Hace un tiempo publiqué un libro llamado Dolor que canta, que entre muchos recovecos relacionados con la historia cultural de Colombia a comienzos del siglo XX, cuenta la vida de un músico muy popular por aquellos años: Luis A. Calvo. Escribir un libro como este implica muchas investigaciones y algunos viajes, porque escribir una biografía es, en esencia, seguir las huellas de un personaje con el fin de reunir todos los vestigios disponibles sobre su andar. Al libro le ha ido bien, pero, aunque en apariencia retrata a cabalidad el trasegar de Calvo por este mundo, muchas cosas quedan inconclusas —como es el caso también con otras biografías y con muchas vidas. En especial, el libro no da cuenta de una porción gigantesca del archivo que recopilé sobre Calvo: incontables documentos, fotografías e historias que tienen que ver con su vida póstuma, esto es, una infinidad de asuntos con los que tuvo que lidiar la viuda de Luis A. Calvo, desde homenajes y manejos financieros por temas de derechos de autor hasta la edificación de una estatua en Agua de Dios y la producción de una telenovela sobre su esposo.

La telenovela se llamó Lejano azul —el nombre que acompaña a una de las composiciones más emblemáticas y recordadas de Calvo, su Intermezzo No. 2. Producida por PUNCH, con una duración total de sesenta episodios y dirigida por Pablo Soto, Lejano azul fue una de las telenovelas más taquilleras de 1983 en virtud del horario estelar del mediodía en el que se emitía —que en aquel entonces era una franja más popular que la noche para las telenovelas— y de la poca competencia que había en materia de canales y producciones. El protagonista no fue otro sino el propio Waldo Urrego. En 1916, cuando el diagnóstico de lepra se confirmó en su cuerpo, Calvo fue recibido en Agua de Dios como una celebridad. La conmoción no fue menor cuando Urrego llegó en 1983 para hacer las tomas adicionales que requería la telenovela, según él mismo lo recuerda, «la llegada mía fue también una manifestación, salió todo el mundo, la gente se tomaba la cosa como real (…) y asumían que, de alguna manera, yo era Calvo».

Famoso en la televisión colombiana por la diversidad de sus papeles, entre ellos algunos de los villanos más inolvidables, para Waldo Urrego resultó todo un desafío interpretar a «uno de los espíritus más nobles, buenos, sanos y constructivos en la historia del país». Según muchos testimonios, Calvo fue en efecto un buen tipo, pero sin duda la telenovela se encargó de manera póstuma de enaltecer, ennoblecer y reinventar su carácter a partir de las libertades creativas que permitía el libreto y de las expectativas de toda telenovela. Y es que la vida y tragedia personal de Calvo se ajustaban fácilmente para la estructura de un melodrama: en la primera mitad de su vida la pobreza fue un drama continuo y, en la segunda, tuvo que convivir con el estigma insuperable de la lepra, pero a la larga, por medio de la música logró trascender y hasta encontrar el amor.

La de Calvo fue quizás la primera de las telenovelas colombianas centradas en la vida de un músico. Aunque pocos la recuerden ya, Lejano azul marcó un precedente para el género, que desde la década siguiente y en especial en la segunda década del siglo XXI, vendría con una seguidilla de producciones colombianas que llevaron a la pantalla las vidas de Rafael Escalona (1991), Marbelle (2010), Joe Arroyo (2012), Rafael Orozco (2012), Helenita Vargas (2014), el Grupo Niche (2014), Diomedes Díaz (2015), las Hermanitas Calle (2015), Celia Cruz (2015), Galy Galeano (2016), Kaleth y Miguel Morales (2017) y Patricia Teherán (2018).

Ser músico y ser una celebridad impone desafíos de todo tipo. A la vez que se lidia con innumerables faenas asociadas con el arte, hay circunstancias personales que simplemente se salen de las manos. Y lo que otrora fuera un drama personal se transforma en un libreto, al mismo tiempo que el músico se convierte en un personaje de televisión. Desde el momento en que salen las canciones y se insertan en redes de consumo comercial irrefrenables, su música, en realidad, deja de ser suya. Pero cuando salen las telenovelas hasta su propia vida se convierte en lo que los libretos, los actores y los gestores de marketing hacen de ella. Los musicólogos podrán seguir escribiendo libros, pero a nadie le sacan ya de la cabeza que Escalona derrotó al diablo en un duelo vallenato cantando el credo al revés.

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Cuando los músicos se convierten en personajes de telenovelas