Durante el siglo XVIII la orfebrería producida en América alcanzó un alto nivel de elaboración. La mayoría de las piezas realizadas durante este periodo tenían un fin religioso, y gracias a la riqueza del territorio colombiano fue posible la producción de numerosos objetos que estaban destinados a decorar los altares de iglesias, piezas que aún hoy sorprenden por su belleza.
En el Museo de Arte Miguel Urrutia -MAMU se exhiben de manera permanente y gratuita algunas de estas joyas elaboradas en América, en la Sala 'Barroco en tierra de orfebres' que hace parte de Los primeros tiempos modernos, una curaduría del historiador Jaime Borja que revisa el arte Colonial neogranadino.
Esta Sala, articulada por obras del periodo colonial que esbozan la religiosidad de la época y la importancia del oro, la plata y las piedras preciosas en el arte del siglo XVII y XVIII, presenta a la Custodia de la Iglesia de San Ignacio, más conocida como “La Lechuga”, considerada una de las joyas religiosas más ricas y hermosas de Hispanoamérica, un ejemplo extraordinario de lo que sucedió con el Barroco durante la Colonia en América, tierra en que abundaban el oro y las esmeraldas, y en la que aún estaba viva la cultura indígena de los más destacados orfebres del continente.
Esta Custodia representa el diálogo entre múltiples saberes y culturas en torno a la orfebrería, “el metal con el cual está fabricada fue extraído por manos negras en los yacimientos auríferos neogranadinos, las esmeraldas –con seguridad– fueron obtenidas por los indígenas muiscas que habitaban las tierras andinas, las perlas barrocas fueron procedentes de las granjerías de las costas Caribe donde trabajaban a la vez indios y negros; y su fabricación estuvo a cargo de un orfebre español que, desde el viejo continente, llevaba a América el conocimiento del oficio de la platería”, explica Sigrid Castañeda, profesional de la Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco de la República.
Por más de dos siglos “La Lechuga” sobrevivió intacta a distintas situaciones: la expulsión de los Jesuitas, las guerras de Independencia y las manifestaciones del 9 de abril de 1948; y en 1985 el Banco de la República la adquirió como parte de su Colección de Arte y desde entonces se exhibe permanentemente en Bogotá. Explora de cerca "La Lechuga" >>
La Sala Barroco en tierra de orfebres también está integrada por la pintura la titulada "Coronación de la virgen", obra de origen peruano que cuenta con aplicaciones de laminilla de oro, y un crucifijo, talla quiteña del Siglo XVIII que cuenta con apliques en plata.
Igualmente los visitantes podrán apreciar la Custodia grande de Santa Clara la Real de Tunja, más conocida como “La Clarisa”, custodia colonial que perteneció a las monjas Clarisas de Tunja y fue repatriada por el Banco de la República en 1987 tras salir clandestinamente del país. Esta custodia de cuatro kilos y medio de oro macizo y 67 centímetros de alta, cuenta con 800 esmeraldas aproximadamente, 800 perlas barrocas, 40 amatistas, 40 jacintos y rubíes, y 40 diamantes, y fue elaborada por el orfebre español Nicolás Burgos, entre 1734 y 1737.

Esta sala también cuenta con la exhibición inédita de la Custodia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, "La Bordadita", que fue elaborada durante el siglo XIX y que desde el 9 de abril de 1948 estuvo guardada en las bóvedas del Banco. Esta custodia, fabricada en plata y oro, está adornada con 76 esmeraldas y 47 amatistas distribuidas a lo largo de toda la pieza. Actualmente pertenece a la Universidad del Rosario y fue entregada en comodato para su restauración y preservación al Banco de la República, que la exhibe por primera vez.
Los apliques de "La Bordadita" representan diversos motivos relacionados con la Eucaristía, son decoraciones propias del neoclasicismo que, en oposición al Barroco, resaltaba el gusto por la sencillez sobre lo decorativo. En los inventarios del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario la custodia aparece por primera vez reseñada el 1 de enero de 1859 y se presume que fue entregada en pago por un préstamo de $2660 pesos realizado al Monasterio de Santa Clara, como figura en los libros de cuentas con fecha del 13 de noviembre de 1845.

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