El cuarteto de cuerdas suele ser sinónimo de espacios pequeños, de lo íntimo, lo introspectivo, lo privado, del dialogo sutil y serio entre amistades. A mediados del siglo XVIII, en Viena y otras ciudades europeas —coyuntura en la que se sitúa el inicio de la historia del cuarteto de cuerdas como un género distintivo— este se asociaba más con la recreación doméstica que con el placer que le pudiere generar a un público contemplativo. Pareciese contradictorio entonces que el Cuarteto Zaïde, conformado por Charlotte Maclet, Leslie Boulin Raulet, Sarah Chenaf y Juliette Salmona, tome su nombre de una ópera cómica, y por lo tanto de un género que evoca todo lo contario: lo teatral, lo espectacular, lo mágico, lo público y hasta lo popular. Pero transitar en esta paradoja es justamente la magia, en adición, por supuesto, al claro virtuosismo y sensibilité que ofreció esta agrupación francesa para el concierto transmitido gratuitamente en línea el pasado miércoles 14 de julio a través de las redes de Banrepcultural.
Si bien el programa presentado está estructurado alrededor de unas temáticas musicales claras —ambas piezas juegan con la forma sonata y la polifonía— tras escuchar la interpretación del Cuarteto Zaïde es claro que el hilo conductor es otro, y que tiene que ver más con la teatralización de lo íntimo, así como con la domesticación de lo operático. En efecto, son los gestos coreografiados, la familiaridad con que interactúan las cuatro artistas en el escenario al hablar y cantar a través de sus instrumentos, y la manera en que cada una de las instrumentistas pareciesen estar encarnando sutilmente a distintos personajes de acuerdo con el contexto musical, los que generan un ambiente performático ideal para este tipo de música y que, gracias a la tecnología digital, podemos observar con detenimiento. Esta meticulosidad escénica, que posa de natural, pero que es producto del ensayo, de la experiencia y de la familiaridad con el repertorio, invita a la audiencia tanto a proyectarse en esas conversaciones intimas propias de la música de cámara, como si en verdad fuéramos amigos de ellas, como a inventarnos una trama operática y hasta un proscenio lleno de objetos y vestimentas imaginarias.
Ahora, una persona conocedora de la obra de Mozart no dudaría en señalar el hecho de que Zaïde no es una ópera cualquiera, sino específicamente un singspiel (‘cantar tocando’), un tipo de montaje teatral que se caracteriza por intercalar partes cantadas con partes habladas. Y es a través de ese tránsito entre lo hablado (lo íntimo) y lo cantado (lo operático), en donde se empieza a resolver la paradoja codificada en el nombre de esta agrupación. Es más, este nombre también hace referencia al personaje principal del singspiel de Mozart, Zaida, una mujer esclavizada que intenta escapar del yugo del sultán Solimán, y cuyo destino, tras ser descubierta por el sultán, nunca se conoce, pues Mozart nunca completó esta obra. El desenlace de Zaïde es pues una trama sin resolver, una invitación fortuita a insertarnos en el tablado, similar a la que logra este cuarteto con su puesta en escena. Podríamos afirmar incluso que al encarnar a la desafiante Zaida, las integrantes subvierten aquellas normas sociales que relegaban a la figura de la mujer durante el siglo XVIII a ser espectadoras, pero no intérpretes de la música para cuarteto de cuerdas, algo que no cambiaría hasta las primeras décadas del siglo XX —de ahí que se tomen el nombre de Zaida y no el de Mozart, aunque bien podrían haberse llamado el Cuarteto Mozart al juzgar por su fabulosa interpretación del famoso cuarteto ‘La primavera’.
El concierto digital abrió con el Cuarteto de cuerdas No. 14 en sol mayor, K. 387, el primero de una serie de cuartetos que Mozart le dedicó a Haydn, y mediante el cual el Cuarteto Zaïde deja en claro por qué fueron ganadoras de competencias internacionales de mucho prestigio como lo es la Haydn Chamber Music Competition de Viena. La interpretación del Cuarteto Zaïde es ligera, prístina, ágil, jocosa y dramática a la vez, aunque sin excesos; todos los elementos que se esperan al escuchar un cuarteto de Mozart. El juego contrapuntístico que Mozart emplea en los cuatro movimientos y que es balanceado con la presencia casi omnipresente de cromatismos, los cuales el compositor usa como motivo y como gesto, son un deleite para el oído. El Andante cantabile es especialmente intrigante debido a su carácter antifonal, meditativo y hasta sombrío, quizás por la presencia más marcada del violonchelo, que tiene pasajes rápidos y que Salmona modula con seriedad, aunque nunca se siente pesado. Este movimiento provee un contraste impresionante con el dinamismo y luminosidad del Molto allegro — la pièce de resistance de este cuarteto de Mozart—donde la fuga es más un proceso que un fin en sí mismo.
La segunda obra interpretada por la agrupación, el Cuarteto de cuerdas en mi bemol mayor de Fanny Mendelssohn, de corte romántico y de influencia claramente Beethoveniana, transita en experimentaciones armónicas y formales osadas, que incluso llevaron a su hermano Félix Mendelssohn a criticar fuertemente a su hermana. Pero al oír esto en la segunda década del siglo XXI, la intrepidez artística de Fanny es envidiable. El segundo movimiento, que el Cuarteto Zaïde interpreta con bravura, es una joya musical llena de escapes contrapuntísticos y de texturas interesantes, como por ejemplo el uso indiscriminado de pizzicato (lo que ha llevado a muchos a comparar este cuarteto con el cuarteto ‘Arpa’ de Beethoven). Si bien esta pieza podría pensarse como algo más teatral, o por lo menos cargado de más pathos, que el cuarteto de Mozart, es interesante notar que la compositora nunca la llegó a escuchar en manos de otros debido a las restricciones sociales impuestas a una mujer en aquella época. Frente a las críticas de su hermano, Fanny escribió lo siguiente, en 1835: «Mis [obras] largas mueren en su juventud debido a su decrepitud; carezco de la habilidad de sostener ideas apropiadamente y de brindarles la consistencia que estas requieren». En manos del Cuarteto Zaïde, sin embargo, esta carencia que percibe Fanny Mendelssohn en su propia obra se transforma en un dinamismo poderoso, en una potente escenificación de la intimidad que logra escaparse de las garras del sultán (o de Mozart). En corto, Zaida vive y es libre. Esperamos con ansías otra visita—y ojalá presencial— del Cuarteto Zaïde a nuestros escenarios.
Programa
W. A. Mozart: Cuarteto de cuerdas No. 14 en sol mayor, K.387 ‘La primavera’.
F. Mendelssohn: Cuarteto de cuerdas en mi bemol mayor.