Como lo afirmé en el artículo anterior, el campo laboral del músico se vio profundamente afectado en la década de 1920 por la llegada de la industria musical y del cine, que conllevó a una crisis laboral entre los músicos que actuaban en vivo y los establecimientos comerciales que usaban música grabada. En esta época la escucha de la radio era comunitaria dado que el acceso a los radios dependía de la capacidad económica de los habitantes, por lo que su nivel de penetración estuvo ligado al desarrollo económico e industrial.
En respuesta a esta situación se constituyó en 1919 la sociedad Unión Musical, homónima de la Unión Musical de España, que fue la principal empresa de importación de música española vocal y para piano, como de zarzuelas que se representaron en el Teatro Colón en Bogotá. Aunque no hay datos precisos, se sabe que uno de sus fundadores fue Diógenes Chávez Pinzón, quien se desempeñó como director de la orquesta de la asociación en el Teatro Colón. La orquesta de la Unión Musical grabó algunas obras de Jerónimo Velasco para la RCA Víctor y publicó en partitura algunas obras de Luis Antonio Calvo.
La formación de sociedades musicales en las principales ciudades de Colombia fue tema de la agenda del Primer Congreso Nacional de Música —celebrado en Ibagué en 1936 —, el cual impulsó Gustavo Santos desde la Dirección Nacional de Bellas Artes recibiendo apoyo de personalidades como Antonio María Valencia, Darío Hernández, Mario Camargo, Josefina Santis de Morales y la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín. Estas sociedades se organizaron bajo el nombre particular de Sociedad Amigos del Arte, siguieron la reglamentación de la fundada en Bogotá en 1935 y funcionaron en ciudades como Barranquilla, Bucaramanga, Caldas, Cali, Cartagena, Cúcuta, Medellín y Santa Marta. Dentro de las actividades desarrolladas por esta red nacional estuvo la organización de conciertos locales de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida entonces por Guillermo Espinoza.
También aparece en 1940 el Sindicato de Compositores de Bogotá que fue dirigido por Luis Dueñas Perilla, quien ayudó a transformarlo en la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO); constituida como única sociedad de recaudo del país. Los parámetros de asociación de Sayco no se corresponden hoy día a todas las prácticas musicales del país, especialmente de la música académica donde ritmo, melodía y tonalidad no existen; asimismo, su hegemonía en el recaudo hace imposible toda reclamación por derechos de ejecución pública de música académica, que se pagan a esta entidad sin importar si el compositor está afiliado (o puede afiliarse) a SAYCO.
Los Estados Unidos cambiaron su política cultural a finales de la década de 1970. La palabra cultura fue sustituida por la de entretenimiento en los informes por país presentados al congreso de ese país, lo que afectó las políticas culturales en Latinoamérica. El nuevo modelo y sectorización del mercado musical condujo a la creación en 1978 de la Asociación Colombiana de Intérpretes y Productores Fonográficos (ACINPRO). Por su parte, la música académica no se desarrolló dentro del campo fonográfico, sino que continuó su crecimiento desde lo institucional con la fundación de nuevas orquestas, cuyas juntas artísticas se encargaron de la organización de conciertos y del manejo del encargo de obras a compositores como Blas Emilio Atehortúa, Jesús Pinzón Urrea y Francisco Zumaqué; y dio visibilidad al trabajo de compositores como Germán Borda, Luis Carlos Figueroa y Mario Gomez-Vignes.
El modelo de encargos de obra y organización de festivales de música académica vieron su declive en Latinoamérica en la década de 1980. El crecimiento de la violencia del narcotráfico desde 1984 hasta 1989 llevó incluso a la suspensión de conciertos al aire libre. Fue en 1989 cuando los compositores Guillermo Gaviria y Andrés Posada impulsaron la creación de la Asociación Colombiana de Compositores, a la que pertenecieron Mauricio Lozano, Gustavo Lara, Sergio Mesa, Luis Pulido y Jaime Torres. Esta asociación tuvo un alto protagonismo durante el Primer Festival Internacional de Música Contemporánea que se realizó entre el 3 y el 28 de abril de 1989, con el cual se inició una renovación artística y educativa que marcó los siguiente veinte años de nuestra historia musical. Paralelamente, Carlos Barreiro Ortiz organizó el Ciclo de compositores colombianos y norteamericanos del siglo XX en el Centro Colombo Americano, como también impulsó cinco producciones discográficas (1998-2010) de la Asociación Colombiana de Música Electroacústica (ACME).
La creación y sostenimiento de las asociaciones perdió vigor durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez. Sin embargo, en 2010 se creó el Círculo Colombiano de Música Contemporánea (CCMC), una asociación sin ánimo de lucro que permite la afiliación a cualquier persona que tenga interés en el fomento y desarrollo de esta música en el país.
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Parte 2 | El agenciamiento político de la práctica musical »
Parte 3 | Música colombiana: entre la exaltación y la denuncia »
Parte 4 | Dos caras de la música sinfónica: tipismo y nueva música »
Parte 5 | Indigenismo »
Parte 6 | Mujeres compositoras 1 »
Parte 7 | Mujeres compositoras 2 »
Parte 8 | Músicos negros y música africana 1 »
Parte 9 | Músicos negros y música africana 2 »
Parte 10 | Asociaciones de músicos y compositores 1 »