Los centros culturales de la Subgerencia Cultural del Banco de la República, dentro de sus proyectos realizados, han venido resaltando la música tradicional en sus regiones. Para complementar estas actividades, presentamos materiales bibliográficos que dan cuenta de la cultura musical que se extiende a lo largo y ancho del país.
En el mes de julio de este año se realizó en Barranquilla el taller “Narrativas picoteras”, con el fin que se conociera cómo se narra, se imagina y se resignifica la creación colectiva con los sistemas de sonido a partir de letras, formas y composiciones artísticas. Presentamos algunos de los materiales que tiene la Red de Bibliotecas sobre el tema específico de la cultura picotera.

Ricardo Chica Geliz y Adrián Fajardo Martínez, ¿Dónde hay música africana? Cultura picotera y Festival Internacional de Música del Caribe, Cartagena de Indias: Editorial Universitaria, 2024.
Esta obra que explora la conexión entre la música africana, la cultura picotera y el Festival Internacional de Música del Caribe en Cartagena (FIMC), desentrañando la historia de cómo la música africana llegó, se enraizó y transformó la cultura musical de Cartagena. La cultura picotera se entiende como la práctica musical de los sectores populares, en especial de Cartagena, y como un lugar donde se forma el gusto musical, con implicaciones en los estilos de vida, en la economía discográfica local y en la formación de la identidad y las memorias populares. Esto, con el intercambio de personas, ideas y mercancías, y las dinámicas que allí acontecen. Chica Geliz dirige en grupo de investigación “Cine, historia y cultura”, es académico, docente e investigador. Fajardo Martínez es fotógrafo, periodista y comunicador visual, líder de la plataforma virtual Cultura Picotera y miembro de la Asociación Latinoamérica de Investigadores de la Comunicación (Alaic).

María Alejandra Sanz, “La centralidad de la fiesta picotera en Cartagena”, Virajes, vol. 21, n.º 1, 2019.
Este artículo pretende explicar la fiesta de champeta a través de su vehículo, el picó, en la vida de los habitantes de los barrios populares de Cartagena. A través de la descripción de diferentes elementos y actores que estructuran el mundo picotero, aborda la relación entre música y espacialidad, y analiza cómo se afecta y configura el paisaje cartagenero.
Un picó es un equipo de sonido de enormes proporciones, compuesto por uno o varios parlantes utilizados para amplificar, principalmente, música champeta. La palabra picó viene del inglés pick up, haciendo referencia o bien a la aguja del tornamesa, o a la portabilidad de estos equipos que se desplazan por la ciudad para animar fiestas barriales en las llamadas plazas o casetas. Bazurto, la mayor plaza de mercado de Cartagena, era en 2010 el epicentro del mundo diurno del picó.
A partir de la exposición de las tensiones políticas que se presentan alrededor de la cultura picotera, se presenta la manera cómo esta estética permite la visibilización de una población marginalizada por medio de una transgresión en términos estéticos, bailables y sonoros, y de espacialidades que manifiestan relaciones desiguales de poder. Un picó no es una fiesta cualquiera, su encanto, según los seguidores y los mismos picoteros, es sentir la música, y no solo auditiva o emocionalmente, sino físicamente en el cuerpo. Ese golpe es lo que rige la fiesta: el golpe del tambor, el golpe de los bajos y el golpe marcado en el baile con las caderas, los brazos y los saltos cuando llega la euforia. Eso sin mencionar “el choquecito” que es un golpeteo de los cuerpos, uno contra otro.

María Alejandra Sanz Giraldo, Fiesta de picó: Champeta, espacio y cuerpo en Cartagena, Colombia, Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2012.
Este texto aborda el tema de los picós y la champeta en Cartagena, resaltando su centralidad en las fiestas y su trascendencia en la vida cotidiana de los habitantes de los barrios populares de la ciudad. Describe y analiza las distintas interacciones de esta música con la fiesta, el cuerpo y el baile, elementos consustanciales de la champeta, música que además se constituye en expresión identitaria de estos barrios.
***
Por otro lado, en 2020 se organizó en los centros culturales de Popayán, Cali, Buenaventura, Medellín, Neiva, Ibagué, Cúcuta, Tunja y Manizales un ciclo de conversatorios denominado “Colombia en un bambuco”, que profundizó el conocimiento de un ritmo autóctono del país que presenta diversas variaciones en sus instrumentaciones e interpretación según la zona del país en la que se desarrolla. Compartimos materiales bibliográficos para ampliar la información:

Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, Danzas folclóricas de la zona andina de Colombia, Bogotá : Colegio Máximo de las Academias Colombianas, Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, Fundación Joaquín Piñeros Corpas, 2000(?).
Este manual rescata la identidad nacional y hace reconocimiento a los directores, talleristas, coreógrafos y bailarines conocedores de la auténtica música y danza folclórica nacional, así como a los intérpretes dedicados a mostrar cuán valioso es bailar con autenticidad y respeto cada uno de nuestros ritmos. Entre ellos, el baile del pasillo santafereño, la danza de los arcos, el baile del bambuco cundinamarqués, la danza de la vuelta y vuelta, la danza de los faroles, la danza de la manta hilada, el baile de la guabina chiquinquireña, la danza de la manta jilada, las danza las lanzas, la danza el rajaleña, la danza el sanjuanero, la danza la barbacoa, la danza de la custodia, el baile del torbellino, la danza vueltas antioqueñas, la danza del ventarrón, el baile del joropo y el baile del pasillo fiestero. Hace mención de los implementos importantes para la danza.

Esta obra es un trabajo investigativo en el marco de la fiesta folclórica más representativa del país. Presenta a 84 artistas visuales del Huila que con una exposición plasmaron 50 años del Festival a través de óleos, acrílicos, fotografías y cerámicas. También refiere la oferta cultural de 58 eventos que se realizan del 24 de junio al 4 de julio, lo que indica que los huilenses tienen una capacidad y expresión para ofrecer gran variedad de alternativas que los lleva hacer ciudadanos independientes y analíticos. Adicional, el Museo de Arte Contemporáneo del Huila cuenta con 250 piezas elaboradas por artistas regionales, nacionales e internacionales. Bienvenidos a conocer parte de estas obras.

50 Festival Folclórico y Reinado Nacional del Bambuco: Memorias 1961-2009, Neiva: Punto D, 2010.
Este folleto rescata aspectos relevantes de lo que ha significado para el Huila la creación del Festival. Se destaca el trabajo artesanal que tienen los trajes, la historia de las fiestas y el sentir de un pueblo que hoy canta y baila Sanjuanero con toda propiedad. La fiesta de san Juan se celebra el 24 de junio y la de san Pedro se conmemora el 29 de junio, según el calendario litúrgico.
Por otro lado, detalla la evolución del traje típico y de los pasos, figuras y adornos de su majestad el Sanjuanero, como denominan el baile tradicional. Igualmente contiene una galería fotográfica de las reinas nacionales del bambuco desde sus inicios, la actuación destacada de Jorge Villamil —denominado “el compositor de las Américas”—, quien fue protagonista fundamental en la consolidación de las fiestas de San Pedro, y toda la articulación cultural que incluye el festival. También incluye aspectos de la gastronomía huilense, entre otros aspectos.
***
Igualmente, en los centros culturales de Montería, Villavicencio, Popayán, Pasto y Buenaventura se organizó el ciclo de conferencias y talleres “Colombia en una décima”. La décima se entiende como manifestación de la conciencia colectiva, en las que se canta las angustias, las costumbres y los anhelos de las comunidades donde se origina.

Carlos Alberto Velasco Díaz, Música y etnoeducación afrocolombiana: una visión desde Leonor González Mina y Esteban Cabezas Rher, Popayán: Artes Gráficas del Valle, 2002.
Esta obra narra la historia de los músicos colombianos, en especial del Pacífico, que tienen más reconocimiento en el exterior que en nuestro país, quienes han contribuido en la historia musical. Tal es el caso de Esteban Cabezas Rher, quien fue autor de la primera canción protesta escrita en Colombia en la década de los sesenta: A la mina no voy. Presenta igualmente la biografía de la reconocida Leonor González Mina, la “Negra Grande de Colombia”, quien fuera la primera artista integral del país que combinó el teatro, la danza y el canto. Asimismo, hace referencia a Totó La Momposina y a la folclorista Delia Zapata Olivella, pionera en la creación de grupos de danzas autóctonos de Colombia y quien siendo de Lorica (Córdoba), estudio las culturas del Pacífico y del Norte del Cauca.
Como dato curioso, Esteban Cabezas, dentro de sus composiciones incluidas en esta obra, hace en la estructura que se denomina décima, les compartimos una aparte de la titulada La décima para el infierno:
Al infierno me bajé
solo con mi escapulario.
Y el diablo lo hice rezar
el santísimo rosario. (p. 79)
Las décimas son versos de diez sílabas que fueron retomados por los afrocolombianos para expresar sus costumbres, amores, logros, ansias de libertad y sus desafíos a la religión católica. En el Pacífico se hacen variaciones hasta de 44 versos. Ver video.

Lenin Estrella y Kevin Santos, De marimbos a la tunda: bambuco, andarele y mapalé, Quito: Universidad de las Américas, 2018.
El indio, el negro, el cobrizo
sambo, mulato, tosta’o
moreno tinto broncea’o
lo que llamamos mestizo
Es un destino preciso
sin que nadie lo distinga
el que no tiene de inga
en este lindo paía
que se raspe la nariz
porque tiene de mandiga.
José Regato Cordero
Esta investigación nace de la necesidad de indagar sobre los conocimientos de tradición oral de la música ecuatoriana, que es la construcción de un material y una metodología para emprender el aprendizaje de la música de marimba, sus toques y su instrumentación. Contiene partituras y una inducción musicológica en torno a la música afroesmeraldeña (afrodescendientes en la población de Esmeraldas), con el fin de dar a conocer ritmos como el bambuco, el andarele y el mapalé. Además, promueve el arte como proceso experimental, es decir, la idea de producir nuevas creaciones a partir de reconocer y estudiar otros sistemas musicales. La cultura afroesmeraldeña guarda saberes relativos a lo divino, lo humano y lo mítico, de ahí que las historias de la tunda, la gualgura, el riviel y otras sean de importancia en la cosmovisión del pueblo. Contiene un DVD con videos demostrativos que ayudan entender la interpretación musical de los toques de la marimba de acuerdo con las partituras del libro. “La tradición es la única fuente que tenemos para beber lo nuestro” Walsh y García.
*Artículo tomado de El Ratón, revista de la Biblioteca Luis Ángel Arango. N° 302. Septiembre 2025