El joven guitarrista Andrés Felipe Palacios presentó un concierto pensado desde la otra orilla del repertorio para guitarra. Por años, los guitarristas han interpretado las pocas obras para laúd que compuso Johann Sebastian Bach, incluyendo algunas famosas transcripciones de las partitas y suites para violín y violonchelo. Sin embargo, Andrés Felipe Palacios se atrevió a interpretar su propia transcripción de la Partita No. 2 en do menor, BWV 826 de Bach, obra compuesta originalmente para clavecín y desconocida en el mundo de la guitarra. Para hacer esta transcripción, Andrés Felipe cambió la tonalidad a re menor y afinó la sexta cuerda en re; no obstante, esta obra requiere que se supriman o reduzcan las voces internas en razón a la técnica del instrumento. Este es un esfuerzo muy loable que requiere varias semanas de trabajo. Ahora bien, en la transcripción se trabaja poco el registro agudo de la guitarra, que le hubiera brindado luz y contraste a una obra de por sí oscura y grave. También considero que en la interpretación no hubo mayores contrastes de timbres ni de tempo entre los movimientos.
Como segunda obra estuvo la Sonata del compositor español Antonio José Martínez, que también cumple con esa condición de estar en la otra orilla del repertorio. A comienzos del siglo XX, pintores como Baldomero Romero Ressendi contradijeron la visión bucólica de España sostenida en el catolicismo, los toros y la zarzuela. El deseo de mirar con crudeza la vacuidad de la tradición inspiró a compositores como Miguel Llobet, e incluso a Federico García Lorca que construyeron un nacionalismo en oposición a la tonadilla, a la copla y a la zarzuela, y que tomó como referente la música francesa de fin de siglo XIX. Estos artistas no buscaron ser diferentes, simplemente ya lo eran, y lucharon por un espacio para poder ser vistos y escuchados. Con esto, Palacios nos recuerda la impronta de su concierto. Pudo haber interpretado obras de Llobet, Castelnuovo-Tedesco, Kleynjans o Koshkin que tienen la misma sonoridad; sin embargo, se inclinó por un compositor poco conocido y por una obra que tuvo que esperar cuarenta y siete años para poder ser escuchada en público nuevamente.
Finalmente, Palacios interpretó, del colombiano Daniel Saboya, Guabina para un músico del sur, obra cuyo estilo se aparta de aquellas guabinas que fueron compuestas por reconocidos compositores como Lelio Olarte, Jorge Áñez o Alberto Urdaneta a mediados del siglo pasado. Si bien es posible reconocer en Saboya algunos gestos ornamentales introducidos por Gentil Montaña, su construcción formal y lenguaje armónico son bastante diferentes, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que Saboya una forma en prosa que le otorga continuidad, contraria a la usual por secciones.
¿Qué dice esto de nuestro joven guitarrista? Presentar obras poco características del repertorio es una declaración de las intenciones artísticas de Palacios, amén de que las mismas son obras de gran aliento, algo también poco común en los conciertos de guitarra donde suelen interpretarse un número mayor de piezas por su corta duración. Palacios persigue un repertorio poco común e igualmente llamativo en compositores de la tradición como en los poco conocidos y, con esto, busca también hacerse un lugar entre los guitarristas colombianos. Con este concierto demostró además que tiene una gran destreza técnica, pese a algunos pasajes que no salieron tan bien de la obra de J. S. Bach y que pudieron haber merecido una toma adicional (debo recordar que es una producción audiovisual que simula la situación real de un concierto). E igualmente, hubo pasajes donde la resonancia de las cuerdas graves opacó pasajes que se tocaron en el registro medio de la guitarra.
Lo anterior me hizo pensar en que sería oportuno para el joven intérprete dedicar sus próximos esfuerzos a concursar en certámenes internacionales, por los beneficios que recibiría a largo plazo. Me refiero a que, además de la motivación económica y de reconocimiento que hacen parte del premio; ganaría mucho en preparación técnica, atención al detalle y en interpretación por las condiciones inherentes de estar dentro de una competencia. De igual forma, es una oportunidad para conocer a otros guitarristas con los que comparte intereses comunes y que a futuro le servirán de apoyo para desarrollar proyectos artísticos diversos. En ocasiones, los concertistas siguen una carrera académica que da primacía a estudios de maestría y doctorado, y se deja a un lado los beneficios que tienen este tipo de alternativas, más aún cuando en nuestro país no tenemos agentes que se encarguen de promover a nuestros artistas en el exterior.
Personalmente, me gusta la propuesta artística que hay detrás de este concierto y estaré atento para ver cómo continúa. Por ahora, tengo la certeza de que sabremos mucho más de este joven guitarrista a quien felicito por su concierto.
Programa
J. S. Bach: Partita No. 2 en do menor, BWV 826.
A. J. Martínez: Sonata.
D. Saboya: Guabina para un músico del sur.