Quiero empezar por un aspecto que llamó mi atención durante el concierto virtual que presentó AQ Ensamble el pasado jueves 21 de octubre en el marco de la Temporada digital de conciertos del Banco de la República. Encontré las interpretaciones de las obras de Bach, Mozart y Saint-Saëns demasiado correctas, con esto quiero decir, que a pesar de lo bien interpretadas que estuvieron faltó algo de riesgo en la interpretación que paso a explicar. Personalidades de la música como Claudio Arrau, Jean-Pierre Rampal, Rafael Puyana o Julian Bream marcaron unas pautas de interpretación en las décadas de 1960 y 1970 dirigidas a un público que asumió sus interpretaciones y grabaciones como las mejores; paralelamente, creció el fenómeno que hoy conocemos como ‘interpretación históricamente informada’ de mano de musicólogos y especialistas que quisieron traer al siglo XX la música medieval, renacentista y barroca. Aunque esta es una buena pretensión, en tanto nos permitió escuchar las obras del pasado en los instrumentos originales, ciertamente sus intérpretes tuvieron que tomar decisiones de interpretación que no iban a encontrar en libros o tratados; de ahí que Richard Taruskin —impulsor de este movimiento— afirmara que «las interpretaciones de la música del pasado dicen más de los intérpretes actuales, de sus prácticas y valores, que de la música de hace tres o cuatro siglos y sus intérpretes»; en otras palabras, las tendencias de la interpretación van a variar en razón al público que las escuchará.

En los últimos veinte años, nuestras jóvenes generaciones de músicos han tenido la oportunidad de poder tomar talleres con reputados maestros internacionales que enseñan formas de interpretar ceñidas a esta tradición ‘históricamente informada’. Pero, un concierto está dirigido a un público que aspira a ser emocionado antes de ser complacido en la corrección estilística que tiene un examen de música de cámara. Y esta correcta interpretación mermó el riesgo interpretativo que, como público, quiero encontrar al asistir a un concierto. Y creo que en general (y hablo también de otros conciertos), nuestros intérpretes se están conformando con ser correctos en la interpretación sin correr riesgos interpretativos que los puedan llevar a otro estado en sus carreras. Por supuesto, el primer camino es bastante seguro, mientras que en el segundo se abre espacio a todo tipo de críticas; pero abogo por el segundo, sin dudas.

Dicho lo dicho, encuentro condiciones ideales para que AQ Ensamble llegue a ser un conjunto de primer nivel. Tomarse el trabajo de hacer la transcripción de estas obras para aumentar su repertorio habla del compromiso que tienen con su proyecto, más aún, para el arpista quien tiene que resolver la escritura de los pasajes cromáticos para un instrumento en el que, paradójicamente, no se puede hacer una escala cromática completa. Esto fue evidente en la Sonata K. 13 de Mozart. También es grato saber que, como ensamble, tienen interés en trabajar con compositores y que, por esto, encargaron Tanka para este concierto., obra del joven compositor David Gaviria Piedrahíta. Esta es una obra inspirada en el género poético tanka, como también en la sonoridad del sakuhachi (flauta) y el koto (arpa) propios de la cultura japonesa. Para representar la métrica del género, Gaviria usó escalas pentatónicas para los versos pentasílabos y escalas heptatónicas para los versos heptasílabos. De igual forma, trasladó los gestos interpretativos del sakuhachi y el koto como efectos que se acumulan hacia el final de la obra. Formalmente es una obra que conserva la simplicidad de la poesía japonesa y, por tal razón, se desarrolla en secciones de fácil reconocimiento por la alternancia de las escalas como de los motivos o temas característicos de cada sección.  La obra está bien lograda en cuanto al equilibrio y rol que juegan los intérpretes. Felicito pues a Gaviria por su estreno, así como al dúo por la interpretación y por tan buena iniciativa.

Ahora bien, la Fantasía para violín y arpa, Op. 124 de Saint-Saëns es una obra de gran interés musical por la forma como el compositor destacó varios recursos tímbricos del arpa (armónicos, glissandi y arpegios) que enriquecen la sonoridad de la obra. El violín toca una melodía ornamentada carente de pizzicato y con pocos pasajes a doble cuerda que puede inducir al error de pensar que se trata de una pieza fácil; sin embargo, esta fantasía estriba en un tipo de obras vocales de cámara que, a diferencia del lied, buscan lucir las habilidades técnicas y de improvisación del cantante, como sucede con el Valse de Luigi Venzano que dedicó a la soprano Josefina Gassier. La fantasía tiene una serie de secciones internas que se diferencian entre sí por su carácter, los cuales se hubieran podido contrastar más con cambios de velocidad marcados, o exagerando los gestos musicales.

Es evidente que para Cristian Álvarez y Felipe Quiroga el repertorio del siglo XX y XXI les viene bien y, seguramente, escucharemos en un futuro próximo obras de su repertorio pertenecientes a este período. Por ahora, deseo que continúen adelante con este proyecto, pues hay muy pocas agrupaciones de cámara estables en el país y, ojalá, continúen trabajando junto con los jóvenes compositores.

Programa

Bach (atrib. C. P. E. Bach): Sonata para violín en sol menor, BWV 1020.

D. Gaviria Piedrahita: Tanka.

W. A. Mozart: Sonata para violín o flauta, violonchelo y pianoforte en fa mayor K. 13.

C. Saint-Saëns: Fantasía para violín y arpa, Op. 124.

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Concierto de AQ Ensamble - Temporada Digital de Conciertos 2021