El concierto virtual ofrecido por el violinista Benjamin Baker y el pianista Daniel Lebhardt estuvo integrado por la Sonata para violín y piano en sol mayor, Op. 96 de Beethoven y la Sonata para violín y piano No. 3 en re mayor, Op. 108 de Brahms. Estos extensos dúos están divididos cada uno en cuatro movimientos que evidencian cómo ambos compositores se fueron apartando de la tradición de intercalar movimientos rápidos y lentos para estructurar sus obras. Beethoven muestra en el tercer movimiento de su sonata una innovación al separar el scherzo de la estructura del minueto y presentar el trío al final del movimiento en vez de dejarlo, como fue costumbre, en la sección del medio. Este y otro tipo de innovaciones en el scherzo están presentes en sus cuartetos y sinfonías, pudiéndose considerar como un rasgo característico de su estética musical.
Como bien lo indican Baker y Lebhardt en la introducción al concierto, ambos duetos se caracterizan por establecer un diálogo entre los dos instrumentos, de tal forma que ambos comparten los roles de solista y acompañante al punto de que ‘cada uno termina la frase del otro’. Esto es un reflejo del entorno de la ‘música doméstica’ o Hausmusik en el cual se desarrolló la música de cámara durante el siglo XIX, caracterizado por la privacidad y la intimidad. Tal como lo expresa el término, esta música se hizo en la privacidad del entorno doméstico a donde llegaban los miembros del grupo social más cercano a la familia que ofrecía este tipo de conciertos y recitales. Asimismo, la situación entre los intérpretes y su público permitía una cercanía física que no podría lograrse de haber existido un escenario; la ausencia de una barrera entre los músicos y el público creó un ambiente de intimidad que permitió incluso escucharla con los ojos cerrados.
Algo que también resaltan Baker y Lebhardt en la introducción al concierto es el hecho de que han desarrollado un instinto que les permite a ambos anticipar el gesto interpretativo del otro sin siquiera mirarse. De hecho, si se mira el video del concierto una segunda vez, es posible darse cuenta de que la mayor parte del tiempo se están viendo periféricamente mientras que el contacto visual directo sucede de manera muy breve. Estas habilidades se desarrollan con el tiempo, especialmente cuando la agrupación permanece con los mismos integrantes y se estudia con detenimiento un determinado repertorio; en este caso resulta valioso saber que Baker y Lebhardt tardaron cerca de un año en el montaje de la sonata de Beethoven, hasta lograr el nivel de interpretación deseado por ellos.
La Sonata para violín y piano en sol mayor, Op. 96 de Beethoven conserva en todos sus movimientos su carácter pastoril en la claridad de sus melodías, las alusiones en el primer movimiento al canto de las aves y algunas referencias a la música popular en los dos movimientos finales. La jovialidad de esta sonata estriba también en que las melodías del violín y del piano están en el registro agudo, amén de que el toque es bastante ligero en ambos instrumentos —características que fueron bien llevadas por el dueto de Baker y Lebhardt. En esta sonata es posible escuchar algunos pasajes que bien podrían ser parte de una obra orquestal; no obstante, Beethoven mantuvo una textura ligera que permite la diafanidad de las melodías sobre el acompañamiento. A esta obra pastoril, jovial y ‘luminosa’, se contrapuso la Sonata para violín y piano No. 3 en re mayor, Op. 108 de Brahms que tiene un carácter más dramático y una sonoridad más oscura. Esta diferencia está dada por la oposición de registros pues, mientras el violinista toca en el registro agudo, el piano permanece en el registro grave. Y aunque en ambas sonatas se explora el lirismo de los intérpretes, en Brahms la textura tiene mayores relieves logrados a través de los acordes con acento. Otra diferencia apreciable estriba en el hecho de que Brahms utilizó un mayor número de pasajes líricos a doble cuerda, recurso ampliamente utilizado en los conciertos para violín de la segunda mitad del siglo XIX.
Ahora bien, es claro que Brahms conoció y usó un piano con varias diferencias técnicas y tímbricas del que conoció y ayudó a desarrollar Beethoven. El piano que utilizó Brahms era ya un gran piano de concierto con un mecanismo de mayor precisión, una sonoridad más profunda, una caja acústica que le permitía mantener por más tiempo la resonancia del sonido y producir un mayor contraste y control entre el forte y el piano. La ejecución de Daniel Lebhardt logra mostrar la diferencia entre ambos tipos de piano, detalle que acentúa la diferencia estilística y cronológica que hay entre ambas sonatas.
Me gustaría finalmente resaltar la intención que tiene el video de servir como documento de consulta. Las palabras iniciales de Mauricio Peña, jefe de la Sección de Música del Banco de la República, son importantes en tanto crean una memoria de la programación de la Sala de Conciertos, tanto como la entrevista concedida por los artistas que permite un análisis extenso de su actividad profesional y el acercamiento al repertorio desde la interpretación. Estos componentes permiten ampliar la experiencia del concierto hacia áreas que contribuyen a su mayor disfrute emocional e intelectual.
Programa
L. v. Beethoven: Sonata para violín y piano en sol mayor, Op. 96.
J. Brahms: Sonata para violín y piano No. 3 en re menor, Op. 108.