“Adán, el primero, puso nombre a todos los seres vivos de la creación y atribuyó a cada uno un nombre conforme al destino del que iban a ser esclavos. Luego vinieron unos pueblos que, a su vez, cada uno en su propia lengua, dieron un nombre a cada ser vivo de la creación…”.
Del Bestiario de Oxford

En la Biblioteca reposan importantes ejemplares de historia natural que, según descripciones de viajeros europeos, dan cuenta de la naturaleza y formas de vida de este lado del mundo. Del mismo modo, se destacan bestiarios que describen el maravilloso mundo del ave fénix, el grifo, las sirenas, entre otros animales fantásticos; seleccionamos estupendas obras que se pueden consultar.

Los bestiarios medievales eran tratados didácticos sobre la significación de los animales mencionados en la Biblia que, además de animales reales, incorporan una variedad de bestias exóticas, fantásticas y criaturas propias de las leyendas. Intentaban transmitir un mensaje moral en torno a la vida, manifestar su adoración a Dios (creador de la naturaleza) y dar cuenta de todo lo relacionado con la muerte. Los bestiarios, antecesores de las fábulas modernas, además, alertaban a los viajeros sobre lo que podrían encontrar en el camino.
La popularidad de los llamados bestiarios o bestiarius (del latín) creció durante la Edad Media, en especial, en Francia e Inglaterra. Por lo general, las ilustraciones de las criaturas que en su mayor parte eran desconocidas, iban a una página y al frente aparecía el relato de su explicación. En el bestiario, los animales y otras criaturas se disponían sin llevar un orden, más bien, los capítulos se iban recopilando según las fuentes consultadas.


El primer bestiario occidental es El fisiólogos (Physiologus), manuscrito redactado en griego por un autor desconocido. Con fines moralizantes, es el antecedente de los bestiarios medievales escritos más adelante, se cree que fue redactado en Alejandría entre el siglo II y el IV y es una recopilación de conocimientos sobre animales que formaban parte de obras de autores clásicos como la Historia natural de Plinio el Viejo y en la Historia de los animales de Aristóteles, entre otros. En este bestiario, los capítulos se centran en versos del Antiguo Testamento, de forma alegórica, los animales que se describen se identifican con Cristo o con el diablo, con el bien o con el mal. Estos libros también eran usados para enseñar a los niños en las escuelas y por los religiosos en las iglesias. En la BLAA se puede consultar El fisiólogo, atribuido a San Epifanio, edición de Santiago Sebastián, traducción directa del latín por Francisco Tejada Vizuete. Seguido del bestiario toscano, traducción del catalán Alfred Serrano i Donet; Josep Sanchís Carbonell (Ediciones Tuero, Madrid, 1986, 246 F47) y El fisiólogo: bestiario medieval, traducido por Marino Ayerra Redín y Nilda Guglielmi, con la introducción y notas de Nilda Guglielmi (Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1971, 398.2 F47).
Posteriormente, se destacaron importantes bestiarios como las Etimologías de Isidoro de Sevilla, que era una compilación del conocimiento de su tiempo, el Bestiario de Rochester o el Bestiario de Aberdeen, producido en Inglaterra durante el siglo XII, escrito en latín, es una recopilación similar al Fisiólogos que incluye capítulos del Génesis, con multitud de animales. El único bestiario escrito en castellano conservado es el de Juan de Austria que data de 1570.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Entonces la tierra era informe y vacía, las tinieblas cubrían el abismo y el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas…”.
Bestiario de Oxford
En el depósito de Libros Raros y Manuscritos reposa la edición facsimilar del Bestiario de Oxford, manuscrito de 1511 de la colección del alquimista y astrólogo francmasón Elías Ashmole (1617-1692) de la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford [Ediciones de arte y bibliofilia, Madrid, 1983 (398.2454 B37)], la edición española para la colección consta de 495 ejemplares y la biblioteca posee el ejemplar núm. 430, el primer volumen corresponde a un comentario sobre el Bestiario de Oxford y el segundo, es la edición facsimilar íntegra del códice Bestiarium. Este manuscrito del siglo XII (c 1210), es un ejemplar de lujo, bellamente ilustrado, en el que se destaca la imagen de Cristo o de Dios creador, con grabados coloridos de animales sobre fondo de oro; incluye las propiedades de animales reales y fabulosos, es un importante documento que contiene los conocimientos de la época, plantea conceptos morales y otorga importancia a las ciencias naturales. Es una obra de arte de autor desconocido, al igual que su origen. Las ilustraciones son fieles al texto que acompaña y que describe las características de los animales, entre los cuales con cierta frecuencia se incluyen seres fabulosos.

“Las sirenas, dice el Physiologus, son animales mortales que, de la cabeza al ombligo, tienen aspecto de mujer, y en la parte inferior del cuerpo, de ave. Su canto es tan dulce y tan hermoso que hechizaban por la armonía de su voz a los hombres que navegan a lo lejos, y los atraen para sumirles en el sueño y despedazar sus cuerpos; así por el encanto de la voz, engañan a los hombres no prevenidos e imprudentes para darles muerte…”.
Del Bestiario de Oxford

“Hay en el mar un monstruo llamado en griego aspido delone, “tortuga-áspid”. Se le llama también “cete”, ballena, debido a la inmensidad de su cuerpo […] la ballena se levanta encima de las olas y permanece tanto tiempo inmóvil en el mismo lugar, que el viento va acarreando en su lomo arena hasta formar una especie de planicie en la que crece maleza; los navegantes creen que es una isla y hacen abordar su nave y luego prenden fuego. Pero apenas siente la ballena la quemadura de las llamas, se zambulle de repente en el agua y arrastra consigo la nave a los abismos. Tal es el destino de los que no tienen fe e ignoran los ardides del diablo, que depositando en él toda su esperanza, se consagran a sus obras y se precipitan con él en la gehena de fuego…”. Del Bestiario de Oxford

“Las piedras y los pedernales: en un monte de oriente hay unas piedras ardientes que llaman los griegos terobolem; son macho y hembra. Cuando están alejadas una de la otra, no producen fuego, pero cuando por ventura se acerca la hembra al macho, en seguida prenden fuego, con llamas tan altas que abrasan todo lo que se encuentra en aquel monte. Vosotros también, hombres de Dios que permanecéis en esta vida, alejaos de las mujeres, por temor de que, por haberos acercado, aquel doble fuego os abrase y consuma los bienes que Cristo depositó en vosotros…”. Del Bestiario de Oxford.

Por otra parte, la BLAA conserva la edición facsimilar del Bestiario de san Petersburgo [Biblioteca Nacional de Rusia, Moscú, Madrid A. y N. Ediciones, 2003 (743.6 B37)]. Cuyo original de la edición facsimilar atesora la Biblioteca Nacional de Rusia (San Petersburgo). Esta edición corresponde al número XLIII de 995 ejemplares editados para todo el mundo. El primer volumen corresponde a la edición facsimilar y el segundo al libro de estudios por Olga Bleskina y Javier Docampo, traducción de Gregorio Solera. También es conocido como Bestiario de Saltykov-Shchedrin, un manuscrito iluminado que describe las características físicas y las moralizaciones cristianas de los animales, tanto reales como míticas. Realizado en Inglaterra, data de la década de 1170 o 1180 y es un ejemplo temprano de un tipo de libro que se volvió popular en la Inglaterra del siglo XIII. Consta de 114 miniaturas, cuatro de ellas a toda página, que ilustran un ciclo de la Creación y 108 animales. Fue escrito en la escritura de transición del siglo XII, elaborado en Inglaterra, el manuscrito llegó a Francia en el siglo XVI, allí se incorporaron anotaciones en francés y contiene una anotación en griego.

“Adán fue el primero que puso nombre a todos los seres animados […] En latín se dice animalia (animales) o animantia (seres animados) porque están animados por la vida y se mueven gracias a la respiración…”. Del Bestiario de san Petersburgo.

“El grifo (gryphus) se llama así por ser un animal alado y cuadrúpedo. Esta especie de fieras nace en las regiones o en los montes hiperbóreos. En todas las partes del cuerpo es semejante a un león, en las alas y en el rostro es parecido a las águilas. Es violentamente hostil a los caballos y también despedaza a los hombres que ve…”. Del Bestiario de san Petersburgo.
El texto de este bestiario es una versión latina del Physiologus (El naturalista), con un relato de la Creación y el nombre de los animales por parte de Adán. Incluye descripciones de animales derivadas de las Etymologiae del obispo español Isidoro de Sevilla (c 556 - Sevilla, 636). Es una joya de la Biblioteca Nacional de Rusia que registra como propietario del manuscrito a François de la Morlière. Al parecer, el manuscrito perteneció a la biblioteca de la abadía benedictina de Saint-Germain-des-Prés en París. Se sabe que el zar Alejandro I adquirió en 1805 la colección de manuscritos y documentos de Peter P. Dubrovsky (1754-1816), de la que formaba parte el bestiario, Dubrovsky se desempeñaba como diplomático en París a fines del siglo XVIII, el ejemplar pasó a integrar la colección de la Biblioteca Pública Imperial (en 1918 pasó a llamarse Biblioteca Pública Rusa, conocida de 1932 a 1937 como Biblioteca Pública Estatal Saltykov-Shchedrin) y hoy es la Biblioteca Nacional de Rusia.

“Hay otro pájaro que se llama fénix (fénix [sic por Phoenix]) –un ave de Arithia o de Arabia–, porque tiene color purpúreo (phoeniceum), o por ser singular y única en todo el mundo. En efecto, los árabes llaman “fénix” a lo que es “singular” y “único”. Vive quinientos años o más. Cuando ve que ha envejecido, recoge ramas y se construye una pira, y revoloteando frente a los rayos del sol, con su aleteo aviva el fuego y se abrasa, y así al tercer día resurge nuevamente de sus cenizas. Tiene su figura nuestro Señor Jesucristo, que dice en su evangelio: “Tengo poder para dejar mi vida y para tomarla de nuevo”. Del Bestiario de san Petersburgo.

“Los filósofos se imaginan que las sirenas (sirenae o sirenes) eran tres: en parte, mujeres jóvenes, y en parte, aves que tienen alas y garras. Una de las cuales emitía sonidos melodiosos con la voz, otra con la flauta y la tercera con la lira. Hacían navegar con su canto a los navegantes inexpertos. En realidad, eran meretrices que llevaban a sus amantes a la indigencia, y por eso se dice que provocaban naufragios. Se cuenta que tenían alas y garras porque el amor vuela y hiere. Se dice, asimismo, que habitaban entre el oleaje, porque las olas crearon a Venus…”. Del Bestiario de san Petersburgo.

La otra serie de libros que nos ocupa, son los que corresponden a la historia natural del nuevo mundo que describen la naturaleza del nuevo continente. Los autores fueron exploradores, soldados, funcionarios y religiosos como respuesta a la petición de información de las autoridades sobre su “descubrimiento”.
Las historias naturales, a diferencia de los bestiarios, por lo general, parten de una organización, algunos forman parte de una obra mayor; en el caso de los animales, pueden estar agrupados de acuerdo con su hábitat: terrestres, acuáticos, volátiles, insectos. Estos libros no hacen uso indispensable de imágenes para ilustrar el texto, como sí sucede en el bestiario, y en la mayoría predomina el relato de tipo descriptivo o histórico, sin tener en cuenta parámetros de tipo moral. Los autores de estos libros, al igual que los de los bestiarios, intentan alabar a Dios por la obra de la Creación:

Del tomo 1: libro tercero, capítulo primero: “Que la historia natural de las cosas de las Indias es apacible y deleitosa: toda historia natural es de suyo agradable; y a quien tiene consideración algo más levantada, es también provechosa para alabar al Autor de toda la naturaleza, como vemos que lo hacen los varones sabios y santos, mayormente David en diversos Salmos, donde celebra la excelencia de las obras de Dios”. De Historia natural y moral de las Indias.
La BLAA cuenta con libros de las Décadas del Nuevo Mundo de Pedro Mártir de Anglería (1456-1526), traducido por Agustín Millares Carlo (Secretaría de Educación Pública, México, 1945, 980.2 A54l), es la primera historia de Indias y fue narrada en latín. Aunque Anglería jamás se trasladó a América, es un relato de viaje en el que, en forma de noticia narra los hechos que le llegan por correspondencia.

Asimismo, está la Historia general y natural de las Indias: islas y tierra-firme del mar océano de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) [Editorial Guarania, Asunción del Paraguay, 1944 (980.2 O94i1)]; es la primera crónica oficial de Indias, narrada como relato de viaje. Oviedo tuvo la potestad para solicitar a las autoridades indianas información de los hechos de los europeos y sobre la naturaleza. Cuatro de los cincuenta libros de la historia tratan sobre la fauna. Oviedo está influenciado por la Historia natural de Plinio, por las enciclopedias De natura rerum de Bartolomé el Inglés y De propietaribus rerum de Alberto Magno y por las Etimologías de san Isidoro.

Encontramos también la Historia natural de la Nueva España del protomédico real y erudito Francisco Hernández (1514-1587), se basa en la primera expedición científica a América (1571-1577), este autor fue considerado como un nuevo Plinio al tratar de incorporar nuevos capítulos a la enciclopedia de quien fuera su maestro. La Historia natural se compone por cuatro libros en latín con 2 911 descripciones de vegetales, 410 de animales y 14 de minerales y quince libros con ilustraciones, algunas realizadas por dibujantes indígenas. En la biblioteca se pueden consultar los dos volúmenes: el primero sobre la historia de las plantas y el segundo recopila la historia de los animales, de las aves, de los reptiles, de los animales acuáticos y de los minerales de Nueva España (Universidad Nacional, México, 1959, 574.972 H37h).

Por último, destacamos el libro que se encuentra en el depósito de Libros Raros y Manuscritos Historia natural y moral de las Indias en que se tratan las cosas notables del cielo, elementos, metales, plantas y animales de ellas y los ritos, ceremonias, leyes, gobierno y guerras de los indios de Joseph de Acosta (1540-1600) (Pantaleón Aznar, Madrid, 1792, 980 A26h3). La primera impresión de este libro se hizo en 1592, gozó de gran prestigio durante la Colonia. De Acosta, explica aspectos de la naturaleza que no se habían planteado por sus predecesores. Aborda aspectos sobre la minería, las plantas y es breve en la descripción de la fauna americana y hasta se cuestiona por las razones de la existencia de animales desconocidos en otras latitudes y por la forma en que se ha tergiversado el conocimiento sobre la población nativa:
Del tomo 2: libro sexto, capítulo primero: “que es falsa la opinión de los que tienen á los indios por hombres faltos de entendimiento: habiendo tratado lo que toca a la religión que usaban los Indios, pretendo en este libro escribir de sus costumbres, política y gobierno, para dos fines: el uno deshacer la falsa opinión, que comúnmente se tiene de ellos, como de gente bruta y bestial, y sin entendimiento, ó tan corto, que apenas merece ese nombre: del cual engaño se sigue hacerles muchos y muy notables agravios, sirviéndose de ellos poco menos que de animales, y despreciando cualquier género de respeto que se les tenga…”. De Historia natural y moral de las Indias.
Tanto en los bestiarios como en los relatos de historia natural, se describen a los animales con base en un conocimiento perteneciente a otras culturas, de esta manera, los autores de los bestiarios fueron influenciados por mitos y leyendas de India, Egipto, Israel, mientras que los de las historias naturales, por Roma y Grecia, al mismo tiempo que describieron aspectos de las naciones del Nuevo Mundo.
Esta es una pequeña muestra sobre el mundo maravilloso de los libros. Jorge Luis Borges en el prólogo de su libro De los seres imaginarios (con la colaboración de Margarita Guerrero, ilustraciones de Baldessari, Editorial Kier, Buenos Aires, 1967, 398.4 B67l), expresa:
“Un libro de esta índole es necesariamente incompleto; cada nueva edición es el núcleo de ediciones futuras, que pueden multiplicarse hasta el infinito.
Invitamos al eventual lector de Colombia o del Paraguay a que nos remita los nombres, la fidedigna descripción y los hábitos más conspicuos de los monstruos locales.
Como todas las misceláneas, como los inagotables volúmenes de Robert Burton, de Fraser o de Plinio. El Libro de los Seres imaginarios no ha sido escrito para una lectura consecutiva. Querríamos que los curiosos lo frecuentaran, como quien juega con las formas cambiantes que revela un calidoscopio”.
Les invitamos a consultar, disfrutar y, por qué no, completar con sus propios monstruos estas obras.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 264. Julio 2022