El pasado jueves 29 de agosto, Daniel Santiago Guerrero ofreció un concierto en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes del Banco de la República. En el programa, Guerrero incluyó obras para flauta sola y dueto con piano. En la primera parte escuchamos Fantasía en fa sostenido menor No. 10 de Georg Phillip Telemann, Canciones melancólicas del colombiano Juan Carlos de la Pava, Mei del japonés Kazuo Fukushima, y Fantasía, Op. 79 de Gabriel Fauré, y en la segunda parte la Sonata en la mayor para flauta y piano de César Frank.

Creo que hubiera sido mejor para Guerrero haber iniciado el concierto con las Canciones melancólicas para flauta y piano, teniendo en cuenta que estaba realmente afectado por la altitud de Bogotá, notoria en su interpretación de Mei, donde se requiere poder hacer sonidos de larga duración en el registro grave de la flauta. Esta estrategia hubiera ayudado por lo menos a camuflar —que no a minimizar— su afectación por la altitud. También hubiera sido mejor haber puesto a Telemann en tercer lugar después de Mei, pues esta fue la única obra en estilo barroco, y al haberla tocado al inicio, hizo que no se sintiera integrada a las demás; de haber estado después de Mei, se hubiera logrado un buen contraste entre las obras, pues los opuestos se atraen. Sin embargo, celebro que se hubiera puesto la Fantasía de Fauré como obra de cierre al final de la primera parte.

Es oportuno destacar la labor de Juan Carlos de la Pava como pianista acompañante, quien a su vez es el compositor de las Canciones melancólicas. El equilibrio de la sonoridad del piano frente a la flauta fue lo deseable, pero lo que más me gustó fue que lograron varios momentos de verdadera mímesis sonora, especialmente en Fauré y en el cuarto movimiento de la sonata de Franck, cuya calidez hubiera sido deseable que estuviera presente desde el primer movimiento. De paso, debo felicitar también a De la Pava por su obra; si bien ésta es la primera obra que escucho de él, me pareció que hizo buen uso de los efectos sonoros, pues éstos ayudaron al lirismo que se espera de una obra inspirada en la melancolía.

A mi juicio, el palmarés se lo ha llevado la Fantasía de Fauré. La interpretación de los pasajes de mucha velocidad, la afinación, el manejo escénico y la sonoridad lograda son para destacar. También me gustó la interpretación de la Sonata de César Franck, su elección de tiempos, el buen sonido orquestal del piano, ese glorioso pasaje contrapuntístico del cuarto movimiento, siguen presentes en mi memoria. Me hubiera gustado sí, una puntuación más exagerada, o por lo menos más notoria, en la interpretación de las Canciones melancólicas y de Mei. Y con puntuación me refiero a lograr pausar antes de pasar a un nuevo gesto musical, para poder disfrutar más de la música entre los silencios. Así como en la música del siglo XIX es importante usar el rubato (pues es un elemento esencial para esta música), en lo contemporáneo es importante también darle a cada textura su momento, dejar que se desarrolle y también permitirle que termine, así sea abruptamente.

En este y otros conciertos he advertido también la tendencia generalizada en la interpretación del repertorio del siglo XIX, por tocar grandes secciones de música dentro de un tiempo menos fluido, incluso a tocar idénticamente un pasaje cuando este se repite, alterando así los elementos expresivos de origen, sustentados en efectos teatrales. Esto puede ser llamativo para nuevos públicos, pero no deja de ser una alteración a tener presente.

Algo que llamó mi atención, aunque no es una condición que necesariamente deba darse, es que no encontré un pretexto que lograra unificar las obras; con esto hago referencia a que muchas veces la elección de un repertorio está determinado, porque refiere a un tema particular, se asocia a otras artes, permite mostrar el desarrollo técnico del instrumento, pertenece a una escuela o estética particular, etc., por citar algunas alternativas. Seguramente, estas obras presentan determinados retos técnicos, es decir, una gama específica de dificultades, que para un flautista sean evidentes pero no para las demás personas asistentes. Y creo que considerar esto, puede ser un elemento de gran ayuda para el planteamiento de un concierto como espectáculo.

Ahora bien, debemos sentirnos felices de poder contar con intérpretes que como Daniel Guerrero y Juan Carlos de la Pava cuentan con una formación musical y experiencia nacional e internacional desde etapas tempranas (lo que era una rareza hace veinte años), que les ha permitido abrirse un lugar en un campo tan específico y competido, como el de la música académica, demostrando con ello su calidad y profesionalismo.

Programa

G. P. TELEMANN: Fantasía en fa sostenido menor No. 10, TWV 40:11. J. C. DE LA PAVA: Canciones melancólicas. K. FUKUSHIMA: Mei. G. FAURÉ: Fantasía, Op. 79. C. FRANCK (ver. P.L. Graf): Sonata en la mayor para flauta y piano, CFF 123, FWV 8.

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Concierto ofrecido por Daniel Santiago Guerrero el jueves 29 de agosto del 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.