El 9 y 10 de julio se llevó a cabo el seminario virtual Narrativas históricas y cartográficas del Río Amazonas: desde el siglo XVIII hasta nuestros días, organizado por el Centro Cultural del Banco de la República de Leticia, en colaboración con el Grupo de Estudios Transfronterizos –GET-, el Instituto IMANI de la Universidad Nacional de Colombia sede Amazonia, y la Red de Historia de las Geografías y Cartografías de Colombia -Razón Cartográfica-. El registro completo de este seminario estará disponible para consulta a través del canal de YouTube de Banrepcultural.
A propósito de este evento conversamos con el investigador de la Universidad Externado de Colombia y candidato a doctor (Cornell University) Sebastián Díaz Ángel, quien ofrecreció la conferencia Controlando las aguas: las apuestas del desarrollismo. Megaproyectos en la Amazonia. A continuación, presentamos apartes de la conversación:
Desarrollo y cuidado: una relación conflictiva
En distintos periodos de la historia, afirma el investigador, ha habido distintas maneras de abordar la problemática “preservación/desarrollo”. Si bien en la actualidad se puede esperar que cada proyecto de desarrollo, como la construcción de una represa, contemple los costos ambientales, sociales y comunitarios que este traiga consigo, lo cierto es que hace tan solo algunas décadas, la perspectiva era otra. Para la década del 60, por ejemplo, la ideología desarrollista no tenía presente esa contradicción de manera tan evidente; para los grandes proyectos, la selva y el bosque eran vistos como un lugar salvaje que era necesario dominar y las comunidades que coexistían con el territorio, eran entendidas como no civilizadas. Si bien existía algo de conciencia frente al sacrificio que padecía la naturaleza en la realización de cada proyecto de desarrollo, ese sacrificio era visto como algo positivo, en lugar de problemático o potencialmente negativo como es visto ahora. Al respecto, el historiador comenta:
En los 60 nos encontrábamos en plena Guerra Fría y la competencia por los avances técnicos, tecnológicos y de infraestructura estaba a la orden del día. Entonces, en esta época, la confianza estaba depositada en la necesidad de sacrificar la naturaleza y la tradición en pro de lo que se entendía como desarrollo. Hoy hablamos de “pueblos ancestrales” y “patrimonio de la humanidad” de lo que antes era considerado “atrasado” o “primitivo”, pero, en ese entonces, el sacrificio de eso que hoy es valorado no solo era necesario sino deseable.
Las transformaciones a la geografía y sus consecuencias
Para este politólogo, historiador y magister en Geografía, cuando hablamos de una represa, las implicaciones no se reducen al ámbito geográfico, sino que se pueden rastrear consecuencias de todo orden y a toda escala, desde impactos psicológicos en la vida de quienes deben abandonar su territorio por un proyecto de construcción de este tipo hasta cambios climáticos de magnitudes planetarias. Para ilustrar su punto, nos plantea el ejemplo de la represa de Tominé. Este fue un proyecto adelantado precisamente durante la década del 60 del siglo pasado bajo la idea de que Bogotá necesitaba energía eléctrica debido a su crecimiento. El pueblo de Guatavita, fundado en tiempos coloniales y de gran importancia gracias a relatos como la leyenda de El Dorado y a su relevancia para el pueblo muisca (es decir, un pueblo que hoy podría ser considerado como patrimonio histórico, arquitectónico y cultural), fue inundado bajo la premisa de que se garantizaba el desarrollo de la capital del país. Este acto implicó la construcción de un nuevo pueblo, lo que implicó afectaciones no solo geográficas, sino demográficas y culturales.
El cuidado ambiental: ¿una “nueva” consciencia?
Respecto a este asunto, el docente de la Universidad Externado manifiesta que la consciencia está muy relacionada con la autoridad del momento, es decir, de quien tenga la potestad para decir y hacer. El académico afirma que actualmente estamos viviendo consecuencias de las decisiones y las acciones de autoridades pasadas debido a que, si bien ha aumentado nuestro conocimiento de las cosas, esto no implica que haya mejorado nuestra capacidad de corregir errores; tal es el caso de las represas en EEUU, cuya vida útil está siendo más corta de lo que se contempló, por lo que hoy se habla de destruir muchas de estas construcciones. Si hay algo que, de acuerdo con Díaz, pudo haber cambiado de los años 60 hasta hoy es la polifonía, esto es, la participación de más voces en la toma de decisiones: “Hoy día se sabe que mientras más voces sean escuchadas mayor es la probabilidad de que un proyecto mitigue sus impactos negativos”. Otro cambio importante es el surgimiento de nuevos modelos de desarrollo menos autoritarios y unilaterales, lo que permite que menos arbitariedades sean cometidas y que la toma de decisiones de carácter disyuntivo del tipo “o energía o preservación” encuentren puntos intermedios o se logren compensaciones más compensadoras:
Colombia, por lo menos en el papel, tras haber declarado a los ríos Atrato y Magdalena como sujetos de derechos, está dando pasos importantes y creo que para el caso de la cuenca más grande del planeta, como es la del Amazonas, debería ocurrir lo mismo. Por otro lado, hoy sabemos mucho más que antes acerca de los ríos; por ejemplo, sabemos que si represamos un río, las tierras aguas abajo pierden fertilidad y las tierras aguas arriba van a acumular una cantidad de sedimentación que tampoco es favorable; sabemos de las afectaciones en términos físicos, químicos y biológicos de los ríos y también sabemos que los ríos están vivos, que no son un ente estático, por lo que, por ejemplo, algunos ríos están aumentando su caudal por el derretimiento de los polos y otros que se están secando por el mismo fenómeno.
Mapas: lienzos de voluntades y reflejo de realidades
Muchos de los proyectos de desarrollo estudiados por Sebastián Díaz Ángel durante la década del 60 fueron plasmados y visualizados en mapas, no obstante, no fueron materializados. Esto, antes de restarles importancia, los convierte en una rica fuente de análisis en cuanto a las agendas y los afanes de la época por controlar la geografía y todo lo que ello conlleva. Uno de estos casos es el proyecto de construcción de una represa en el río Amazonas, adelantado por EEUU y Brasil, la cual se calculaba iba a ser del tamaño de Ecuador e iba a poder verse desde la luna:
De alguna manera, este proyecto dice mucho desde su no-materialización, puesto que estuvo vivo por décadas en planos, entidades, agendas de gobierno y corporaciones, entre otros. El proyecto influyó en la realidad social desde diferentes posturas que pasaron por la imaginación de lo que era posible, deseable y hasta temible, que también terminan por construir la historia.
Por otro lado, gracias a proyectos no concretados como el antes mencionado, se desarrollaron muchos de los estudios y las exploraciones académicas que tenían como principio analizar y determinar aquello que iba a ser erradicado en pro del desarrollo y que terminaron conviertiéndose en fuente de conocimiento mediante el cual occidente entendió que las selvas y las comunidades que vivían alejadas del modelo de desarrollo no eran ni primitivas ni insanas, sino que son repositorios de una inagotable fuente de conocimiento. Esto contribuyó a la proliferación de movimientos como el ambientalismo, lo que supone una paradoja interesante para el estudio de la Historia, la cual, de acuerdo con Díaz, “no es solamente resultado de lo que sí ocurrió, sino también de los miles de proyectos que no se hicieron”.