En dos modestos cuadernos se conservan las actas del Consejo Directivo de la Academia Nacional de Música, desde su fundación en 1882 hasta el año 1894. En el segundo libro, se encuentra una de las actas más importantes de nuestra historia relacionada con el otorgamiento de diploma a un distinguido grupo de profesores. La solicitud fue elevada al presidente de la República Carlos Holguín por el Consejo Directivo de la academia, en cabeza de Jorge Price, quien requería la autorización para que dichos diplomas se otorgaran sin que los profesores tuvieran que presentar los exámenes legales reglamentarios. El visto bueno presidencial llegó el 2 de marzo y el acta de graduación fue firmada por el Consejo Directivo el 8 del mismo mes.

Este es el primer acto académico en la historia de la música colombiana en el cual se otorga un título profesional con base en la experiencia y trayectoria de los implicados, que fueron, en su mayoría, los miembros fundadores de la Academia Nacional de Música, pertenecientes en gran parte a una generación que nació en la República de la Nueva Granada, creció bajo la Confederación Granadina, se hizo adulta en los Estados Unidos de Colombia y envejeció en la recién fundada República de Colombia. A su vez, fueron hijos de un pequeño grupo de músicos del antiguo y nuevo régimen, que consagraron su vida a la creación de las primeras sociedades filarmónicas, conforme a la usanza europea, en favor del reconocimiento y posicionamiento social de los músicos nacionales. Con este diploma se reconocía, además, el esfuerzo permanente de algunos músicos, el cual se vería materializado en la creación de la Academia Nacional de Música, el primer instituto para la formación profesional de músicos provenientes de diversas regiones del país.

Dentro de los veintidós graduandos se destaca el nombre de Oreste Sindici, reconocido tenor italiano que se desempeñó como maestro oficial de música para las escuelas públicas del país, y a quien conocemos hoy por ser el compositor del Himno Nacional, suceso que en la época fue minimizado por los detractores de Rafael Núñez, al punto de haberlo citado apenas en su obituario. También se destaca el reconocido poeta Diego Fallon, maestro de piano y guitarra que diseñó para la Academia los cursos de armonía, piano y solfeo junto con Vicente Vargas de la Rosa. Fallon también fue conocido por haber creado un método alfabético de notación musical y por haber hecho grandes esfuerzos por consolidar en el país una incipiente industria editorial musical.

También aparecen algunos integrantes de uno de los primeros conjuntos de cámara del país, el Sexteto de la Harmonía, integrado originalmente por Vicente Vargas de la Rosa, Julio Quevedo Arvelo, Daniel Figueroa, Daniel y Enrique d’Achiardi. De la Rosa se diplomó en flauta y piano, Quevedo en armonía y composición, Darío d’Achiardi en instrumentación de cobre. Otro miembro de la familia d’Achiardi, Pedro, se diplomó como pianista, amén de ser el compositor del pasillo María y Pepita publicado por Diego Fallon bajo su sistema de notación. La familia d’Achiardi es también recordada por haber creado una empresa musical responsable de traer las primeras compañías de ópera al país, conocida como la Rossi-d’Achiardi.

Otros linajes musicales están referenciados en esta acta. Julio Quevedo Arvelo  fue hijo del violinista y compositor venezolano Nicolás Quevedo Rachadell, quien llegó a Santafé con el ejército de Simón Bolívar, y fue tío de Guillermo Quevedo Zornoza. También se relaciona a los hermanos Ricardo, Luís, y Antonio Figueroa, diplomados en violín, viola y contrabajo respectivamente, quienes hicieron parte de la orquesta de Manuel Conti donde también tocaba Emilio Conti que se diplomó también en violín. Se encuentra también al flautista Jenaro d’Alemán, pariente de Telésforo d’Alemán, último que publicó uno de los primeros métodos prácticos para aprender a tocar bandola.

Asimismo, se enuncia al pianista y teórico Gabriel Angulo quien, en 1896, publicó un ensayo crítico sobre los métodos de enseñanza musical titulado Estudios musicales. Menos conocido es Gumercindo Perea, diplomado en solfeo y piano, a quien se le recuerda además por ser dueño de una tienda de instrumentos e importador de los primeros pianos mecánicos. En esta acta también aparece Honorio Alarcón, quien se diplomó en contrapunto, fuga y piano, y es considerado hasta hoy como uno de los mejores pianistas de su generación y el primero en recibir un premio internacional, el Mendelssohn-Bartholdy, en Leipzig. Adicionalmente, se diplomaron las señoras Carmen de Osorio, Celmira de Calancha y María Olivares en canto; Trinidad de Gutiérrez y Virginia París en piano; y también los señores Pablo Esguerra en clarinete, José Maroni en canto, y Emiliano Quijano en piano.

No es poca la historia que hay detrás de esta acta, como salta a la vista. Si hay una fecha que debería considerarse para celebrar a los músicos colombianos sería el 8 de marzo, pues esta nos recuerda cómo se dio la transformación de la práctica musical para una generación que vivió en un inestable proyecto de construcción de país y triunfó a pesar de esto.

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Actas del Consejo Directivo de la Academia Nacional de Música