Novena para el Aguinaldo por el P. F. Fernando de Jesús

Novena para el Aguinaldo 
por el P. F. Fernando de Jesús
Imprenta de J. A. Cualla, Bogotá, 1843, 
Sala de Libros Raros y Manuscritos 
248.143 L17n4
 

ADVERTENCIA

Es conveniente, que los fieles esperen la venida del Señor, confesando y comulgando en esta Novena, teniendo todos los días á lo menos una hora de oración, y haciendo algunas mortificaciones, para que dispuestas las almas con devotos ejercicios, logren del Cielo benignas influencias.

[Novena para el Aguinaldo por el P. F. Fernando de Jesús, Imprenta de J. A. Cualla, Bogotá, 1843, Sala de Libros Raros y Manuscritos 248.143 L17n4].

La fiesta de la Navidad —del latín nativitas que significa natividad o nacimiento— se remonta a los festejos por el solsticio de invierno, fiesta cósmica para conmemorar la fecha en la que las tinieblas son vencidas por la luz. Dependiendo de la correspondencia con el calendario, el evento del solsticio de invierno o solsticio hiemal —en el que el día es el más corto del año y la noche la más larga—, tiene lugar a partir del 21 de diciembre todos los años en el hemisferio norte, y a partir del 21 de junio en el hemisferio sur.

The gods of the Greeks

The gods of the Greeks
Thames and Hudson, 
Londres, 1976, 292.08 K37g
 

Un hecho mítico asociado con el cambio de estaciones, los equinoccios y solsticios, es la historia de Perséfone con Deméter y Hades que se ha inscrito al cambio de las estaciones y el paso perenne de la vida hacia la muerte y de vuelta a la vida otra vez; es decir, los cambios del verano a los meses de invierno y el retorno de la vida en la primavera, como los ciclos de la agricultura. Basados en estos ciclos aparecieron los rituales de los sagrados misterios eleusinos: ritos de iniciación anuales relacionados con el culto a las diosas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis, un lugar situado cerca de Atenas. De hecho, los símbolos del culto eran las espigas y una antorcha, que recordaban la búsqueda de Perséfone realizada por Deméter. El relato se puede leer en el ejemplar que reposa en la BLAA: El nacimiento de las estaciones (Ediciones El Naranjo, México, 2007, I292 L67n), en el que Chiara Lossani plantea la misma pregunta de los antiguos griegos: ¿por qué la naturaleza muere en invierno y renace en primavera? Ellos respondieron contando una historia de amor entre una madre y una hija, que sucedió cuando en la Tierra había una sola estación: el verano. Es un texto inspirado en el himno a Deméter de Homero y fragmentos órficos —creencias atribuidas al mítico poeta Orfeo—, temáticas a las que hace referencia Karoly Kerényi en Los dioses de Grecia que se puede consultar en inglés en la Biblioteca (The gods of the Greeks, Thames and Hudson, Londres, 1976, 292.08 K37g).

Por otra parte, la celebración de la Navidad fue establecida por el catolicismo romano durante el reinado de Constantino (c. 325), con una presencia de sincretismo entre cristianismo y elementos egipcios, babilónicos y romanos explicados por Joseph Campbell en Las máscaras de Dios, considerada un “clásico monumental”, obra que versa sobre mitología comparada de más de 2.600 páginas. El texto es fruto de más de diez años de trabajo de su autor, en las que cubre desde los inicios de la especie humana hasta el segundo tercio del siglo XX en cuatro volúmenes: mitología primitiva, mitología oriental, mitología occidental y mitología creativa —los tres primeros tomos reposan en la BLAA—. En el segundo volumen relata:

Bajo el reinado de Constantino, al cristianismo se le concedió un estatus igual al de las religiones paganas del imperio, pero medio siglo después, en el reinado de Teodosio el Grande (379-395) se afirmó que era la única religión permitida; y así se inauguró por decreto imperial el periodo que desde entonces se ha conocido la Edad Media. [Ediciones Atalanta, Girona, 2017-2018, 291.13 C15m6].


las-mascaras-de-dios-I-II-III-IV-portadas.jpg

Las máscaras de Dios de Campbell. Volumenes I, II, III y IV

En el tercer volumen 3 de Las máscaras de Dios, Campbell explica la relación de la Navidad con mitos de Persia y Egipto:

La costumbre actual de celebrar la Natividad el 25 de diciembre parece que no se instituyó hasta el año 353 o 354, en Roma, bajo el pontífice Liberio, posiblemente para absorber el festival del nacimiento de Mithra de la roca madre. Porque el 25 de diciembre señalaba en aquellos siglos el solsticio de invierno, de forma que ahora Cristo, como Mithra y el emperador de Roma, podía ser reconocido como el sol ascendente. Así, tenemos dos mitos y dos fechas de la escena de la Natividad, el 25 de diciembre y el 6 de enero, con asociaciones que señalan por un lado a Persia y por otro a la antigua esfera egipcia. (pág. 449)

Como las celebraciones a Saturno en Roma llegaban a su apogeo el 25 de diciembre, en 350, el papa Julio I, pidió celebrar el nacimiento de Jesús en esa misma fecha, de tal forma que se facilitara la conversión de los romanos al cristianismo sin abandonar sus festividades, y fue el papa Liberio quien decreta este día como el nacimiento de Jesús de Nazaret en 354. La primera mención de un banquete de Navidad en tal fecha en Constantinopla data de 379, bajo Gregorio Nacianceno.

Zend-Avesta o sobre las cosas del cielo y el más allá desde el punto de vista de la contemplación de la naturaleza

Zend-Avesta o sobre las 
cosas del cielo y el más allá 
desde el punto de vista de la 
contemplación de la naturaleza
Gustav Theodor Fechner 
(Verlag von Leopold Voss, 
Leipzig, 1922, 201 F32z).
 

También, el 25 de diciembre se celebraba entre los persas y posteriormente en Roma el nacimiento de Mithra, divinidad que también había nacido en una gruta sobre un pesebre. Del dios Mithra se dice que “Ascendió a los cielos, donde mora; a su llamada, los muertos se alzarán en la tierra en donde se hallan sepultos y serán juzgados. Aquellos que durante su vida intentaron hacer el bien y vivieron para ello, subirán al Reino de los Cielos, más los malignos y perversos, descenderán a las Tinieblas” (Zend Avesta, cap. XIX). El texto completo se puede consultar en la sala de Libros Raros y Manuscritos, Zend-Avesta, oder Über die Dinge des Himmels und des Jenseits vom Standpunkt der Naturbetrachtung (Zend-Avesta o sobre las cosas del cielo y el más allá desde el punto de vista de la contemplación de la naturaleza) de Gustav Theodor Fechner (Verlag von Leopold Voss, Leipzig, 1922, 201 F32z).

Por su parte, E. Roízton Pike, reconocido historiador de las religiones y autor del Diccionario de religiones (Fondo de Cultura Económica, México, 1960) que se puede consultar en Casa Gómez Campuzano con el número topográfico R290.03 D42, asegura que “los persas y los egipcios, los fenicios y los sirios, los griegos y los romanos, los mexicanos y los peruanos, los hindúes y otros pueblos; celebraban en aquel día el parto de la reina de los cielos, la Madre celestial y el nacimiento de su hijo, del Dios Solar” (p. 22). Destacamos apenas algunos elementos de algunas culturas en los que está presente el espíritu de la Navidad que, a propósito, también proviene de una tradición celta que narra la historia de un ser de belleza extraordinaria que viajaba repartiendo regalos y bendiciones. Se cree que su visita se realizaba al llegar el solsticio de invierno, entre el 21 y el 25 de diciembre.

Diccionario de religiones

Diccionario de religiones 
Fondo de Cultura Económica
México, 1960

Se destacan las Saturnales (en latín Saturnalia), importante festividad de los romanos en honor a Saturno, dios de la agricultura, del 17 al 23 de diciembre. A la luz de las velas se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz o nacimiento del Sol Invictus —dios Mithra—, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio). Con estas festividades se conmemoraba la finalización de los trabajos del campo y el inicio de un tiempo de descanso, incluso para las personas que realizaban trabajos domésticos. La fiesta se celebraba con un sacrificio en el templo de Saturno, en el Foro Romano y un banquete público.

Los griegos, por su parte, festejaban el nacimiento de Dionisos o Baco un 25 de diciembre, cuando lo gestó una virgen, la Magna Mater. Se puede consultar Religión griega, arcaica y clásica de Walter Burkert (Abada Editores, Madrid, 2007, 200.938 B87r).

En la cultura mexica (náhuatl o azteca), el solsticio de invierno se relaciona directamente con el nacimiento del niño Mexi Huitzilopochtli, principal deidad mexica que representa la esperanza del nacimiento del nuevo sol. Huitzilopochtli es representado como un poderoso y joven guerrero de piel azul que porta la imagen del colibrí en sus atuendos, pues su espíritu es nahual. A diferencia de otras deidades aztecas, Huitzilopochtli no tiene equivalentes en otras culturas mesoamericanas, lo que lo convierte en una deidad originaria de Tenochtitlán. Invitamos a consultar los tres volúmenes de Historia general de las cosas de Nueva España de Bernardino de Sahagún (Editorial Nueva España, México, 1946, 972.01 S14h2).

Nueva crónica y buen gobierno

Nueva crónica y buen 
gobierno de Felipe Huamán 
Poma de Ayala.
Reproducción facsimilar 
en español antiguo, 
Institut D’Ethnologie, 
París, 1936, 985 P65n2 

Además, en la zona andina, durante el solsticio de diciembre, los pueblos celebran el inicio del año incaico: el Cápac Inti Raymi (en quechua: Qhapaq Inti Raymi), una fiesta religiosa incaica en honor al Sol que se llevaba a cabo en el mes de diciembre, donde se realizaban sacrificios de animales, se bebía chicha de jora, se mascaba coca y se bailaba. Corresponde al duodécimo mes del calendario inca. Y está bellamente ilustrado en Nueva crónica y buen gobierno de Felipe Huamán Poma de Ayala (reproducción facsimilar en español antiguo, Institut D’Ethnologie, París, 1936, 985 P65n2).

Atlas histórico del mundo celta

Atlas histórico del mundo 
celta de Angus Konstam 
Edimat Libros, Madrid, 
2006, 911.364 K65a
 

En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule, que designaba el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo. En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas, se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.

Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un tronco largo de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. Los antiguos celtas creían que los árboles de encina y roble eran sagrados y que, de estos, los druidas —sacerdotes celtas guardianes de las tradiciones— recogían el muérdago, hierba de la que se creía que tenía propiedades místicas y era utilizada en rituales de celebración, especialmente durante el solsticio de invierno, como símbolo de fertilidad y protección. Yule y Yuletide se asemeja a la festividad de yalda (fiesta invernal iraní). Las casas de los escandinavos, durante el Yule, se decoraban con adornos un árbol de hoja perenne para representar el Yggdrasil, el árbol de la vida o del universo en la mitología nórdica, tradición que dio lugar a los arbolitos de Navidad en nuestros países. Para mayor ilustración sobre los celtas, está disponible el Atlas histórico del mundo celta de Angus Konstam (Edimat Libros, Madrid, 2006, 911.364 K65a).

También se conoce que la tradición del árbol de Navidad tiene sus raíces en la Alemania medieval, donde se adornaban árboles con manzanas y velas. La historiadora Penne L. Restad, en Christmas in America: A History (Oxford University Press, Nueva York, 1995, 394.268282 R37c), explora cómo la inmigración alemana trajo esta costumbre a América, transformándola en la práctica que conocemos hoy, y que incluso Martín Lutero decoró un árbol con manzanas durante las festividades.

El pesebre

Francis of Assisi: The Life and Afterlife of a Medieval Saint”

Francis of Assisi: 
The Life and Afterlife of a 
Medieval Saint
The Catholic Historical 
Review, vol. 99, n.º 2, 2013, 
pp. 342-343, 
número topográfico 6835
 
 

La representación del nacimiento de Cristo es una tradición de la Iglesia católica que tiene más de ocho siglos de historia. Comenzó con el Belén de San Francisco de Asís en 1223, situado en Greccio (Italia), quien, en 1223, solicitó la autorización del papa Honorio III para realizar la escena de forma viva con la intención de exaltar la humildad del trascendental evento. Para profundizar, se puede consultar el artículo de André Vauchez: “Francis of Assisi: The Life and Afterlife of a Medieval Saint” (The Catholic Historical Review, vol. 99, n.º 2, 2013, pp. 342-343, número topográfico 6835, disponible en línea ingresando por Descubridor).

San Nicolás o Santa Claus

San Nicolás (detalle del ícono ruso)

San Nicolás 
(detalle del ícono ruso), 
el santo Nikolái, arzobispo 
de Mirlikiski y los santos de 
Rostov Isaías y Leonti con 
la hagiografía de Nikolái. 
Catálogo de la exposición 
500 años de arte ruso, 
íconos de la Galería Tretyakof 
de Moscú.
Banco de la República
Biblioteca Luis Ángel Arango
2002, 704.9482 B41q. 
 

El san Nicolás bizantino es percibido completamente como propio en Rusia y fue el santo más venerado de este país en íconos de diferentes siglos. Fue arzobispo de Myra en Licia (actual Turquía). Vivió a finales del siglo III y principios del IV, y se hizo famoso por su piadosa forma de vida, su profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras —por eso los iconos lo representan a menudo con una Biblia en las manos— y su gran amor y compasión por la gente. Durante su vida realizó milagros para ayudar a los demás. En Occidente, san Nicolás es conocido como Santa Claus, mientras que en Rusia se le llama Nicolás el Maravilloso.

De otra parte, en Finlandia existe la creencia de que los antiguos escandinavos sacrificaban una cabra al dios Thor como ofrenda durante las festividades por el solsticio de invierno. Más adelante, la cabra era la que portaba ofrendas y ya para el siglo XIX, la cabra se transformó en un anciano que repartía regalos.

Villancicos

Partitura

Partitura

La palabra villancico tiene un origen popular, deriva de la palabra villa y a su vez del latín villanus. Sin embargo, el origen de los villancicos no estuvo ligado a la Navidad. Estas era canciones populares que trataban todo tipo de temas cuando comenzaron a popularizarse en España y Portugal durante la Edad Media y el Renacimiento. Estos poemas fueron musicalizados por importantes compositores como Juan del Encina, Mateo Flecha o Gaspar Fernandes, entre otros. Los villancicos se constituyeron en uno de los tres principales géneros de la lírica española popular, junto con las cantigas y las jarchas mozárabes.

Algunos villancicos renacentistas se recogieron en manuscritos y volúmenes antológicos llamados Cancioneros, entre los que se destacan el Cancionero general y los de Palacio, Linares, Medinaceli, Colombina o Upsala. En la BLAA reposa el Cancionero de Uppsala, transcripción de Rafael Mitjana, con estudio introductorio sobre la poesía y la técnica musical por Leopoldo Querol Rosso, una partitura y facsímil con la transcripción (Instituto de España, Madrid,1980, sala de Música MI10253). En la misma sala se puede consultar la partitura de Brincan y bailan, arreglo coral de Blas Emilio Atehortúa (Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja, 1968, MI3136).

Sobre Noche de paz, villancico conocido en el mundo entero, se sabe que su letra fue escrita en alemán por el sacerdote católico Joseph Mohr, que Franz Gruber compuso su música y que fue interpretado en 1918. Además, este villancico se ha traducido a 330 idiomas. En la Sala de Música se puede consultar su partitura, en arreglado para canto, piano, tiple y guitarra por Helena Alonso de Granados (Los promeseritos, c. 1950, MI2832).

Novena de aguinaldos

Novena al Niño Dios para el tiempo de los aguinaldos

Novena al Niño Dios 
para el tiempo de los 
aguinaldos, arreglada por 
un devoto, sobre la antigua 
que compuso el R. P. 
Fernando de J. Larrea, 
franciscano.
Tipografía Apolo
Bogotá, c 1950, 264.7 N69a8
 
 
 
 

Su autoría se adjudica a fray Fernando de Jesús Larrea, sacerdote ecuatoriano, quien la escribió 1725 a solicitud de Clemencia de Jesús Caycedo Vélez, fundadora del Colegio La Enseñanza de Bogotá.

Sobresale la edición de finales del siglo XX que incluye los gozos, escritos por la madre María Ignacia, quien realmente se llamó Bertilda Samper Acosta, hija de José María Samper y Soledad Acosta, además de religiosa era poeta y prosista.

Por último, recomendamos la consulta de La novena del Niño Dios en Colombia, historia de una devoción y tradición navideña de finales de siglo XVIII a nuestros días de Fabián Leonardo Benavides Silva y Daniel Esteban Unigarro Caguasango, en cuyo prólogo, Juan Luis Mejía Arango, ministro de Cultura entre 1999 y 2000, escribió:

A la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora y al Instituto de Estudios Socio-Históricos Fray Alonso de Zamora, de la Universidad Santo Tomás, nuestro agradecido reconocimiento por este trabajo documentado y metódico, que se hunde, como raíces en las profundidades de la tierra, en la historia religiosa y evangélica del Nuevo Reino de Granada, para extraer la nueva savia requerida para nutrir la mentalidad de los colombianos llamados a reflexionar sobre sus valores fundamentales” [Universidad Santo Tomás - Instituto de Estudios Socio-Históricos Fray Alonso de Zamora, Bogotá, 2017, 264.7 B35n].

¡Felices fiestas!

*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 293. Diciembre 2024

Imagen principal Media
Atlas histórico del Mundo de los Celta
No convertir a WebP
Desactivado