El pasado jueves 11 de julio, el púbico asistente a la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango presenció el concierto de una de las jóvenes promesas del piano en Colombia: Sara Sierra. Pupila de Andrés Gómez y Blanca Uribe, Sierra ha sido ganadora de importantes certámenes en Colombia y Latinoamérica, además de ser acreedora de una beca para continuar sus estudios de posgrado en la Universidad EAFIT.
La pianista paisa se presentó en el marco de la Serie de los Jóvenes Intérpretes con un programa complejo, inusual e inteligente basado en el efectivo principio del contraste de estilos, épocas y procedencias de los compositores, que además trajo a la luz su interés por el repertorio latinoamericano y colombiano. La arquitectura de su programa consistió en la interpolación de las piezas colombianas, Improvisación y Bambuco en mi mayor de Adolfo Mejía, entre las tres obras más extensas: Toccata en do menor de Johann Sebastian Bach, Sonata para piano No. 31 en la bemol mayor de Beethoven y Sonata para piano No.1, Op. 22 de Alberto Ginastera.
La joven intérprete dominó los estilos y lenguajes de cada una de las obras que escogió y aportó una intencionalidad musical clara y coherente. Su aproximación al piano y a las obras fue desde la reverencia y el respeto; su presencia escénica, igualmente sencilla y moderada, contrastó con su expresividad musical, actitudes que recuerdan la postura de su maestra. La obra de Bach fue robusta y fluida, con dinámicas y contrastes de tempo claros que permitieron seguir el hilo del contrapunto imitativo. Por su parte, su desempeño en la Sonata de Beethoven fue pulido y sorprendente. No solo sorteó todas las dificultades técnicas de esta obra, sino que consiguió apropiarse de ella y regalarle al público una versión entregada, íntima y a la vez contundente de Beethoven. Técnicamente se destacaron las expresiones dinámicas, los cambios de color, la variedad de articulaciones y la conducción de las frases hacia los puntos de máxima tensión y relajación. Un detalle para seguir perfeccionando es la transición entre secciones con cambios de tempo, pues algunas resultaron un tanto abruptas; por otra parte, en los retornos a tempo primo después de los ritardandos y finales de frase se desdibujó un poco la estabilidad del pulso.
Hay que decir que las obras colombianas y la Sonata de Ginastera fueron grandes sorpresas de la noche. Las dos piezas de Adolfo Mejía refrescaron el repertorio y permitieron que Sierra luciera la sutileza de su sonido, explorara atmósferas de fantasía y cantara melodías dulces. Esta música le sienta muy bien a su carácter musical y es un reflejo de la labor de pianistas como Blanca Uribe y Teresita Gómez por promover este repertorio entre los estudiantes.
La obra de Ginastera fue una muestra de fuerza, energía y vigorosidad completamente opuesta al carácter de las obras colombianas, arrolladora por su potencia, su virtuosismo técnico y su dificultad interpretativa. La interpretación de Sierra fue un despliegue de talento y dominio del instrumento, pero hay que resaltar las secciones marcadas del primer movimiento en donde las manos, completamente abiertas, se mueven en registros lejanos con gran contundencia y que fueron ejecutadas con excelencia; el final grandioso del segundo movimiento y la tensión, el carácter y la emocionalidad que logró en el adagio molto apassionato. El último movimiento, con su multiplicidad de articulaciones, resonantes, cortas o marcadas y su agilidad virtuosa, cerró este concierto de manera impactante. Fue, a su vez, el sello final de esa dualidad sobre la que se mueve Sara Sierra, un complemento entre lo sutil y lo enérgico, una oposición entre lo claro y lo ligero, lo oscuro y lo profundo. Ella misma, vestida de piano, reveló desde su entrada lo que sería su concierto y nos regaló un mundo de posibilidades y colores entre el blanco y el negro.
Programa
J. S. BACH: Tocata en do menor, BWV 911. A. MEJÍA: Improvisación; Bambuco en mi mayor. L. v. BEETHOVEN: Sonata No. 31 en la bemol mayor, Op. 110. A. GINASTERA: Sonata No. 1, Op. 22.