El Corpus Christi fue el pasado jueves y, como cada año, esta danza volvió a tomarse el pueblo. Esta danza es una tradición que sigue viva y que, cada año, se reactiva en el cuerpo, la música y la memoria de la comunidad.

Allá, esta danza no ocurre solo en la fiesta. Hace parte de una forma de habitar el territorio, de relacionarse con lo espiritual y de mantener vivas las prácticas que vienen de generaciones atrás. Hay gestos, cantos y saberes que no siempre se explican, pero que siguen presentes.

También hay memorias que sostienen todo esto. Como la de Candela, uno de los últimos grandes sabedores del pueblo, quien guardaba en su voz historias, pasos y sentidos de los “días de Corpo”. O la de quienes han bailado durante años sin escenario ni pago, entendiendo esta práctica como parte de algo mucho más profundo.

Hoy, el baile de diablos sigue atravesado por cambios y tensiones. Sin embargo persiste: se adapta, se transforma y continúa. Sigue en los tambores, en las máscaras, en los cuerpos que bailan. Sigue en una comunidad que no olvida.

Porque en Uré, hay cosas que no se dejan ir: a memoria, la identidad y la forma de vivirlas.

Este artículo hace parte del Boletín Cultural y Bibliográfico Vol. 59, núm. 109 (2025) de Banrepcultural. Lo encuentras disponible en: https://publicaciones.banrepcultural.org/

Publicado en @banrepcultural y @banrepculturalmonteria el 10 de junio de 2026.

Imagen principal Media
El baile de los diablos en San José de Uré, Córdoba.
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