Cartografía del resistir
Cuerpo, espíritu y territorio
En Umbral se entiende la resistencia como un sistema complejo de tensiones, confrontaciones, imploraciones e incertidumbres que atraviesan simultáneamente el cuerpo, el espíritu y el territorio. Estas tres dimensiones no operan en forma aislada; se contaminan, se superponen y se tensionan mutuamente. Lo que resiste en el territorio afecta al cuerpo, y lo que se quiebra en el cuerpo convoca al espíritu.
En este entramado de fuerzas, la resistencia no busca glorificar el conflicto ni romantizar el sufrimiento, sino evidenciar los gestos persistentes con los que se asumen la subsistencia y la reexistencia.
El resistir desde el territorio
Estas obras configuran un conjunto de resistencias que emergen desde el territorio y, sobre él, construyen símbolos que nos hacen reflexionar sobre lo político y lo afectivo. Las dinámicas de despojo, desplazamiento, extractivismo y olvido alimentan una tensión que interpela de manera constante la forma en la que habitamos esta dimensión desde el cuerpo y el espíritu. No se pretende representar lo que se habita; es todo lo contrario: lo habitado se encarna, se disputa y se rememora.
Raptos. Astrid Velásquez
En Raptos, Astrid Velásquez (Cartagena) propone una pintura autoetnográfica en la que los rastros del cuerpo, la iconografía indígena y la materialidad del color se entrelazan para narrar los efectos de la transculturación forzada. Su tránsito entre los pueblos zenú y wayuu se vuelve acto pictórico de recomposición identitaria, donde la memoria no es un archivo estático, sino un lugar de fricción y reapropiación visual.
Hálito de sal. Dilia Sofía Gutiérrez
En Hálito de sal, Dilia Gutiérrez (Montería) elabora una poética visual en la que confluyen lo mítico, lo simbólico y lo ecológico. Gutiérrez evoca la gestualidad ecosomática a partir de una imagen de potencia arquetípica: una mujer exhalando su aliento sobre un bocachico, pez emblema del Caribe colombiano y hoy símbolo de una biodiversidad amenazada. El aliento aquí es ofrenda, vínculo vital y acto de restitución.
Consumación. Elsy Arango
Elsy Arango (Cartagena) plantea, en Consumación, una estética del sacrificio que sitúa el cuerpo como extensión sensible del territorio. El gesto ritual, enraizado en lo rural, expresa la muerte no como fin, sino como continuidad, como un ciclo en el que la tierra y el cuerpo se nutren entre sí. Su obra convierte al cuerpo en archivo vivo, en herida abierta y altar ancestral.
7 por ciento, Jenn Medina
Con 7 por ciento, Jenn Medina (Montería) construye una crítica visual desde la ausencia. La sustracción de granos en las mazorcas se convierte en un lenguaje de alerta frente a la pérdida de biodiversidad y el olvido de saberes agrícolas ancestrales. El maíz, transformado en signo y en memoria, revela que en lo mínimo (un grano, un gesto, una frase) puede habitar todo el esplendor de un mundo en resistencia, como el bosque seco tropical, que hoy sobrevive en un 7 %.
Escalas imbricadas. Carlos Gómez G.
Carlos Gómez G. (Cartagena), en Escalas imbricadas, despliega una pintura que opera como un palimpsesto arquitectónico; en ella, la ruina y la edificación se contaminan mutuamente, revelando que el territorio es una acumulación de capas temporales en constante negociación. Su obra se convierte en un espacio especulativo, en el que la resistencia se expresa a través del imaginar y el reconstruir simultáneamente.
El resistir desde el cuerpo
En esta dimensión, el cuerpo se plantea como espacio de agencia política y plataforma de enunciación crítica, que funciona como archivo de memorias colectivas, lugar de conflicto y transformación, al igual que como dispositivo vivo desde el cual se encarna la resistencia frente a las violencias estructurales.
El cuerpo es ente en disputa y superficie donde se inscriben las marcas del poder, pero también punto de partida para gestos de insubordinación y reapropiación.
Un cuerpo que insiste en existir, en narrarse, en incomodar. Estas obras proponen una política estética de lo encarnado: cuerpos que no se resignan a ser representación, sino que actúan, interrumpen y transforman.
Los retratos de Catula: las madres. Catula Álvarez
Catula Álvarez (San Andrés) hace Los retratos de Catula: las madres, una serie pictórica que funciona como testimonio y acto de reparación simbólica. Presenta la figura materna endurecida y persistente que, encarna desde la expresividad de la forma, la carga emocional, social y política de la maternidad insular que se vive en uno de los sectores más complejos de San Andrés.
El envuelto divino. José Sierra
En El envuelto divino, José Sierra (Cartagena) plantea desde lo visual una reflexión sobre la precariedad del subsistir, donde la poética del esfuerzo y la urgencia dialogan en un plano de tensiones, y donde la desaparición progresiva de lo humano en la imagen sugiere el desgaste rutinario que evoca la búsqueda compleja del alimento y el aliento. En esta obra, el alimento trasciende su función biológica y se concibe como peso, ritual y crítica.
Amerindia de la serie Desbordadas. Maira Bertel
Maira Bertel (Sincelejo), en su obra Amerindia, de la serie Desbordadas, construye un potente dispositivo performativo en el que convergen el bordado como gesto político, la autorrepresentación del deseo y la irrupción del cuerpo femenino colectivo en espacios históricamente masculinizados o normativos, simbólicamente cargados de control, consumo y opresión del cuerpo. Bertel plantea el cuerpo no como objeto, sino como sujeto que se reclama, se visibiliza y se celebra desde su propia cartografía del deseo.
Convergencias. Mary Rivera
En Convergencias, Mary Rivera (Montería) construye una escultura contemporánea de gran escala que irrumpe en el espacio desde una materialidad blanda e inflable para poner en crisis las nociones normativas de la belleza corporal. Lo que equivocadamente se denomina “imperfección” (pliegues, celulitis, estrías, marcas) adquiere una presencia monumental, que desafía al espectador a partir de su hipervisibilidad. Desde una poética de la deformación consciente, Rivera no representa a la mujer como monstruo, sino que expone el modo en que la hipermodenidad ha monstruificado lo natural.
La historia nuestra, caballero. Nelson Fory
Por su parte, Nelson Fory (Cartagena) hace una serie de intervenciones efímeras sobre monumentos oficiales de “próceres” nacionales en La historia nuestra, caballero, a los que les pone pelucas afros como gesto de disrupción visual y reclamo histórico. Esta acción funciona como una estrategia estética de contra-monumentalidad que activa un acto de reparación simbólica y abre una grieta en la memoria hegemónica, desplazando la mirada hacia aquello que históricamente se ha invisibilizado.
Resistir desde el espíritu
En lo espiritual, los actos de resistencia no implican una evasión de lo material, sino una forma de confrontación que atraviesa lo sensible, lo afectivo y lo simbólico. No se remite a lo dogmático ni a lo trascendental en términos religiosos, sino a una energía vital que se manifiesta en la capacidad de persistir, de transformar y de otorgar sentido incluso en condiciones de fractura. Las obras reunidas en esta selección articulan una poética de lo intangible, donde el espíritu deviene en fuerza que habita el vacío, la ausencia, la fragilidad y el devenir.
Redención. Lismary Pérez
En Redención, la artista Lismary Pérez (Cartagena) activa un lenguaje escultórico en el que vislumbra que la elevación espiritual y la transformación interior no surgen de la permanencia, sino del desprendimiento, la ruptura y el devenir. A través de la ruina que evocan sus capullos, la artista invita a contemplar su obra como un tránsito o gesto de liberación y ascenso, y no como el colapso o el fracaso.
Cifosis. Dina Villaraga
Desde el lenguaje textil, Dina Villarraga (Sincelejo) crea con Cifosis una propuesta sensible en la que el cuerpo se presenta como un territorio afectivo y político. A partir de la recomposición de retazos de telas, Villarraga no trata de ilustrar una patología, sino que la devela como una condición existencial, donde el cuerpo habita el quiebre que soporta con dignidad las cargas simbólicas, sociales y emocionales que lo atraviesan.
Sobre el silencio azul. Giovhanni Marín
A su vez, Giovhanni Marín, (San Andrés) construye un relato de la ausencia en su obra Sobre el silencio azul, con una carga poética y política que pone en cuestión el estado del acervo patrimonial de San Andrés. Las líneas deliberadamente sobrias y minimalistas que componen su dibujo en movimiento develan la desaparición de las tradiciones isleñas. En la propuesta de Marín, el vacío como dibujo arqueológico es un espacio de evocación del duelo.
Escuela de Atenas de la serie Transeúntes. Marlon Pineda
En la Escuela de Atenas, de la serie Transeúntes, Marlon Pineda (Sincelejo) capta una escena cotidiana con una fuerza silenciosa que nos invita a reflexionar sobre la fragilidad del día a día. La imagen interrumpe el ritmo habitual de la ciudad para congelar un momento lleno de ambigüedad: no hay una historia clara, ni una intención explícita, solo la constante presencia de la existencia en medio del desgaste en ese espacio sin grandes pretextos.
Mujer de construcción. Sonia Algarín
Sonia Algarín (Cartagena) articula un discurso visual en Mujer de construcción, obra en la que el cuerpo femenino se convierte en epicentro de resistencia, agencia y transformación. La figura femenina, dispuesta en un gesto que oscila entre la súplica y la afirmación, encarna la tensión entre el desgaste y la dignidad. Lo corporal se vuelve arquitectura simbólica, estableciendo un diálogo espacial que complejiza la noción de hogar y lo transforma en escenario de lucha, reconstrucción y deseo.
Dayro Carrasquilla
Artista visual (Cartagena, 1982. Vive en Cartagena)
Curador de la exposición en Cartagena

Artista visual, se formó como maestro en Artes Plásticas en la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (2009). Es magíster en Artes Plásticas y Visuales con tesis laureada por la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín (2017). Dayro es docente e investigador. Ha sido curador de La Toma, proyectos de grado Unibac, Museo de Arte Moderno de Cartagena, Museo San Pedro Claver y Galería San Lázaro (2024) Encuentros, Museo San Pedro Claver, Cartagena (2023), Habitar, Galería La Escuela, Universidad del Atlántico, Barranquilla 2022; director y curador del proyecto En-Cueros “Resignificación del territorio del barrio Nelson Mandela”, Fundación Artvi, Casas de la Verdad con Sentido, Comisión de la Verdad (2022); director del Laboratorio de Creación Extensiones, Sentidos de la Memoria para Construir Paz, reconstrucción de memoria de comunidad LGBT en 4 territorios del Caribe Colombiano, Caribe Afirmativo (2018); director de Laboratorio de Creación Escucha lo que Digo, estrategia contra el abuso y la explotación sexual infantil, Marialabaja Bolívar, Gobernación de Bolívar (2014).
A lo largo de su carrera, se ha caracterizado por producir desde su barrio, Nelson Mandela en Cartagena de Indias, una serie de gestos sensibles y artísticos que problematizan y reivindican los modos en que existen y se transforman las periferias.
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