“El 6 de noviembre se celebra el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, pues la víctima olvidada de la guerra y los conflictos armados es el medio ambiente: bosques quemados o talados, pozos contaminados, acuíferos destruidos, suelos envenenados y animales sacrificados. Como señala el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, al menos el 40 % de los conflictos internos registrados en los últimos 60 años han tenido relación con la explotación de los recursos naturales, ya sea por su valor, como la madera, los diamantes, el oro, los minerales o el petróleo; como por su escasez, como la tierra y el agua. La ONU quiere concienciar sobre la importancia de la preservación del medio ambiente, como arma para preservar la paz y evitar los conflictos armados”

Las guerras interestatales por los recursos naturales, fuentes de agua, tierras fértiles y minerales están desde los primeros historiadores de la antigüedad como Heródoto (padre de la historia en Occidente). Esta obra, editada por el Foro Nacional Ambiental (FNA), intenta esclarecer y dar visibilidad a las relaciones medio ambiente-guerra. El FNA nació en 1997 como instancia de reflexión de carácter permanente que pretende otorgar a la sociedad civil un espacio de análisis sobre la política ambiental del país. Aquí se narra cómo la guerrilla colombiana se expandió por territorios privilegiados como “las plantaciones de coca en Putumayo, Caquetá y Guaviare; la explotación de petróleo en Arauca; las minas de oro en el nororiente antioqueño y sur de Bolívar; las plantaciones de banano en Urabá; las minas de carbón en el Cesar y las plantaciones de amapola en Cauca y Tolima”, por lo que comenzó un conflicto armado con paramilitares por estos territorios, ocasionando graves daños al medio ambiente y el desplazamiento forzado de sus habitantes. Todo esto debido a la baja presencia institucional del Estado, que además produjo una desaceleración de la investigación científica en el campo.

Esta monografía recorre el camino recorrido para reconocer el bien medioambiental, analizando el régimen jurídico internacional de los conflictos armados aplicable a la protección del medio ambiente. Se menciona la iniciativa de Rusia con el primer tratado multilateral moderno relativo a la prohibición de la utilización de ciertos proyectiles en la declaración de San Petersburgo (11 de diciembre de 1986), los protocolos de Ginebra de 1977 y las convenciones de los años veinte, entre otros. La relación entre protección ambiental y derecho internacional humanitario (DIH) en tiempos de conflicto ha generado desastres ecológicos irreversibles, por ello la necesidad de reforzar las normas para proteger la naturaleza en situaciones de guerra.
Se pretende con esta obra fortalecer los mecanismos internacionales que permitan sancionar de manera efectiva a quienes infrinjan las normas con amenazas como la contaminación química de la superficie terrestre, la contaminación marítima y atmosférica, y la destrucción de la tierra mediante minas y otros medios de combate, así como con las amenazas a las fuentes de abastecimiento de agua y otras necesidades de la vida. Así podremos enfocarnos en la protección que debemos asumir, no solo por la vida humana, sino por el entorno natural.

El libro ofrece una visión general de la extinción antropogénica y masiva de ciertas especies. Nuestras actividades humanas han sacado a muchas personas de la pobreza, pero el precio ha sido una pérdida de la biodiversidad de dimensiones desproporcionadas.
El autor destaca que la extinción de las especies desde la prehistoria coincide con la expansión de la civilización humana y, en especial, con la Revolución Industrial, que a mediados del siglo XIX aceleró el ritmo de destrucción. Las máquinas y no la tierra pasaron a ser los principales medios de producción. Además, la expansión caótica de las ciudades, las nuevas fábricas, la caza excesiva, la agricultura y la urbanización contribuyeron a la desaparición de numerosas especies. Broswimmer argumenta que el daño ambiental irreversible debería ser considerado un crimen por sus consecuencias catastróficas a largo plazo.
Debemos tomar conciencia de que destruyendo la biodiversidad nos destruimos a nosotros mismos y del hecho de que el mundo se está convirtiendo en una tierra baldía ecológica de especies exterminadas, hombres expulsados de bosques, urbanizaciones atestadas y millones de hectáreas de pastos degradados y ríos envenenados, así que el desafío está planteado y el ecocidio es enorme.

Este libro plantea el conflicto armado interno colombiano, evidenciando rasgos y actores que se presentan en dos grandes partes: responsabilidad internacional y protección ambiental. La primera parte evidencia diferentes rasgos de la responsabilidad internacional: por violaciones a derechos humanos, conflictos armados y daños al medio ambiente, ya sea de empresas multinacionales o Estados. Además, se plantea la protección a los niños en el conflicto armado y la etapa posterior a una condena internacional de un Estado En la segunda parte se evidencian rasgos de protección ambiental: su relación con el control de constitucionalidad, el rol de las comunidades indígenas, los desafíos en el posconflicto y la acción de cumplimiento. Así, la obra expone realidades actuales que afligen a la sociedad en general, no solo en Colombia, sino también en diferentes partes del mundo. Esto, debido a que se evidencia la magnitud que han tenido diferentes hechos a lo largo de la historia y la importancia con la cual deben ser afrontadas, específicamente en relación con el ambiente y los derechos humanos.
En Colombia, la lectura del conflicto debe pasar por varios lentes para lograr la comprensión del fenómeno de un posconflicto que no termina de aferrase a la realidad del país. La identificación de los grandes debates a los que se enfrenta Colombia en tiempos de paz, en tiempos de guerra y en tiempos de posconflicto ha dirigido la realización de esta obra.

Este material abarca diferentes visiones para analizar el papel del Estado en los conflictos armados, así como las pérdidas y los profundos dolores en las víctimas. Por otro lado, revisa las actuaciones de los autores no estatales, como grupos insurgentes, autores privados y organizaciones internacionales.
Se analizan aspectos jurídicos, políticos, sociales y éticos, lo que proporciona un marco amplio para entender los retos y las limitaciones del derecho internacional humanitario (DHI). Concluye que el DHI es una herramienta esencial para limitar la barbarie de la guerra, pero urge a la comunidad internacional reforzar, implementar y adaptar a los nuevos desafíos globales. Aunque tiene enfoque académico, los autores no dudan en criticar los vacíos del DIH.
Complementamos estos materiales bibliográficos con la mención del evento que se llevó a cabo en Cali entre el 21 de octubre y el 1.º de noviembre, la COP 16, para el que Colombia fue elegido como sede por ser el segundo país más biodiverso del mundo. Se tenía como misión exhibir ante más de 200 países invitados que es una nación que protege sus ecosistemas y la fauna que puebla el territorio.
¿Qué es la COP 16?
La Conferencia de las Partes (COP) es un órgano de la Convención del Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que se reúne anualmente para abordar la crisis climática a nivel global. Usualmente, en este evento, los países miembros se comprometen a discutir y negociar acuerdos sobre medidas para mitigar el cambio climático, adaptarse a sus impactos y proporcionar apoyo financiero y tecnológico a otros países más vulnerables.
Así, la Subgerencia Cultural del Banco de la República se unió a este importante evento con programación y contenidos en torno a biodiversidad, medio ambiente y culturas de paz que puede consultar en el siguiente enlace.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 292. Noviembre 2024