
Al comenzar la operación militar especial en Ucrania en algunos países occidentales se inició una verdadera lucha contra todo lo referente a Rusia, al intentar “invisibilizar” su cultura: en una universidad italiana pretendieron cancelar un curso sobre Fiódor Dostoyevski; cancelaron la presentación del Ballet Bolshói en Londres e, incluso, ordenaron no interpretar la música de Tchaikovsky en la Orquesta Filarmónica de Zagreb. Librerías retiraron las obras de los clásicos de la literatura rusa; en destacados festivales han censurado sus películas; medios de comunicación rusos han sido prohibidos, y la irracionalidad ha llegado a tocar el espíritu deportivo, con la exclusión de atletas rusos de competencias internacionales.
Pese a la histeria “rusofóbica”, Rusia sigue siendo uno de los faros de la cultura mundial. Durante siglos ha preservado su tesoro espiritual y comparte con el mundo su forma de pensar a través de creaciones inmortales de clásicos de la literatura, la música, la pintura y otras formas de arte que se convirtieron en obras maestras. Su cultura ha influenciado de forma positiva al mundo. Sus obras actuales y las de la época soviética han gozado de gran simpatía entre habitantes de diferentes latitudes que lo ven como un país asombroso, con una historia centenaria, arraigadas tradiciones e importante diversidad. Rusia es uno de los tres países donde más se lee y su educación se considera una de las más sólidas del mundo. De hecho, instituyó el 1.° de septiembre no solo como la fecha del inicio oficial de las escuelas en todo el país, sino también como día festivo: el Día del Conocimiento.
Hoy, cuando occidente está demoliendo complejos conmemorativos, obeliscos y monumentos levantados en honor a los soldados soviéticos que liberaron al mundo del fascismo, las obras de Dostoevsky, Tolstoy, Pushkin, entre otros, traducidas a diversos idiomas, siguen asombrando con profundas descripciones de las emociones de los héroes, representaciones de paisajes y del mundo interno de la humanidad. En este breve espacio recomendamos algunos escritores y sus obras literarias, las cuales forman parte de la cultura universal y están disponibles en la BLAA:

Aleksandr Serguéyevich Pushkin (Moscú, 1799; San Petersburgo, 1837). “Padre de la literatura rusa”, es la figura más eminente al ser considerado como el “creador” del lenguaje literario ruso. Este autor elevó la lengua rusa medieval a la categoría de idioma moderno y bosquejó los temas fundamentales de la novelística del siglo XIX. Además de extraordinario poeta, sus narraciones abarcan un ámbito considerable, desde las antiguas leyendas de la tradición rusa hasta los dramas en palacios del turbulento siglo XVII.
En mayo de 1820 concluyó su obra Ruslán y Ludmila, concebida como poema épico nacional y basado en los principios propios de la lengua rusa viva. Es autor del reconocido drama popular Borís Godunov, del poema burlón El conde Nulin, del poema Los gitanos, y de uno de sus versos más famosos, “El Profeta”. Pero los testimonios sobre su tiempo constituyen su más valioso legado. En este campo se destaca su novela-poema Eugenio Oneguin —traducción de Mijail Chílikov, edición bilingüe (español-ruso), Cátedra, Madrid, 2001, sig. 891.73 P87e2—. Compuso en verso algunos cuentos populares de hadas, entre los que se destaca El cuento sobre el pope y su bracero Baldá; autor de la serie de obras en prosa Los relatos de Belkin (Dubrovski, Los relatos de Belkin de A. S. Pushkin, Salvat Editores, Navarra, 1971, sig. 891.73 P87d), que provocaron una revolución en la literatura rusa, ya que describieron imágenes de gente ordinaria e insignificante, con sus historias dramáticas pero muy cotidianas en una época en que sobresalían los protagonistas románticos y heroicos.
La dama de los tres naipes (en la BLAA: La dama de los tres naipes y otros cuentos -El negro de Pedro el Grande, El ataudero, Noches egipcíacas, Roslavlev-, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1952, sig. 891.73 P87d3), en la que Piotr Tchaikovski se basó para escribir su famosa ópera La dama de picas, fue terminada muy rápidamente a inicios de 1834 para cobrar los honorarios y cancelar sus deudas más urgentes.
Pushkin fundó su propia revista, Sovreménnik, en la que los escritores y poetas más famosos de la época publicaban sus obras. En esta publicó en 1836 la novela La hija del capitán (en la BLAA: La hija del capitán y La nevasca, Espasa-Calpe Argentina, Buenos Aires, 1940, sig. 891.73 P87h3), una historia de amor, pero que también tiene como trasfondo una rebelión campesina.
Fue uno de los duelistas más empedernidos de su época. El poeta arrojó el guante quince veces y en seis ocasiones recibió “la invitación”. Sin embargo, once de estos duelos no se desarrollaron porque los amigos de Pushkin lograron pacificar a las partes involucradas. Su último duelo, el vigésimo primer desafío en el que se vio envuelto, se realizó el veintisiete de enero de 1837 con d’Anthès. Recibió una herida mortal: la bala penetró en el abdomen.

Fyodor Mijailovich Dostoyevski (Moscú, 1821; San Petersburgo, 1881). La influencia de este magnífico autor ha sido determinante, pues ninguno de los grandes escritores del siglo xx han sido ajenos a su obra. Sus novelas, llenas de fuerza dramática, cuyos personajes reflejan al hombre de su tiempo, los cuales encarnan valores espirituales, son vigentes para nuestra época.
El autor ruso consideraba que el futuro de la humanidad se hallaba en juego; por tanto, el hombre no podía ignorar la realidad. Incluso, sus novelas trágicas se adelantaron en el tiempo a los estudios psicoanalíticos sobre el inconsciente, al surrealismo y al existencialismo. Todos los críticos coinciden en afirmar que Dostoievski, junto con Dante Alighieri, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Víctor Hugo, entre unos pocos, han influido decisivamente en la literatura del siglo xx, en especial en el existencialismo y el expresionismo.
Sobre este extraordinario autor Nietszche afirmó: “Dostoyevski, el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo, es uno de los accidentes más felices de mi vida, más incluso que el descubrimiento de Stendhal” (Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos). Por su parte, el prestigioso intelectual y escritor austriaco Stefan Zweig consideró al escritor ruso como el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos.
De Dostoyevski destacamos tres de sus novelas: Crimen y castigo (1866), donde los sucesivos conflictos que se plantea Raskolnicov (protagonista) hacen de esta una historia atrapante y revelan la capacidad de Dostoievski para adentrarse en los entresijos de la mente humana (en la BLAA: traducción de Rodolfo Arias, Editorial Jackson INC., Barcelona, 1950, sig. 891.73 D67c40). Los hermanos Karamázov, escrita entre 1879 y 1880, resume la trayectoria artística e ideológica del autor. Nadie puede considerar que conoce a Dostoievski sin antes haberse detenido a meditar tras una cuidadosa lectura de esta obra: Dostoievski supo dejarnos el cuadro de una sociedad que en cuarenta años pasó del feudalismo al capitalismo y sentó las bases para la revolución proletaria (en la BLAA: traducción de H. Antipov y F. Villanueva, Editora Nacional, México, 1966, sig. 891.73 D67h13). Y, por último, Memorias del subsuelo (1864), la cual es considerada la primera obra existencialista (traducción Floreal Mazzia, Editorial Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1969, sig. 891.73 D67m2).
De Crimen y castigo destacamos el sueño de su protagonista, Raskolnikov:
Soñó, en su enfermedad, que el mundo todo estaba condenado a ser víctima de una terrible, inaudita y nunca vista plaga que, procedente de las profundidades de Asia, caería sobre Europa. Todos tendrían que perecer, excepto unos cuantos, muy pocos, elegidos. Había surgido una nueva triquina, ser microscópico que se introducía en el cuerpo de las personas. Pero esos parásitos eran espíritus dotados de inteligencia y voluntad. Las personas que los pescaban se volvían inmediatamente locas. Pero nunca, nunca se consideraron los hombres tan inteligentes e inquebrantables en la verdad como se consideraban estos afectados. Jamás se consideraron más infalibles en sus dogmas, en sus conclusiones científicas, en sus convicciones y creencias morales.

Lev Nikoláievich Tolstói, también conocido como León Tolstói (Rusia, 9 de septiembre de 1828; 20 de noviembre de 1910). Es considerado uno de los más grandes escritores de toda la literatura universal. La guerra y la paz (traducción de Florentino M. Torner, Ed. Stylo, México, 1943, sig. 891.73 T65g1) y Anna Karénina (traducción de Nathan Haskell Dole, Thomas y Crowell, Nueva York, 1941, sig. 891.73 T65a4), sus dos obras más famosas, son catalogadas como la cima del realismo. Las ideas sobre la “No violencia activa”, expresadas en libros como El Reino de Dios está en vosotros (traducción del ruso de Joaquín Fernández-Valdés Roig-Gironella, incluye la correspondencia entre Tolstói y Gandhi, Editorial Kairós, México, 2011, sig. 230 T65r), tuvieron un profundo impacto en grandes personajes como Gandhi y Martin Luther King.
Su nombre aparece en la relación de diez escritores que, aunque reunieron los méritos suficientes, no fueron laureados con el Premio Nobel de Literatura.
De El reino de Dios está en vosotros:
A Gandhi.
Acabo de recibir su interesante carta, que me ha resultado muy agradable. ¡Que Dios ayude a nuestros queridos hermanos y colegas del Transvaal!
También entre nosotros se deja sentir intensamente esa lucha entre gentileza y brutalidad, entre humildad y amor, orgullo y violencia, sobre todo en el choque entre deber religioso y las leyes del Estado, expresado en la negación a prestar el servicio militar. Esas negaciones se producen cada vez con mayor asiduidad.
Escribí la “Carta a un hindú” y me complace enormemente que haya sido traducida. La gente de Moscú le hará saber el título del libro sobre Krishna.
En cuanto al “re-nacimiento”, yo, por mi parte, no debería omitir nada, pues creo que la fe en un renacimiento nunca constreñirá a la humanidad tanto como la fe en la inmortalidad del alma y en la verdad y el amor divinos. Pero dejo que sea usted quien lo omita, si así lo desea.
Estaré encantado de ayudarle en la edición. La traducción y difusión de mis escritos sobre la dialéctica índica no puede sino reportarme un gran placer. La cuestión del pago monetario me parece que no debería surgir en relación, con un empeño religioso.
Le saludo fraternalmente, y me alegra haber establecido esta relación con usted.
Lev Tolstói

Antón Pablovich Chéjov (Taganrog, 1860; Badenweiler, 1904). Narrador y dramaturgo ruso, considerado el representante más destacado de la escuela realista en Rusia, su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal. Su estilo está marcado por una intachable concreción expresiva y por la ausencia de tramas complejas a las que se sobreponen las atmósferas líricas que el autor crea ayudado por los más sutiles pensamientos de sus personajes. Es uno de los grandes dramaturgos y escritores del mundo.
León Tolstoi vinculaba los hallazgos de Chéjov con su visión particular de la vida, con la veracidad de su pintura. Tolstoi decía que Chéjov era un “artista incomparable” y explicaba su pensamiento como sigue: “¡Si, sí! Precisamente incomparable… pintor de la vida… Y el mérito de su arte consiste en que es comprensible y afín para todo ruso y, en general, para todo hombre. Eso es lo principal…”. Tolstoi coloca a la protagonista del relato de Chéjov Alma de paloma entre las inmortales imágenes de la literatura mundial, junto con los personajes de Shakespeare y Cervantes.

Tatiana Tolstaya, la hija de Tolstoi, escribe a Chéjov: “cuando leo Alma de paloma me reconozco de tal manera, que hasta me avergüenzo, pero no tanto como cuando me reconozco en Ariadna”.
Solo por mencionar algunas, recomendamos sus piezas teatrales: La gaviota (1896), Tío Vania (1899-1900), Las tres hermanas (1901), El jardín de los cerezos (1904). En la BLAA se pueden consultar: La gaviota: comedia en cuatro actos, que es parte de La gaviota y el Tío Vania, Programa Editorial Universidad del Valle (sig. 891.72 C43g5). Recomendamos el ensayo sobre el magnífico relato de Chéjov El pabellón número 6: “La locura como voz de la denuncia en El pabellón número seis de Antón Chéjov”, artículo de Elsa Mariana del Castillo Pulgarín, publicada en la revista Lingüística y literatura (Universidad de Antioquía, Medellín, 2021, vol. 42 (79), pág. 370-383, 3700).
Máximo Gorki (1868-1936). Eminente escritor ruso, fundador de la literatura soviética. Su primer trabajo publicado fue el cuento Makar Chudrá (1892) (en la BLAA forma parte del ejemplar Obras de Máximo Gorki (traducido por Rubén Darío, Ediciones Edaf, Madrid, 1981, sig. 891.73 G67o). Es autor de las novelas universalmente famosas La madre (1907) (traducción de M. Casado, Editorial Sopena Argentina, Buenos Aires, 1955, sig. 891.73 G67m2), La vida de Klim Sanguín (traducción directa del ruso de Yelena G. Volozhanina e Ignacio Romero de Solís, Editorial Fundamentos, Madrid, 1986, sig. 891.73 G67v3), Los Artamónov (Biblioteca Obras selectas de la literatura soviética, Editores en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1925, sig. 891.73 G67a1); de las obras de teatro Bajos fondos, Pequeñoburgueses, Igor Bulichov (Teatro completo, traducciones de N. Caplán, Manuel Pedroso y Lila Guerrero, 5 vols., Quetzal, Buenos Aires, 1960-1964, sig. 891.72 G67t), de la trilogía de carácter autobiográfico, entre otras, figuran Días de infancia, Entre gentes extrañas y Mis universidades (en Páginas autobiográficas, traducción E. M. Martínez Amador, Editorial Stylo, México, 1943).

De La madre destacamos:
Parecía a la madre que todos estaban dispuestos a comprenderla y creerla, y quería decir rápidamente todo lo que sabía, todos los pensamientos cuya fuerza sentía. Subían sin esfuerzo de lo más profundo de su corazón, y venían a sus labios como un cántico, pero se daba cuenta, con desesperación, de que le faltaba la voz, que salía desgarrada y enronquecida.
-La palabra de mi hijo es la palabra pura de un hijo de la clase obrera, de un alma incorruptible. ¡Los hombres íntegros se reconocen en su audacia!
Los ojos juveniles la miraban con entusiasmo y terror. Recibió un golpe en el pecho, se tambaleó y se sentó en el banco. Por encima de las cabezas se agitaban las manos de los gendarmes, que cogían a la gente por el cuello o los hombros, arrojándolas a un lado, arrancándoles las gorras y tirándolas lejos. Todo pareció vacilar ante la madre, ahogarse en las tinieblas, pero, dominándose, gritó con la poca voz que le quedaba:
-¡Que el pueblo agrupe sus fuerzas en una fuerza única! —La enorme mano roja de un gendarme se abatió sobre su cuello, sacudiéndola:
-¡Cállate! —Su nuca golpeó contra la pared, y su corazón se envolvió por un instante en un acre humo de terror, que se disipó en seguida bajo el ardor de su llama interna.
-Vamos —dijo el gendarme.
-¡No temáis nada! No hay tormento peor que el que respiráis durante toda vuestra vida...

Vladimir Maiakovski (Federación Rusa, 1893-1930). Es el gran poeta de la Revolución de Octubre. Publicó por primera vez en 1912, en una colección de los futuristas. Su poemario Palabras de centeno (1919) constituyó uno de los pronunciamientos iniciales de la joven poesía después del triunfo revolucionario. Se afilió al Partido en 1908. El tema de Lenin predominó en su obra y en 1923 escribió el poema Vladimir Ilich Lenin (traducido del ruso por A. Herráiz, texto en español y ruso, Editorial Progreso, Moscú, c 1928, sig. 891.71 M14v), que no es solamente un alto producto poético, sino un documento, el testimonio de un contemporáneo excepcional. Sus poemas más importantes son Marcha la izquierda, Reunionitis, Vladimir Ilich Lenin, Broadway, A Esenin, A plena voz y las piezas teatrales La chinche y El baño, recomendamos Sobre los poetas y otros poemas, Vladimir Maiakovski (traducción, selección y prólogo Irina Bogdaschevski, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988, sig. 891.71 M14s).
De La guerra y el mundo, Vladimir Maiakovski, 1916-1917, destacamos:
Cada uno de mis versos
tiene el pecho agujereado por las bayonetas
tiene el rostro desfigurado por los gases
tiene destrozada la cabeza por la artillería.
Y los muertos,
me da lo mismo quien los ha matado.
En el cementerio común,
en la fosa del corazón,
hay millares pudriéndose
movidos y removidos por los gusanos.

Mijaíl Shólojov (Stanitsa Véshenskaya, 1905; Veshenskaya, 1984). Obtuvo el premio Stalin y el premio Nobel de Literatura. Fue un escritor que puso su alma en el relato de la tragedia que sufrieron los cosacos a partir de la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y la guerra civil que asoló Rusia y que finalizó con la victoria de los bolcheviques. Es autor de las novelas universalmente famosas El Don apacible (traducido por José Laín Entralgo, Editorial Progreso, Moscú, 1975-1976, sig. 891.73 S46d1) y Campos roturados (traducción de A. Herráiz, Editorial Progreso, Moscú, s. f., sig. 891.73 S46c2). Su primer relato, El lunar, vio la luz en 1924 y Relatos del Don en 1929. En los años de la posguerra adquirieron celebridad sus relatos El destino de un hombre (traducido del ruso por A. Herraiz, Ediciones Alems, Bogotá, 1965, sig. 891.73 S46d8) y la novela Ellos lucharon por la patria (traducido del ruso por Roldán, Editorial Progreso, Moscú, 1977, 891.73 S46e). Mijaíl Shólojov ostenta los premios Lenin y Nobel de Literatura. Es Héroe del Trabajo Socialista.
En El destino de un hombre -lección de entereza de un hombre, sometido al horror del cautiverio nazi, y sus sueños por sobrevivir y de reencontrar algún día a los suyos-, relata:
Tal vez nuestra despedida hubiera terminado bien, pero Vania, luego de alejarse unos pasos, correteando con sus piernecillas cortas, volvió hacia mí la carita y agitó sin detenerse la manita sonrosada. Y de pronto sentí como si una zarpa, blanda, pero de afiladas uñas, me oprimiese el corazón, y me volví de espaldas, apresuradamente. No, no sólo lloran en sueños los hombres maduros, encanecidos en los años de guerra. Lloran también despiertos. En estos casos, lo importante es saber volverse a tiempo. Lo principal es no herir el corazón del niño, que no vea cómo por tu mejilla corre, parca y ardiente, una lágrima de hombre....
En su libro Leyendas y cuentos rusos, Pushkin escribe: “Allí reina el espíritu ruso... Todo sabe a Rusia allí. / Y allí estuve yo… Bebí dulcísimo hidromiel, vi aquel roble verde, y también, a su sombra, al gato sabio, que me contó cuentos de los suyos. Y algunos de ellos los recuerdo, y voy a contarlos ahora”.
¿Se animan a leerlos?
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 270. Enero 2023