En la Santafé del siglo XVII, españoles y muiscas no acogieron con entusiasmo las costumbres alimentarias del otro. Hubo resistencia y desconfianza, pero también una necesidad que terminó imponiéndose: la de adaptarse.
El vino, por ejemplo, llegaba desde Europa y su transporte hasta Santafé lo hacía cada vez más costoso. Mientras tanto, la chicha, una bebida fermentada de maíz, ya estaba aquí y fue uno de los pocos productos indígenas que logró conquistar rápidamente el gusto de los españoles, hasta convertirse en un acompañante habitual de sus comidas.
Pero la historia no terminó en la bebida. En las plazas, las cocinas, los trabajos, las fiestas y las mesas comenzaron a encontrarse productos y saberes de distintos orígenes. Los españoles incorporaron alimentos como la guayaba, la piña, el maíz y la yuca; los muiscas fueron adoptando otros como el ajo y la zanahoria. Y cuando algunos productos europeos escaseaban o se encarecían, también tocaba buscar alternativas locales: el aceite de oliva, por ejemplo, comenzó a ser reemplazado por manteca animal.
Así, poco a poco, las cocinas de Santafé fueron dejando de ser exclusivamente indígenas o españolas y los saberes y prácticas de la población afro hicieron parte de esa transformación.
🍽️Y es que el mestizaje también se cocina: en lo que llega al plato, en quien lo prepara, en cómo se comparte y en lo que decidimos hacer nuestro.
Si quieres conocer la historia del mestizaje cultural a través de la gastronomía del siglo XVII en Santafé, te invitamos a leer el Boletín Num. 57 (2017) del Museo del Oro.
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Publicado en @museodeloro el 6 de septiembre de 2026.