El pasado miércoles 20 de octubre el Banco de la República presentó, en el marco de la Temporada Digital de Conciertos, un recital a cargo del pianista barranquillero Eduardo Rojas. Con excepción de los Tres preludios de Gershwin, el crucero pianístico comandado por el virtuosismo de Rojas se desplazó en su mayoría por corrientes románticas pertenecientes al canon centroeuropeo que, aunque para nada homogéneas, reúnen elementos en común como lo son el dramatismo, el uso de dinámicas, y las emociones contrastantes y los cambios extremos de tempo. Inclusive, la Sonata para piano No. 2, Op. 19 de Scriabin tiene elementos expresivos que se asemejan más a la ‘Pátetica’ de Beethoven —sonata con la que Rojas abre el recital— que a la Sonata No. 4 escrita por Scriabin tan solo unos años después de la sonata seleccionada para esta ocasión.

Sin embargo, es realmente intrigante que Rojas haya puesto a la gran sonata ‘Patética’ como primera obra en el recital, como si el plato fuerte hubiese sido servido de entrada. Pero al adentrarse un poco más en el universo retórico del cual Beethoven hizo parte y que quiso plasmar al titular su sonata con el rotulo de Pathétique (una estrategia que contribuyó a que esta obra se popularizara rápidamente), podríamos decir que esta sonata nos sirve más bien como el punto de partida de una exploración estética y retórica de la idea de lo ‘patético’ y que Rojas desarrolla gradualmente durante todo el concierto.

Aunque el término ‘patético’ aludía a muchas ideas en la Europa del siglo XIX—desde un género teatral, hasta la expresión de un descenso inestable hacia lo sentimental, e inclusive un ascenso pasional hacia lo sublime a través de la tristeza y el sufrimiento— el programa interpretado por Rojas evoca un texto del mismísimo Schiller (autor del poema Oda a la alegría) titulado Sobre lo patético (1792). Como la reconocida musicóloga Elaine Sisman explica sobre dicho texto, Schiller propone que el rol del arte al representar lo patético no debería ser el de suscitar sufrimiento o angustia en sus oyentes, sino más bien el de generar una resistencia moral al sufrimiento. De tal manera, es la representación de la resistencia al sufrimiento la que en últimas instancias es ‘patética’, y, por lo tanto, cercana a lo sublime, algo que, según Schiller, nos ayudaría a mantener nuestra libertad ante un mundo cargado por pasiones y oscuridad.

Este juego retórico entre las representaciones del sufrimiento y de la resistencia a este se escucha con claridad en el diálogo interno que sucede al interior de la Patética de Beethoven. Esta inicia con el muy dramático Grave que Rojas teatraliza e interpreta con la sutileza, pausa y pesadez necesarias para expresar con efectividad el pathos romántico del sufrimiento. El Grave entra inmediatamente en un diálogo conflictivo con el Allegro con molto e con brio —y que en mi opinión le faltó más ‘brío’, algo que quizá tenga que ver más con la grabación y no con la interpretación de Rojas, pues el piano se escucha algo opaco y lejano, llevándonos por unas cataratas de emociones para finalmente ser interpelados nuevamente por la melancolía del Grave. Este es un gesto que Beethoven repite a lo largo del primer movimiento, como si nos resistiéramos a la stasis y desolación del Grave con la bravura del Allegro, solo para caer nuevamente en un escenario de duelo y dolor; y así ad infinitum. El segundo movimiento, Adagio cantabile es, en su mayoría, dulce y esperanzador. La interpretación de Rojas hace de este movimiento algo especial, pues sus manos realmente logran hacer cantar la melodía de tal manera que, al escucharla, nos sentimos protegidos de los ecos del Grave que nos persiguen como espectros. La pieza cierra con el Rondo-Allegro, en donde los contornos del Allegro del primer movimiento y el Adagio retornan con fuerza, aunque siempre asediados por el Grave, si bien cada vez más débil y lejano.

La impresión general que nos deja la ‘Patética’ es, sin embargo, una de melancolía profunda, una sensación que entra en juego dialéctico con los dos arreglos de Liszt de canciones de Schumann y Schubert, respectivamente. El primero, tal y como funciona el Adagio al interior de la sonata de Beethoven, brinda un aire cálido a la desolación, mientras que el arreglo de Gretchen am Spinnrade nos empuja nuevamente al borde del colapso emocional, pues la pieza retrata el laberinto emocional sin escapatoria en el que se encuentra Gretchen al enterarse del pacto que hizo su amado Fausto con Mefistófeles. Rojas interpreta ambos Lieder a la vez con extremo cuidado y con fuerza, una hazaña que es difícil de lograr. Es claro que para Rojas estas aguas románticas son familiares y no un triángulo de las bermudas.

Finalmente, algo similar sucede con la Sonata para piano No. 2, Op. 19. de Scriabin y los Tres preludios de Gershwin. La pieza del compositor ruso, que es una representación del océano, está cargada de pasajes delicados y ligeros, pero también de torrentes tempestuosos y pasionales. El final de la sonata, como en Gretchen am Spinnrade, está basado en un moto perpetuo que se repite y repite, dejándonos desesperanzados y desubicados, como si los espectros del Grave Beethoveniano nos acecharan en lo profundo de las aguas oceánicas. El final que ofreció Rojas, sin embargo, es en su mayoría esperanzador y lleno de vida, luz y movimiento, algo característico de Gershwin. Es como si Rojas usara a Gershwin para mostrarnos un camino para resistir al sufrimiento: una retórica patética modulada en clave de blues y de baião brasileño. Pero el último preludio, con el que cierra este concierto, aunque algo más ligero que las otras piezas, es de corte más bien ‘Chopinesco’ y un tanto sombrío, un gesto que nos deja con una cierta incertidumbre: ¿Sufrimiento o resistencia al sufrimiento? ¿Cuál ganó la batalla retórica? Parece que tendremos que esperar a que este músico de tan alto nivel visite la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, o se presente nuevamente en la temporada digital de conciertos para que nos resuelva la duda. Esperaremos con ansias ese momento.

Programa

L. v. Beethoven: Sonata para piano No. 8 en do menor, Op. 13 ‘Patética’.

R. Schumann (arr. F. Liszt): Widmung de Myrthen, Op. 25.

F. Liszt: Gretchen am Spinnrade, de Doce lieder de F. Schubert, S. 558.

A. Scriabin: Sonata para piano No. 2, Op. 19.

G. Gershwin: Tres preludios.

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Concierto de Eduardo Rojas - Temporada Digital de Conciertos 2021