Con obras de Beethoven, Schumann y Tchaikovsky se presentó en la Temporada Digital de Conciertos del Banco de la República el joven pianista antioqueño Andrés Felipe Úsuga. Aunque a primera vista el programa se ciñe a lo convencional, la elección de las obras revela que Úsuga tiene un interés particular por mostrar diversas técnicas del teclado que están integradas al lenguaje pianístico, lo que demuestra que tiene un buen conocimiento práctico del repertorio canónico. Por ejemplo, la Sonata para piano No. 18 de Beethoven fue escrita en un momento en el que el compositor estaba fuertemente influenciado por las sonatas para teclado de Domenico Scarlatti y Wolfgang Amadeus Mozart; por su parte, Kreisleriana, Op. 16 de Robert Schumann es una obra inspirada en Johannes Kreisler, personaje de ficción que es maestro de capilla. Finalmente, Úsuga interpretó Valse-bluette de Tchaikovsky que, por su brevedad y ligereza, permitió darle al concierto un punto de relajación necesario después de haber escuchado la extensa y dramática obra de Schumann.
Así pues, el argumento de este concierto descansó en la idea de mostrar cómo están presentes las técnicas del órgano y del clavecín en el repertorio pianístico. La Sonata para piano No. 18 de Beethoven es exigente en sus contrastes de intensidad y cambios súbitos entre el legato y el staccato, amén de trabajar extensamente una rica ornamentación melódica de clara influencia barroca. Vale la pena destacar el buen trabajo que hizo Úsuga para resaltar el carácter contrastante del tercer movimiento en relación con los tres restantes, así como haber logrado el carácter jocoso y ligero que exige el scherzo. Sin embargo, noté algunas imprecisiones en la ornamentación del cuarto movimiento, especialmente en los momentos iniciales.
El centro de este concierto fue Kreisleriana, Op. 16 de Robert Schumann, una obra compuesta por ocho fantasías donde es evidente que su compositor echó mano de la técnica del órgano para representar musicalmente a Kreisler. Confieso que, luego de escuchar su interpretación, quedé con la idea de que nuestro joven intérprete podría ser además un hábil intérprete del órgano por varias razones, entre estas, por su evidente entendimiento de la textura contrapuntística que traslada eficientemente a la interpretación, y por el buen control que tiene de las dinámicas y la estratificación de las voces en pasajes homofónicos —como lo demostró en las piezas III, VI y VIII. Una de las serias dificultades en esta obra estriba en poder mantener la continuidad en melodías que se tocan alternando frecuentemente ambas manos, como sucede en las piezas I y VIII, efecto que estuvo bien logrado en la interpretación. Me hubiera gustado que en la pieza II se trabajara un rubato más exagerado que permitiera puntos de reposo que le dieran mayor amplitud tanto a la articulación como al rango dinámico, el cual sentí constreñido en general. A pesar del inicio poco claro de la pieza III, considero que la parte central estuvo muy bien ejecutada; de igual forma, supo sacar partido a los gestos alusivos a la música para órgano en las piezas IV, VI y VIII. De estas tres destaco la interpretación de la pieza VI, donde Úsuga logró recordar las improvisaciones propias de preludios de coral y conciertos para órgano de compositores como Johann Sebastian Bach.
Ahora bien, no quedé del todo satisfecho con las interpretaciones de Úsuga debido a que sentí constreñida la amplitud de su rango dinámico y también, por las imprecisiones que noté en ciertos pasajes que exigen una compleja ornamentación, que fueron más evidentes en el último movimiento de la sonata de Beethoven y en las piezas III y V de Schumann. Recuerdo que el pianista Luis Bacalov, en un taller dirigido a compositores e intérpretes de este instrumento, nos habló entonces del mezzo-fortissimo como una forma de describir cuando el pianista no logra llegar al fortissimo, pese a que hay un evidente esfuerzo por querer lograrlo. Puede ser que me equivoque en esta apreciación, pero puede que haya un bloqueo de la energía que aporta el pecho y la espalda porque los hombros se giran hacia delante, recargando el trabajo que tienen que hacer los antebrazos y las manos. Afortunadamente, esto es algo que se supera en poco tiempo con ejercicios correctivos de baja intensidad.
Finalmente, considero que este concierto tuvo además grandes aciertos que parten de la elección misma del repertorio. Debo felicitar al joven intérprete porque los tempos fueron adecuados para cada obra, permitiéndonos apreciar el contraste entre estas y entre las partes que las integran. También debo destacar su gran consciencia del fraseo y lo expresivo de su interpretación, especialmente en movimientos de tiempos moderados y lentos. Noto en Úsuga a una persona con gran sensibilidad y comprensión de la forma, lo que le permite gustar de cada pasaje y dirigir sin afán el discurso musical. Probablemente su carrera musical se dirija en un futuro a la interpretación de obras poco conocidas de grandes maestros, como también, haciendo estreno de obras de compositores colombianos e incluso interpretando sus propias obras.
Programa
L. v Beethoven: Sonata para piano No. 18 en mi bemol mayor, Op. 31 No. 3.
R. Schumann: Kreisleriana, Op. 16.
P. I. Tchaikovsky: Valse-bluette, de 18 piezas, Op. 72.