Existen distintos tipos de memes. Algunos se refieren a una situación tan específica que difícilmente tienen sentido —o vida mediática— más allá de aquella situación. Otros, en cambio, son como una plantilla para confeccionar tantos memes como se quiera, pues solo basta con cambiar el texto para darle vida a un nuevo meme. Uno muy común, por ejemplo, es aquel donde una mujer contempla con sospecha a su esposo, quien está absorto en sus pensamientos. En una versión del meme la mujer piensa para sí: ‘seguro está pensando en otra’, pero el meme nos revela lo que supuestamente está pasando en realidad por la mente del esposo: ‘¿por qué los Picapiedra celebran la Navidad si vivieron antes de Cristo?’. Más allá de la forma en que este y otros memes sirven para reproducir estereotipos de género, un asunto es claro: no podemos tener certeza de los pensamientos de otros; a menudo, solo podemos especular. O como reza el viejo y conocido refrán, ‘caras vemos, corazones no sabemos’. Sin embargo, indagar sobre la forma en que algunos personajes piensan puede ser el punto de entrada para entender mejor algunos asuntos.
En La conquista de América, un libro fascinante como controversial, Tzvetan Todorov se preguntó: ¿cuál fue realmente la motivación de Cristóbal Colón para emprender (conscientemente) un viaje tan temerario? La respuesta es una seductora odisea argumentativa a través del lugar que pudieron tener el oro, el evangelio o una pulsión irrefrenable por ‘descubrir’ en la mente y el corazón del navegante. Es decir, todo aquello que no podemos ver en los documentos ni en la historia —ni siquiera teniendo a Colón al frente nuestro— pero que le sirvió a Todorov para analizar el conflicto de mentalidades que supuso la conquista de estos territorios. Y lo mismo podríamos preguntarnos con respecto a la música y, en particular, al jazz. Al ser testigo de la forma en que los músicos de jazz improvisan es legítimo preguntarse ¿En qué están pensando? Dado que se trata de una actividad creativa que ocurre en tiempo real —y de allí que algunos prefieran decir ‘composición espontánea’ en vez de ‘improvisación’— las faenas mentales que hacen posible o acompañan tal producción musical son un asunto crucial.
Los testimonios que tenemos a nuestra disposición, entre ellos los muchos que recopiló Paul Berliner para escribir Thinking in Jazz, permiten apreciar varios patrones de pensamiento, no tanto con respecto a lo que en efecto pasa por la mente de los músicos al tocar sino al tipo de pensamientos que suele impulsarlos en la dirección correcta. La teoría musical, y en particular la relación entre acordes y escalas (o las notas ‘disponibles’, ‘correctas’, e ‘incorrectas’), suele ser un asunto central en la pedagogía del jazz. Sin embargo, muchos músicos concuerdan en que aquello es en lo que menos piensan —o quieren pensar— al momento de improvisar. En cambio, son deliberadamente conscientes de otras cuestiones, algunas estrictamente musicales y otras mucho más metafóricas, pero con implicaciones musicales evidentes. Por ejemplo, aunque hay quienes insisten en que es el ritmo lo que guía sus decisiones, muchos más se inclinan por pensar en la melodía original de la pieza en cuestión como el punto de partida para generar nuevas melodías y, en últimas, para ‘cantar’ por medio de su instrumento. Pero otros aluden a un intrigante repertorio pensamientos y metáforas de índole extra-musical: desde pensar cada improvisación como una historia que se está contando y que se desarrolla casi con vida propia, hasta imágenes mentales de estar atrapado por la música o de percibir el acompañamiento de los otros instrumentos como una estructura inmóvil sobre la cual es el solista quien fluye como un torrente.
Algunos amigos y colegas compartieron conmigo su perspectiva. El bajista norteamericano Jacob Smith, por ejemplo, dice que todo el tiempo que ha invertido en estudiar su instrumento hace que subconscientemente tenga en cuenta los acordes y las tonalidades, pero en el momento de improvisar es solo su voz y su experiencia de vida las que hablan. Para Sean Dobbins, profesor de batería en la Universidad de Indiana, las tres cosas que circulan más por su mente son ‘la melodía, la forma de la canción y el lenguaje apropiado para el género’, mientras que el saxofonista colombiano Federico Ochoa es claro al indicar que no se trata solo de lo que él hace con su instrumento sino de los diálogos musicales que tiene con los otros miembros del grupo y hasta con la audiencia. Pero, en últimas, como también dice Federico, no hay que pensar tanto, porque ‘el que piensa pierde’. Y en ello concuerda el famoso trompetista John Raymond: ‘cuando estoy improvisando en mi mejor nivel no estoy pensando en nada en particular; solo estoy reaccionando (…) el estado ideal al que queremos llegar es uno que es casi como un espacio de meditación, en el que somos conscientes de todo lo que pasa a nuestro alrededor y simplemente dejamos que la música fluya sin esforzarnos demasiado’.
Parte 1 | Jazz: entre rupturas y continuidades »
Parte 2 | Acerca del nacimiento del jazz »