«Un suspiro, un aliento fugaz en la noche, una frase larga que Tamino y su flauta mágica habrían envidiado... alguna decoración caprichosa, una cadencia de un pájaro sobrenatural, y luego un retorno a la línea lánguida, contemplativa… tocar [la flauta] así es como un acto de creación». Aunque estas evocativas palabras provienen de una reseña de un concierto que data de julio de 1876, bien podrían haberse escrito para describir el concierto digital del pasado miércoles 13 de octubre a cargo del flautista colombiano Gaspar Hoyos y del pianista francés Hugues Leclère, en el marco de la Temporada Digital de Conciertos del Banco de la República 2021. 

La reseña citada anteriormente proviene justamente de un recital del flautista, director de orquesta, y compositor francés Paul Taffanel, un amigo cercano del célebre compositor Camille Saint-Saëns, ambos protagonistas del programa de Hoyos y Leclère. Taffanel, en especial, fue un músico importantísimo para la historia de la flauta —no en vano se le conoce como el 'padre de la flauta moderna'— pues su virtuosismo y gestión (Taffanel fundó, por ejemplo, la sociedad de música de cámara para instrumentos de vientos) llevaron a muchos compositores de la segunda mitad del XIX y comienzos del XX a escribir para la flauta de tal manera que sirviera para evocar sensaciones, emociones, y temáticas más allá de lo pastoral, práctica común en épocas inmediatamente anteriores. Adicionalmente, Taffanel fue una figura clave en el resurgimiento de la música barroca en las salas de concierto europeas durante el siglo XIX. Obras como las sonatas para flauta de Bach se escuchan hoy en día con frecuencia gracias a la labor de Taffanel. Podríamos decir que Hoyos y Leclère logran algo parecido con este recital, pues nos llevan en el tiempo a ese momento de quiebre para el desarrollo de la flauta moderna. En efecto, el programa seleccionado para esta ocasión se centra mayormente en repertorio para flauta y piano de la época en que vivió Taffanel, con excepción quizás del Aria de Albert Roussel, y la Sonata en fa mayor, Op. 79 de Friedrich Kuhlau, si bien piezas que encajarían fácilmente en la narrativa del génesis de la flauta moderna. 

Desde su inicio, Hoyos y Leclère nos dejaron en claro que este repertorio son aguas conocidas para ellos. El impecable balance entre ambos instrumentos, la dramatización escénica de los momentos de tensión, y la coordinación y sincronización de articulaciones, fraseos, y dinámicas, dan cuenta también de la enorme experiencia de ambos intérpretes en el ejercicio de la música de cámara —Taffanel seguramente se sentiría orgulloso de saber que su legado está en las manos de estos dos músicos, ambos residentes de su natal Francia. Por otra parte, cabe resaltar la producción audiovisual que nos permitió ver con detalle la interacción entre ambos músicos y escuchar cada articulación y respiro con nitidez absoluta. Fue un placer escuchar este concierto digital. Al equipo de producción: Bravo.

El recital abre con la sonata de Kuhlau, un compositor que desarrolló una buena parte de su carrera en Dinamarca. La obra, originalmente escrita para violín y piano, está divida en tres movimientos cortos. El Allegro gustoso, a la vez delicado y juguetón, fue un perfecto aperitivo para el festín que le prosiguió. El Andante, dulce y emotivo, y lleno de ornamentaciones delicadas y bellas, proveyó un perfecto puente para el último movimiento que es veloz y un poco más dramático —por no decir operático— que el Allegro gustoso con que se dio inicio al concierto. Si bien esta es una pieza que pudiera interpretarse de manera pesada y violenta —intentando generar un pathos romántico—, pues contiene muchos pasajes virtuosos y está llena de momentos dramáticos, la interpretación de Hoyos y Leclère fue más bien ligera sin dejar de ser dinámica, logrando un balance justo y necesario para hacerle honor a las notas compuestas por la pluma de Kuhlau.

A la sonata de Kuhlau le siguió la Romanza de Saint-Saëns, un trozo breve y encantador. La composición de Saint-Saëns está cargada de abundantes contrastes en los registros altos, acompañados por incesantes arpegios en el piano, y que juntos crean una atmósfera cálida y emotiva, cuando menos nostálgica. Es como si el compositor francés invitara a sus oyentes a la contemplación o un escape a tiempos mejores: no en balde, como lo anota Ellie Anne Duque en las notas de programa, Saint-Saëns compuso esta obra tras buscar refugió en Londres, producto de la guerra franco-prusiana. La Suite, Op. 34 de Charles-Marie Widor es el tour de force del programa, ejecutada con destacado virtuosismo por Hoyos y Leclère. Esta suite, pieza dedicada al mismísimo Taffanel, se caracteriza por tener armonías un poco más disonantes, —inclusive hace uso de escalas de tinte exotista—y por estar llena de retos técnicos para que un flautista de la talla de Taffanel se luzca en el escenario. Estamos felices de informar que Hoyos no defrauda en esta faena flautística inspirada por su antecesor.

Finalmente, el Aria de Roussel evidencia un estilo marcadamente modernista y muy distinto al universo sonoro con que abrió el concierto. Aunque esto pudiera chocar con las piezas pasadas, esta Aria funciona bastante bien como un puente para la pieza final, la Fantasía sobre la ópera ‘Françoise de Rimini’ de Ambroise Thomas, compuesta nada más y nada menos que por Taffanel. Esta obra, proveniente de la tradición de las fantasías sobre temas operáticos, tiene como objetivo el despliegue virtuoso del solista, algo que no era extraño para un músico como Taffanel. Pero el interés del Taffanel no era necesariamente el de venderse como un genio de la flauta ante las audiencias parisinas, sino de mostrar las capacidades de este instrumento. Por ello, la obra vacila entre diferentes instancias que dan cuenta de su poder expresivo y emotivo, logrando momentos muy bellos y poéticos, sin dejar a un lado el despliegue atlético que uno espera de una pieza como esta. Este es un cierre perfecto para el recital, pues tanto Hoyos como Leclère —tal y como lo hizo Taffanel en su época— nos demuestran el potencial de la flauta moderna, que, junto al piano, inclusive logran evocar escenas operáticas en todo su esplendor, sin necesidad de recurrir a una orquesta entera, ni a coros ni cantantes. Nos encantaría escuchar a este dúo nuevamente en el marco de la temporada de conciertos del Banco de la República, y ojalá con repertorio enteramente diferente. ¿A qué sonarán Hoyos y Leclère al enfrentarse a obras experimentales latinoamericanas?

Programa

F. Kuhlau: Sonata en fa mayor, Op. 79.

C. Saint-Saëns: Romance Op. 37.

C. M. Widor: Suite, Op. 34.

A. Roussel: Aria.

P. Taffanel: Fantasía sobre la ópera ‘Françoise de Rimini’ de A. Thomas.

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Concierto Gaspar Hoyos y Hugues Leclère  - Temporada Digital de Conciertos 2021