Fotos: Gabriel Rojas © Banco de la República
Tal vez una de las cosas que más seduce de la buena música de cámara es que la suma de todos los instrumentos siempre es igual a uno. Uno nuevo. Uno que es la comunión perfecta entre los timbres, las energías y las vibraciones y que permite al oyente sumergirse en esa nueva unidad sonora. Esta cualidad se hizo evidente en la presentación del Quinteto de vientos Bacatá el pasado 8 de marzo en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.
El formato del quinteto de vientos en Colombia ha sido más bien inexplorado. No existe un referente de este tipo de ensamble que trabaje de forma sostenida, continua y exitosa en el país, y tal vez el ejemplo más cercano y reconocido es el Quinteto Villa-Lobos de Brasil. Sin embargo, es un tipo de ensamble encantador por la variedad de timbres que confluyen en él (flauta, oboe, fagot, clarinete y corno francés) y que logran unidad en medio de sus características disímiles. En la Serie de los Jóvenes Intérpretes, la última vez que se presentó este formato fue en 2010 y solo lo precede otro en 2002, pero ninguno de estos quintetos se mantiene vigente. Es por esto que el Quinteto de vientos Bacatá tiene en sus manos una valiosa oportunidad que no debe perder de vista.
El programa que propuso esta joven agrupación fue uno de los grandes aciertos de su concierto. Desde la tradición musical europea hasta la música latinoamericana, y recorriendo distintas épocas, el quinteto demostró sus múltiples posibilidades sonoras, su conciencia estilística y su interés latente por las músicas populares.
Como abrebocas de este concierto, el ensamble presentó una versión del Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy. La flauta solista propuso un sonido cálido que fue copiado por el resto del ensamble evocando la sonoridad de la orquesta. Balance, afinación y timbre fueron los destacados de esta obra. Si bien el arreglo explotó muy bien las cualidades sonoras del formato, en la interpretación podrían haberse explorado cambios de color más drásticos y típicos de Debussy.
La timidez con la que iniciaron el concierto poco a poco fue cediendo y transformándose en una emoción contagiosa. La textura delicada del Preludio contrastó con las dos siguientes obras del programa: Tres piezas breves de Jacques Ibert y el Quinteto en sol menor, Op. 56 No. 2 de Franz Danzi. El Quinteto demostró una conciencia del estilo particular de cada una de estas obras, un dominio técnico e interpretativo y un innegable gusto por ellas. Hubo algunas imprecisiones rítmicas y en ocasiones el balance entre los cinco instrumentos no fue del todo claro, pero esto no empañó su intención musical y el sonido compacto que caracterizó su interpretación.
Después del intermedio, la relación entre los músicos se convirtió en complicidad. Miradas, sonrisas, expresividad y confianza terminaron por conmover a un público que aplaudía con entusiasmo incluso entre movimientos. Dos percusionistas invitados salieron al escenario para interpretar la Suite fantástica de la compositora colombiana Amparo Ángel, quien estuvo presente en la Sala. Esta obra programática y con un claro componente didáctico e infantil refrescó el concierto. Cada movimiento es una especie de cuento corto musicalizado, cuyo texto es leído antes de la intervención musical: Danza de los vampiros, Marcha de los soldados, El sueño de la sirenita y El trencito vagabundo. La música y el título son tan descriptivos que el texto parece sobrar. Además, la lectura fue plana y nada creativa, lo cual me desconectó. A manera de reflexión: la música lo fue todo en esta obra y muchas veces la explicación termina opacando el sentido.
Para finalizar, el quinteto interpretó Aires tropicales de Paquito D’ Rivera, una obra que recorre musicalmente la geografía panamericana. Los tumbaos, las síncopas, los ritmos compuestos y el tejido de melodías y contramelodías son la principal característica. El primer aire, Alborada, tuvo algunos problemas de ensamble y fraseo. Sin embargo, las seis piezas siguientes volvieron a mostrar la solidez del ensamble y la flexibilidad de su estilo y sonoridad. Hubo un claro diálogo musical entre los cinco instrumentos, frases bien construidas y un sonido envolvente que se convirtió en la esencia del concierto.
Antes de salir definitivamente del escenario, el Quinteto nos regaló como bis la Fantasía en 6/8 de José Revelo, y quedaron claras dos cosas: la música popular para un formato clásico es una mezcla sorprendente y atractiva que deben seguir explotando; los cinco jóvenes están conquistando lo más complejo de alcanzar: un sonido auténtico y una unidad en la diversidad.
Programa
C. DEBUSSY: Preludio a la siesta de un fauno. J. IBERT: Tres piezas breves.
F. DANZI: Quinteto en sol menor, Op. 56 No. 2. A. ÁNGEL: Suite fantástica, Op. 14. PAQUITO D’ RIVERA: Aires tropicales.