La música cautiva por su poder de comunicar y permitir vivir momentos únicos, sobre todo en esas raras ocasiones en las que hay ‘duende’ y se logra vibrar de una manera íntima y gratificante, individual y colectiva gracias al misterio que allí se crea. En ese sentido fue una sorpresa y gran experiencia poder estar presente el pasado domingo 7 de octubre en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, un domingo que terminó siendo extraordinariamente significativo y emotivo debido al concierto de los pianistas españoles Víctor y Luis Del Valle, hermanos originarios de Málaga, quienes desde mediados de la década pasada no han parado de cosechar triunfos.
En el escenario se encontraban dos pianos negros y la sala estaba prácticamente llena; alcancé a abrir el programa de mano y echar rápidamente un vistazo al repertorio previsto para ese día. De repente, entraron Víctor y Luis, quienes hicieron la venia al público, se sentaron cada uno frente al piano, Luis al lado derecho, Víctor al lado izquierdo y dieron inicio al recital. Desde los primeros instantes un estado de alegría y admiración se sentía en el ambiente gracias a estos dos músicos que, sin lugar a dudas, ofrecieron un concierto memorable para todos los que pudimos escucharlos y verlos ese día.
Víctor y Luis Del Valle interpretaron la primera y la última obra en dúo de pianos, la primera obra, escrita a principios del siglo XVIII, fue un preludio coral de Bach; la última fue La valse de Ravel, escrita a principios del siglo XX. Las dos obras de la mitad, es decir antes del intermedio y después de éste, fueron interpretadas en formato de piano a cuatro manos, una de Mendelssohn y la otra de Schubert, ambas compuestas durante la primera mitad del siglo XIX.
En el transcurso del concierto fue interesante contemplar cómo se iba revelando la identidad musical y el estilo interpretativo de estos dos pianistas cuya actitud es, aún siguiendo el protocolo de la llamada práctica común, arriesgada, potente y asombrosa por la seguridad que ambos músicos transmiten. Si bien los Del Valle conocen y respetan los estilos y técnicas del repertorio escogido, dejan muy clara su peculiar reapropiación del mismo. En general su interpretación del repertorio estuvo fluida y precisa en matices, dinámicas; fue sutil pero también asombrosamente apasionada y se caracterizó por momentos bastante poéticos y mágicos de una particular belleza musical.
La interpretación de la obra de Bach, a partir de un arreglo que hizo el dúo inspirado, a su vez, en el arreglo de Ferruccio Busoni, nos ofreció una versión muy bien lograda del preludio en la que pudimos apreciar un excelente manejo de contrastes sonoros, marcado por la sutileza y virtuosismo interpretativo del dúo. Posteriormente, el ambiente sonoro nos llevó al Romanticismo con la obra de Mendelssohn en la que la agilidad y sinergia de ambos pianistas se hizo todavía más evidente. Después del intermedio interpretaron la obra de Schubert. Durante los cuatro movimientos de esta obra la conexión y la sincronía entre ambos fue singularmente equilibrada, profunda. En varias ocasiones fue fascinante sentir que estos pianistas, más allá de estar dando un concierto, parecían estar viviendo muy íntima e intensamente a través de cada nota, cada silencio, cada gesto, una gran experiencia.
De principio a fin la musicalidad, la coordinación y en general la calidad artística fue muy buena; el nivel de complicidad se pudo observar y sentir también a través de la gestualidad y de las miradas entre Víctor y Luis, quienes poseen la facultad de ser sorprendentemente expresivos y apasionados. Sus rostros y cuerpos seguían casi simétricamente la música; las pausas, la respiración antes de comenzar, al finalizar una obra, la caída de sus manos dóciles y certeras en cada tecla del piano, fue un deleite.
Los hermanos Del Valle estaban felices, tranquilos, enérgicos, parecían estar jugando a crear música mientras le permitían a su público esa mañana vivir un inolvidable momento gracias a su increíble capacidad de expresar y comunicar su pasión y excelencia musical.
Programa en Bogotá
J. S. BACH: Amen, Amen, komm du schöne Freudenkrone de la cantata Nun komm, der Heiden Heiland, BWV 61. F. MENDELSSOHN: Cuatro piezas de la música incidental para Sueño de una noche de verano, Op. 61. F. SCHUBERT: Fantasía en fa menor, D.940. M. RAVEL: La Valse, M. 72.