En el corazón de Medellín, donde el concreto y el ruido urbano dominan el paisaje, ha comenzado a brotar una semilla de transformación. En el tercer piso del Centro Cultural del Banco de la República, se cultiva algo más que plantas: se cultiva vida, memoria y comunidad.
Este proceso inició en Medellín, con el apoyo de Luis Arango, director del Banco de Germoplasma, quién lideró un encuentro práctico y participativo el día 15 de agosto como parte de la programación del Centro Cultural, en el que compartió saberes sobre agricultura urbana, semillas nativas y prácticas sostenibles. Los asistentes aprendieron cómo iniciar huertas en casa, qué especies sembrar y cómo cuidar el proceso de germinación en espacios reducidos.
Más que una actividad técnica, fue una experiencia profundamente humana. Sembramos, conversamos y cultivamos confianza. Cada semilla fue también una metáfora de resistencia, de cuidado y de conexión con la tierra, en medio de una ciudad que necesita reconectar con sus raíces.
Además, esta huerta tiene una historia material que también habla de transformación: los cajones en los que se realizó son los mismos que se utilizan para el transporte de moneda desde la fábrica de moneda a la tesorería del Banco de la República en Medellín. El plástico que la recubre proviene del material que envuelve los billetes en su transporte hasta la sucursal, y la tierra fue traída directamente del Banco de Germoplasma de la Asomadera, lo que convierte este espacio en un símbolo de reutilización, memoria institucional y conexión con el territorio.
La iniciativa forma parte del proyecto “Semillas, memorias que llevan vida”, una apuesta por rescatar prácticas culturales tradicionales relacionadas con la preservación y multiplicación de semillas locales. Este proyecto busca consolidar espacios de intercambio de saberes y semillas, promoviendo la autonomía alimentaria, la medicina tradicional, la espiritualidad y la lectura del territorio desde una perspectiva socio-ecosistémica.
La filosofía del proyecto se basa en el reconocimiento de las semillas como portadoras de historia, resistencia y conocimiento ancestral. Cada semilla es vista como un archivo vivo que guarda memorias de pueblos, prácticas y territorios, y que al germinar, nos conecta con la tierra, con nuestras raíces y con la posibilidad de construir futuros más sostenibles y conscientes.
¿Quieres traer una semilla? ¿Quieres intercambiar la vida? ¡Visítanos!
La huerta ya está viva y creciendo, abierta al público como un espacio de intercambio de semillas, contemplación, aprendizaje, conversación, diálogo y bienestar.
¡Entrada gratuita!
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