En 1989, Hernando Caro Mendoza publicó un listado de los compositores académicos colombianos más relevantes de su tiempo, que incluyó un breve catálogo de sus obras más destacadas. Esto fue posible gracias al constante ejercicio de crítica musical que ejerció Caro Mendoza al lado de su colega Otto de Greiff. La información puesta allí, fue replicada, casi sin alteración, en diferentes publicaciones como enciclopedias, artículos de prensa y páginas web, sin que sobre este se hiciera algún tipo de trabajo crítico posterior que le permitiera al menos renovarse.

Los listados musicales son ampliamente usados en la música popular, permitiéndole a esta poder establecer las tendencias de consumo de sencillos, álbumes, videos, artistas y grupos más relevantes de cada género musical. De esta manera, pueden establecer los grandes éxitos musicales que marcaron determinada década. Esta práctica no ha sido ajena a la música académica, que cuenta también con sus propios medios y escalas de medición. Sin embargo, las mediciones a nivel global han permitido revelar, por ejemplo, que en China y Corea del Sur el consumo de música clásica y de ópera son géneros que ocupan el cuarto y sexto renglón en la escala propuesta por la IFPI. Situación que difiere del panorama latinoamericano. En México, hay un muy bajo consumo de música académica (clásica y ópera), al punto de no estar en los primeros diez renglones de consumo de la IFPI, pese a que este país es uno de los mayores consumidores de música a nivel mundial.

En Colombia, la Cámara de Comercio creó una lista que presenta la medición del consumo de veintisiete géneros musicales. En esta lista, la música clásica ocupa el decimotercer renglón, mientras que la ópera ocupa el vigésimo primero. Una compleja combinación de factores que implican la frecuencia de programación de obras de compositores colombianos (en estreno y temporada), la ausencia de circuitos de conciertos que permitan superar barreras regionales, el bajo cubrimiento de la prensa, una crítica musical de bajo alcance, la dificultad en la apertura y sostenimiento de medios especializados en música académica, la baja inversión económica, además de una mínima producción musical anual (generalmente asociada a proyectos de investigación-creación universitarios), dificultan que en general tengamos un alto impacto nacional, que restringe igualmente nuestro alcance global.

Elaborar un nuevo listado de obras y compositores académicos, comporta aquí más campos que el anecdótico o historicista. Ciertamente, hay una necesidad primordial por poner de relieve las nuevas composiciones, como también, aquellas que hoy estamos redescubriendo gracias a la investigación. Sin embargo, la crítica musical sobre las fuentes existentes juega un papel importante en este ejercicio. Asimismo, este listado tiene la opción de convertirse en una fuente de consulta para los programadores de teatros, salas de concierto, y de certámenes como festivales y concursos. Personalmente espero que se abra un foro de discusión a partir de este ejercicio, siendo consciente de que muchas buenas obras y compositores quedarán fuera del mismo.

 

Consulta más artículos de esta serie:

Parte 1 | De lo antiguo y lo nuevo de la música académica colombiana »

Parte 2 | Obras de gran formato »

Parte 3 | Obras corales y vocales »

Parte 4 | Obras de cámara »

Parte 5 | Música contemporánea »

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Foyer sala de conciertos, encuentro de compositores colombianos.