León Octavio me llamo

Osorno Aguirre apellidos

De Anzá, Antioquia soy nativo

Mas del Valle me reclamo

Porque esa tierra la amo

Pues allí yo me formé

Por tal motivo tendré

Total agradecimiento

Hago el reconocimiento

Y mi corazón da fe.

León Octavio Osorno es un hombre con una mente inquieta, músico, artista, profesor, activista ambiental, gestor cultural, utopista consagrado y un 'disoñador' que confía en el poder y la necesidad de la imaginación creativa para darle sentido a la vida, y que ha encontrado en las palabras, la naturaleza y el arte, los caminos de la paz y el bien-estar. Ha sido profesor de la Universidad Javeriana de Cali, caricaturista del diario El País con su historieta “Balita”, autor de cuatro libros y editor de la revista Chasqui.

 Toma nota:

 

Después de 27 años, León Octavio regresó a San Francisco de Anzá (Antioquia), su pueblo natal, en donde vive actualmente, gracias a un proyecto de la alcaldía que lo trajo de regreso para sembrar la semilla maga, ese germen que reforesta los corazones y da por fruto la paz. Sus días están dedicados a mantener la ilusión de niños y jóvenes, pintar murales, embellecer el pueblo, hacer talleres de música y promoción de lectura, convencido de que el mejor profesor son las ganas y la mejor aula es la naturaleza.

Creció en medio de la ruralidad y con los pies descalzos, fue testigo de la vida, pues en el campo es donde ocurren los milagros cuando revienta una semilla de maíz o nace un ternero ¡Allí está la vida!. Se siente muy orgulloso de ser campesino, y así lo canta con su grupo de agromúsicos “Campo y sabor”. En este episodio se pueden escuchar fragmentos de temas como “El maíz” o “La semilla”. 

En su infancia fue un niño rebelde y furioso, al que “doña matemática” no trató muy bien. Para avanzar en sus estudios, viajó a Medellín y, en la Biblioteca Pública Piloto (BPP), “doña literatura y doña historia” lo enamoraron y lo salvaron. Desde entonces, León ha emprendido un camino por conectar la palabra con la vida.

¿Para qué vivir?

Esta pregunta llevó a León Octavio a visitar con frecuencia el cementerio, un lugar en donde podía estar tranquilo y donde, en medio de preguntas, entendió que el sentido a la vida había que dárselo y que “la vida es un capital de trabajo y hay que invertirlo”. En estas visitas conoció a la persona que le daría la posibilidad de realizar su primer taller, y desde ese momento replicó las visitas en búsqueda del sentido de la vida con diferentes grupos en Pasto, Tumaco, Buenaventura y Armenia. Uno de los asistentes a sus talleres, resultó ser el director académico de la Universidad Javeriana de Cali y lo invitó a ser profesor de Creatividad sin tener un grado de bachiller, y allí también fue director de tesis.



Balita, una alegoría del cambio

En Cali, se encontró una noche con una bala en la calle y decidió adoptarla y pensar una historia para este proyectil que ya no iba a matar a nadie. Allí nace Balita, una caricatura que fue publicada a lo largo de cinco años en el diario El País, y con la cual publicó los libros: El cultivo de la paz, Balita, la bala perdida, y Reforestemos el corazón, estos últimos disponibles en el catálogo de la red de bibliotecas del Banco de la República.

Balita es una alegoría del cambio, una promotora de paz que renuncia a cumplir con su destino para cambiar y pensar en su misión como constructora de paz.

Páginas 50 y 51 I El cultivo de la paz

Lecturaleza: leer la naturaleza para reforestar el corazón​

León Octavio ha liderado actividades de nuestra Red cultural en Cali y Tunja donde, en 2016, participó en el proyecto “Mediación de Lecturas y Escrituras en la Ruralidad” con el taller Lecturaleza, que tuvo impacto en los municipios de Pirgua, Turmequé, Ventaquemada, Chinavita, Jericó, Sativa sur y Tunja.

Lecturaleza es una apuesta por reivindicar los conocimientos ancestrales y populares que tienen las comunidades indígenas y campesinas alrededor de la naturaleza y acercarlas a la lectura, enalteciendo la sabiduría que se guarda en la palabra y los refranes. León Octavio resalta que estas comunidades son la raíz del gran árbol de la naturaleza y por eso no las vemos, mientras que la gente de la ciudad (de la academia) está en las flores, y son los que desde arriba ignoran las raíces, apenas reconocen las ramas y con dificultad llegan al tronco que las sostiene.

“Antes de reforestar las lomas, hay que reforestar el corazón, después vendrá todo como consecuencia” esta idea le abre paso a la “Diversigética”, la ciencia que estudia la diversidad como condición para la convivencia pacífica, pues en la naturaleza la diversidad de especies y la competencia, genera vida, no existe venganza.

 

Villa Maga, una tierra de utopía

“La paz es como un cultivo, hay que abonarla y tiene plagas, y necesita del cuidado para que pueda crecer”

Bajo esta premisa y guiado por Balita, alrededor del 2010 fundó Villa Maga, en el corregimiento Villa Carmelo del Municipio de Cali, un territorio en el que se abona la paz y se siembra la semilla maga, un lugar para emprender la defensa por el medio ambiente y aceptar a la madre tierra como madre y maestra.

Para León Octavio, Villa Maga es el comienzo de una nueva era, una alternativa solidaria que fomenta el cooperativismo, pues considera que este es el camino en donde cada uno es importante y es el lugar en donde crece la economía solidaria, la cual define como el camino del medio entre el capitalismo y el socialismo.

La devoción de León Octavio por las palabras, le ha permitido crear su propia realidad. Cabalgando entre ideas, preguntas y respuestas, le ha dado forma a un lenguaje propio, que ha compartido con vecinos, estudiantes, y ahora con todo un pueblo. Esta revolución que comienza por la palabra se ha sostenido gracias al placer, pues el humor es una constante en su obra, es lo que le permite hacer quiebres y torsiones a los pensamientos y los imaginarios más rígidos de nuestra sociedad para permitir que todos escuchemos y veamos que es posible y necesario un cambio. En el coro de voces que aprenden este lenguaje revolucionario de León, es donde crece la semilla maga.

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Antes de reforestar las lomas, hay que reforestar el corazón