Esta columna es sobre una canción de 1971: El derecho de vivir en paz, del cantautor chileno Víctor Jara (1932-1973). Pero para llegar a ella vamos a empezar evocando otra canción mucho más reciente: This is not America, del rapero puertorriqueño Residente, un recordatorio y un reclamo legítimo y de vieja data: «América no es solo USA (…) esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá». No es solo un asunto de lenguaje ni mucho menos de precisión geográfica. La apropiación de ‘América’ para referirse solo a los Estados Unidos —un sinsentido tan ridículo «como decir que África es solo Marruecos»— es un síntoma de por lo menos dos cosas. Por un lado, de las jerarquías raciales y culturales que han servido para sustentar el imperialismo del ‘coloso del Norte’, y por otro, de la forma en que los gobiernos estadounidenses han convertido el continente en su propia franquicia. O, como se diría en inglés, de cierto sentido de entitlement que, por cierto, es la misma expresión que se usa para hablar de un niño ‘malcriado’ que se siente con el derecho de tomar a su antojo las cosas de los otros niños cuando quiera y sin que nadie lo corrija.
This is not America, sin embargo, no es un mero llamado a la integración hemisférica. Al contrario, tanto la letra como el video de la canción ponen de manifiesto la paradoja y hasta la imposibilidad de una genuina unidad americana. Lejos de identificarse con su contraparte en Norteamérica, la experiencia de América Latina y de los latinoamericanos ha sido mucho más cercana a la de otros lugares y personas a lo largo y ancho del tercer mundo —lo que hoy suele llamarse el ‘sur global’— víctimas también, hasta hoy, de los estragos del colonialismo. Y aquí tenemos una primera clave para pensar en El derecho de vivir en paz ya que, en principio, la canción fue una muestra de solidaridad de cara a la guerra de Vietnam: «Indochina es el lugar más allá del ancho mar, donde revientan la flor con genocidio y napalm; la luna es una explosión que funde todo el clamor. El derecho de vivir en paz.»
Pronto no serían solo los vietnamitas a quienes se les arrebataría el derecho de vivir en paz. Dos años después del lanzamiento de la canción de Víctor Jara, Chile cayó presa de una de las dictaduras más crueles que le han tocado a nuestro continente. Con la complicidad del gobierno norteamericano de turno, Augusto Pinochet dio un golpe de estado que no fue otra cosa que un asalto contra la soberanía y la dignidad del país pues, en efecto, Salvador Allende había sido el primer presidente de línea marxista elegido democráticamente en el planeta. Llamar régimen de terror a las operaciones de tortura y persecución que se desataron desde entonces no le hace justicia a la magnitud de la barbarie. De repente, a lo chilenos se les allanó no solo el derecho de elegir en paz, sino de disentir, de cantar, de soñar y, claramente, de vivir. Entre millares de desaparecidos, el propio Víctor Jara fue una de las víctimas mortales más atormentadas durante aquellos días de espanto. De ello también da cuenta el video de This is not America, con una frialdad gráfica que hace vibrar los huesos pero que no resulta ser ni un atisbo de las atrocidades que sufrió en carne propia a manos de la dictadura.
Desde la muerte de Víctor Jara y hasta el día de hoy, El derecho de vivir en paz es un emblema del pueblo chileno, con una resonancia que se siente por toda América Latina. La canción cobró especial fuerza en Chile durante las protestas multitudinarias de 2019; y si bien las protestas respondían a coyunturas políticas y maltratos sociales —y policiales— recientes, también se nutrían de un propósito mucho más trascendental: desmantelar muchas estructuras administrativas forjadas durante la dictadura y que seguían vigentes con un hálito cínico de impunidad burocrática. La guerra de Vietnam, la dictadura de Pinochet y la muerte de Víctor Jara fueron escenarios cruentos definidos por una agenda inflexible por no dejar vivir en paz. Tristemente no han sido los únicos. A la vez que los pueblos latinoamericanos hacen de tripas corazón para no desfallecer de hambre, para levantar la cabeza, para defender su dignidad y para resistir, su derecho de vivir en paz sigue siendo ultrajado a manos de malos gobiernos, corrupción por doquier, impuestos cargados de injusticia social, tratados comerciales desventajosos para la producción agrícola local, brutalidad policial y nuevas dosis de intervencionismo norteamericano. Pero las voces no se rinden y las palabras de la canción de Víctor Jara se nos presentan como un impulso para afrontar el mañana: «Es el canto universal, cadena que hará triunfar. El derecho de vivir en paz.»
Parte 1 | Latinoamérica a lo Calle 13 »
Parte 2 | Antes de que nos olviden »
Parte 3 | Apesar de você… seguimos en pie »