Sobre el escenario de la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, un arpa aguardaba las manos de su intérprete. Iluminado por el foco, el instrumento evocaba desde su quietud y su silencio historias míticas y antiguas que minutos más tarde serían renovadas por el dominio del arpista. Alejandro Díaz, único solista de arpa clásica de la Temporada Nacional de Conciertos del Banco de la República 2019, entró al escenario y recibió a su público con una venia elegante y refinada. Luego, se sentó tras su instrumento.

Entre el intérprete y el público, el arpa se interponía como un velo sobre su rostro, como un telón de hebras finas que a la vez lo cubría y a la vez revelaba su talento y su carácter. Las manos comenzaron su juego virtuoso y tejieron sobre las cuerdas melodías y arpegios ágiles y efectos sonoros de fantasía. Las dinámicas sorprendieron, pues Alejandro Díaz logró niveles de pianissimo que casi se confundían con el silencio, pero que después contrastaban con fortes intensos que mostraron la otra cara del arpa: robusta, opulenta y fuerte, en donde lo etéreo de los efectos fue reemplazado por la firmeza rítmica.

El joven intérprete tiene muy claro que el arpa es un instrumento lleno de posibilidades sonoras, de colores, de efectos, y él sabe exactamente qué hacer para lograrlos. A veces rasgando las cuerdas, a veces acariciándolas y otras veces casi abrazándolas, Díaz logró manipular, mover y dar forma a la música. Su libertad rítmica expresada en rubatos, ritardandos, cadencias y cambios de tempo demostró su madurez musical, asombrosa para su corta edad. Esta precisión y conciencia está evidentemente interiorizada en él, de tal forma que resultan naturales sus expresiones y sus cambios de carácter, coherentes también con el estilo de las obras que interpretó, relativas al romanticismo y a la contemporaneidad de finales del siglo XX. 

Ejemplo de esa maleabilidad rítmica del intérprete fue la Fantasía para arpa, Op. 95 de Camille Saint-Saëns. Justamente, ese carácter fantasioso, libre y lleno de posibilidades, fue conquistado por el arpista gracias a su flexibilidad en términos de dinámicas y tempo, en la sutileza de su interpretación y en los contrastes de carácter. Con esta obra también demostró su innegable virtuosismo, el control y la calma, y su sonido cristalino producto de su precisión en la digitación.

Pero la flexibilidad de Díaz no solamente se vio reflejada en su dominio de los tempos, sino en los cambios de color por los cuales nos condujo a través del programa. Con la Sonatina en fa mayor No. 3, C. 90 de J. L. Dussek, original para piano, Díaz logró evocar a la vez lo dulce y etéreo del arpa y el timbre contundente del instrumento de teclado.  De la misma manera, logró trasladarnos al timbre de la guitarra en obras que exploraban sonoridades del flamenco como Épices pour harpe, de Bernard Andrès. La Toccata No. 3, obra colombiana de Mauricio Nasi Lignarolo, fue una conjunción de colores y timbres absolutamente contrastantes, claros y auténticos; unas veces oscuros y profundos, otras brillantes e intensos, delicados y dulces.

En contraste, las Piezas fáciles para arpa, Op. 19 de Edmund Shuëcker fueron un toque especial del programa, pues resaltaron la sencillez e inocencia de la música, así como del intérprete, quien se levantó con una venia casi antes de terminar de pulsar la última nota, como quien se abalanza en un gesto ansioso, espontáneo e inocente hacia el aplauso del público.

La inmersión de Alejandro Díaz en la música logró transmitir a los oyentes su gusto especial por cada estilo que ejecutó. Su conciencia y concentración dieron como resultado una interpretación impecable, sólida y digna de un profesional. Asimismo, su respeto y gratitud hacia el público hablan de una madurez que es poco común para su edad y auguran un futuro luminoso y lleno de éxitos musicales en una carrera que hasta ahora comienza.

Ante un público emocionado que se levantó de sus asientos y aplaudió al unísono para despedir al joven intérprete, Alejandro Díaz agradeció con venias elegantes y sinceras.  Después, imitó a la audiencia y con una ligera sonrisa le regaló un aplauso conmovedor a su arpa. Hay que decir que cuando la técnica es sólida, la música tiene posibilidades infinitas y el instrumento se convierte solo en eso: un mediador para convertir el sonido en arte. Aplausos para el arpa por permitir ser el canal de Díaz, y más aplausos para Díaz por convertir su instrumento en un mundo de posibilidades.

Programa

A. HASSELMANS: La source, Op. 44. J. L. DUSSEK: Sonatina en fa mayor No. 3, C. 90 de Seis sonatinas para piano, Op. 19S. DUSSEK: Sonata en do menor de Tres sonatas para arpa, Op. 2C. PRIETO MÉNDEZ: Preludio, Autre Chose (la même chose). E. SCHUËCKER: Romance de Piezas fáciles para arpa, Op. 19C. SAINT-SAËNS: Fantasía para arpa, Op. 95. M. NASI LIGNAROLO: Toccata No. 3. M. LUCIEN GRANDJANY: Automne. B. ANDRÈS: Pistacho de Épices pour harpe.

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Concierto del arpista Alejandro Díaz realizado el jueves 21 de febrero del 2019 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango como parte de la Serie de los Jóvenes Intérpretes.