencia de las campanas para marcar un territorio bajo un orden religioso), bridándole así estructura al caos, o por lo menos, buscando un balance entre el orden y el desorden, o entre el espacio como algo vacío y aquello que llena ese espacio. Esta paradoja de la forma en que nos imaginamos la relación entre sonido y espacio caracteriza la obra de Brown, la cual está estructurada por una progresión de acordes que cambian lentamente en el fondo pero que en su superficie demuestra movimientos erráticos y caóticos. La obra batalla entre fondo y superficie, como si el telescopio (o bien, un microscopio) se moviera de foco constantemente y nuestra escucha sirviera para calibrar el dispositivo. Si bien la transición entre la obra de Victoria y la de Brown pudiera parecer abrupta, el resultado es maravilloso. Da la sensación incluso que fueran una sola obra compuesta a lo largo de casi 500 años. La curaduría del programa, en este sentido, es impecable y sin duda uno de los fuertes de este ensamble estadounidense que tenemos el enorme privilegio de escuchar gracias a Banrepcultural.

Para cerrar el programa, esta tensión entre lo errático y lo consonante para simbolizar lo trascendental, es puesta en magno relieve en la exploración sonora de otro ‘mágico misterio’ con la obra Enigma, compuesta en 2019 por la célebre compositora islandesa Anna Thorvaldsdottir. Esta pieza, comisionada por el Cuarteto Spektral, dividida en tres movimientos y con 28 minutos de duración, estuvo inspirada en parte en el eclipse solar del 2017 y fue compuesta para ser interpretada en lugares como un planetario, pues pretende retratar el espacio intergaláctico. Si bien la obra original es multidisciplinaria y colaborativa, creada en conjunto con el artista audiovisual Sigurdur Gudjonsson, el viaje sonoro en el que nos lleva el Cuarteto Spektral basta para entender cómo lo microscópico (sonidos fantasmales casi inaudibles, pequeños rasguños y 'clics', y barridos del arco) gradualmente se refracta en lo colosal (secciones percutivas y fragmentos que evocan un gran coro). Interesantemente, son los momentos ausentes de movimiento y de sonido los que dan la impresión de grandeza natural, como si lo espectral—haciéndole honor al nombre del ensamble—lograra recrear la inmensidad del universo con mayor autenticidad. Después de todo, la ausencia y la totalidad son dos caras de la misma moneda. Enigma es una obra magistral, y qué decir de la interpretación del Cuarteto Spektral. Esperamos con ansias que en el país podamos experimentar este recital nuevamente en todo su esplendor y en persona, y ojalá con el montaje audiovisual que lo complementa. En lo personal, ya tengo el casco y el traje espacial listos para cuando el Cuarteto Spektral arribe a nuestro terruño luego de los muchos viajes al estrellato que muy seguramente les espera.

Programa

T. L. de Victoria:
O Magnum Mysterium.

E. Brown: Cuarteto de cuerdas No. 1.

A. Thorvaldsdottir: Enigma (representante exclusivo Chester Music Publishing/Organización Musical Sudamericana OMSA SAS).

Consulta el programa de mano »

Imagen principal Media
Concierto del Cuarteto Spektral - Temporada Digital de Conciertos 2021