El pasado jueves 13 de septiembre, el concierto de la Serie de los Jóvenes Intérpretes del Banco de la República estuvo a cargo de la cantante Laura Chaparro, quien estuvo acompañada en el escenario por la recientemente conformada agrupación Pa’sus tres conformada por Jefferson Jerez en el tiple, Gabriel Chaparro en la guitarra y José Luis Torres interpretando la flauta traversa. Igualmente, en el concierto participó César Murillo, un percusionista invitado que en algunos de los temas tocó también el bajo eléctrico.
Gran parte de las dieciséis obras que conformaron el repertorio interpretado esa noche fue de músicos colombianos, algunos contemporáneos como Martha Gómez y Édson Velandia, otros menos como Luis Uribe Bueno o Jorge Villamil. Esto le dio en ocasiones matices interesantes al ambiente musical del concierto pues, además de que Chaparro y los integrantes de Pa’sus tres hayan hecho arreglos de los temas, la variedad generacional de los compositores permitió, hasta cierto punto, presenciar un concierto musicalmente heterogéneo.
Hubo algo interesante esa noche que hace alusión, entre otras cosas, al aspecto individual y colectivo en el trabajo creativo de músicos cuando se hace el montaje de un repertorio determinado y, paralelamente, el rol protagónico que juega muchas veces ‘la’ cantante en una propuesta musical. A partir de lo anterior surge la siguiente pregunta: cuando se habla de la propuesta artística de una cantante, ¿qué tan importante o determinante es el trabajo colectivo en la preparación y presentación de un concierto, así el rol principal de la propuesta sea el de la voz?
En la portada del programa de mano del concierto se observa una joven mujer, sonriente, sola, sin embargo al entrar en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en el escenario había cuatro sillas y una variedad relativamente llamativa de instrumentos. A las 7:30 p.m., Laura Chaparro, elegante con un vestido largo blanco con flores, entró de primera al escenario seguida de cuatro jóvenes hombres intérpretes, ellos vestidos prácticamente de la misma forma, negro y alpargatas de colores fuertes. La ubicación en el escenario por parte de los músicos no fue ‘extraña’. Es decir, los músicos acompañantes se ubicaron detrás de la cantante; eso no permitió por ejemplo que hubiese un contacto visual y cómplice entre ella y los músicos que la acompañaron esa noche. Por otra parte, fue Chaparro quien a lo largo del concierto se dirigió al público, nadie más lo hizo; claramente ella era la artista principal esa noche. Al iniciar el concierto, la voz y la actitud en el escenario de Chaparro se impusieron; tiene una voz potente, afinada, con carácter y los músicos que la acompañaron son instrumentistas versátiles que en el transcurso del concierto alternaron la interpretación de diversos instrumentos.
En general, la interpretación de las obras por parte de los músicos fue buena. Sin embargo, el acople en la interpretación de los cinco intérpretes no siempre se sintió; por momentos hizo falta sincronía y complicidad, así como fluidez en la musicalidad transmitida. Sobresalió la interpretación de la obra El billetico de Velandia, tema que de hecho fue repetido al final del concierto. En esa obra los músicos parecieron curiosamente más conectados entre sí, desde la gestualidad más relajados, más sonrientes, y hubo más miradas cómplices entre ellos.
Dado que durante la interpretación de algunos de los temas por momentos se sintió una desarticulación entre la cantante y los demás intérpretes, volvemos a subrayar la importancia del trabajo creativo en el montaje entre músicos precisamente si no se trata de una agrupación formalmente conformada. En efecto es diferente hablar de una agrupación en donde prima lo colectivo, a una concepción individual del ‘hacer música’ en la que sobresale el rol de una cantante que acude a unos instrumentistas para que la acompañen; en ambos contextos la colectividad se vive o asume de forma distinta.
Finalmente, es de resaltar que Laura Chaparro haya dado importancia al hecho de presentar brevemente los compositores y los temas escogidos para el concierto de esa noche, haciendo énfasis en las letras que hablan sobre experiencias de vida, aspectos de la cotidianidad, reflexiones sobre situaciones diversas. Como sugerencia y en relación a lo anterior, creo que sería bueno asumir de forma aún más comprometida el hablar sobre las motivaciones en la escogencia del repertorio así como el hecho de presentar tanto los compositores como las letras para que haya realmente un aporte y un intercambio con el público desde esa perspectiva.
Programa
J. J. CLARO: El indio y la cholita. A. CASTRILLÓN: La soledad. G. DÍAZ: Podré. M. GÓMEZ: La esperanza canta. J. HERNÁNDEZ: La fundadora. L. M. POSADA: El vuelo. J. VILLAMIL: Me llevarás en ti. J. VELOSA: El chirimóyilo y la guayábula. L. URIBE: Te extraño. D. HERNÁNDEZ: Todo tú me duele. A. HENAO y L. C. GONZÁLEZ: Camino y tarde. É. VELANDIA: El billetico. M. I. SAAVEDRA: Lástima. C. A. ROZO: El campesino. J. HERNÁNDEZ: Viejo soguero. A. M. RESTREPO, B. RESTREPO y L. VALENCIA: La montera.