Diego Fernando García Arias,
Leonel Moreno Manrique,
Daniel Giraldo Herrera,
Braulio Hernández Aristizábal,
Luisa María Martínez Navarro,
Jader Alexander Cruz Valderrama,
Mary Fernanda Escobar Triana,
Yisse Yurany Morales Silva,
Adrián de Jesús Preciado Gordillo,
Diana Cecilia Bolaños Burbano,
Ángel Alberto Cerón Pérez,
Valentina Cuervo González (Colectivo Tímbico),
Angélica Yurany González Rojas,
Tensiones vivas
“Tensiones vivas” es mucho más que una exposición: es un proceso marcado por el afecto, la empatía, la solidaridad y el compromiso de artistas de las regiones del país. En esta muestra, que nace del trabajo curatorial desarrollado en los centros culturales del Banco de la República en Girardot, Honda, Ibagué, Florencia y Neiva, hubo una amplia participación: más de cien artistas postularon sus obras, lo que implicó una selección exigente, basada principalmente en el desarrollo técnico y conceptual, la contundencia de las piezas y la trayectoria de cada creador(a). También se consideraron otros factores, como la representatividad territorial, la diversidad de temas y medios, al igual que los perfiles etarios, de género y de formación. Mediante este proceso, extenso y minucioso, se buscó no solamente elegir obras destacadas, sino tejer redes regionales.
Al analizar el conjunto de obras seleccionadas, emergieron afinidades, diálogos y tensiones que permitieron articular la exposición en torno a cuatro coordenadas conceptuales, cada una de las cuales hace referencia a tensiones urgentes en el pensamiento y la creación contemporánea. Estas categorías no son excluyentes ni absolutas; de hecho, algunas de las obras se inscriben en varias a la vez. Estos ejes nos permiten abordar la exposición desde una perspectiva didáctica, reconociendo la complejidad de las preguntas que atraviesan el pensamiento artístico en las regiones del país.
Tensión primaria: humano y naturaleza
¿Qué nos hace humanos? Esa es una de las preguntas más antiguas de la filosofía occidental. A lo largo del tiempo, esta inquietud ha atravesado visiones tan diversas como el humanismo del Renacimiento, con su énfasis en la centralidad del ser humano, hasta el existencialismo del siglo XX y las corrientes poshumanistas contemporáneas, que cuestionan esa posición de privilegio. Hoy, muchas prácticas artísticas se sitúan desde una ética interespecie, y abren así la posibilidad de imaginar al ser humano no como centro, sino como parte de un tejido más amplio de lo vivo.
Huellas. Angélica González
Angélica González presenta una serie de guantes confeccionados con hojas recolectadas durante sus recorridos cotidianos. Estas piezas, tan frágiles como contundentes, evocan la ausencia del cuerpo humano mediante una prenda vegetal. Así, lo natural sugiere un escenario donde la naturaleza retoma el protagonismo tras la desaparición humana, aludiendo a futuros posibles y distópicos que nos interpelan.
El reflejo. Luisa Martínez
Luisa Martínez, por su parte, propone una visión surrealista e interespecie. Su obra nos invita a preguntarnos qué sucede si no existe separación entre lo humano y las demás formas de lo vivo. Mediante una estética marcada por la exuberancia tropical de Honda, la artista nos propone una coexistencia empática, en la que la reciprocidad con los seres más-que-humanos permite imaginar formas más armónicas de habitar el planeta.
Fiesta en la selva y Defensa de las especies. Fernando Carrillo
Fernando Carrillo lleva esta reflexión hacia el plano político y simbólico. ¿Qué pasaría si los animales decidieran nuestras formas de gobierno? Lejos de caer en la sátira, Carrillo nos invita a que aprendamos de los comportamientos colectivos de otras especies por medio de su obra, que desplaza la mirada humana y nos invita a imaginar otros modos de estar en el mundo, con guacamayas, monos y leones como protagonistas.
Tensiones internas: mente, heridas y memorias
Más allá del cuerpo físico, el ser humano es también memoria, emoción, deseo y creencias. La mente, ese territorio invisible, guarda dolores, heridas, anhelos y pulsos de vida que muchas veces quedan al margen de los discursos dominantes. Si en el pasado conceptos como locura sirvieron para excluir y controlar, actualmente muchos artistas reflexionan sobre estas zonas de la subjetividad como parte esencial de la experiencia humana.
Pubertades. Diana Burbano
Diana Burbano presenta una instalación que nos remite a las ruinas: madera deteriorada y un torso polvoriento componen un escenario donde lo psíquico y lo físico se funden. La artista evoca la fragilidad de la memoria, la dificultad de reconstruir lo perdido y la sensación de habitar un espacio entre el pasado y el presente, entre lo ajeno y lo familiar.
Aún te pienso. Yise Yurany Morales
Yurany Morales transforma el duelo por su abuela en una acción de sanación. Mediante una propuesta performática y simbólica, la artista convierte el dolor en un acto de presencia: la ausencia se llena de sentido, y el recuerdo adquiere una textura cálida que reconfigura el vínculo afectivo con los que ya no están. La artista nos recuerda la capacidad del arte como vehículo de sanación personal.
Encierro. Diego Fernando García
Las pinturas de Diego García son profundas, expresivas y agudas, y parten de una serie de internaciones en una clínica de salud mental en Florencia (Caquetá) entre el 2020 y el 2022. Con una estética intensa y expresiva, retoma la imaginería de Goya para denunciar los mecanismos de control institucional y, al mismo tiempo, testimoniar una vivencia propia de vulnerabilidad y resistencia por medio de unas imágenes que funcionan tanto como testigo directo de estas instituciones, como de voz crítica sobre los procedimientos psiquiátricos.
De la serie Despojados: Adiós, Vacío y Sueños. Leonel Moreno Manrique
Leonel Moreno Manrique, en cambio, indaga en un pasado más lejano. Su investigación sobre el Sanatorio de Agua de Dios, espacio creado a finales del siglo XIX con el objetivo de aislar a las personas que padecían de la enfermedad de Hansen (más conocida como lepra), da lugar a una serie de pinturas profundamente humanas. Lejos de centrarse en la denuncia institucional, su obra rescata la dimensión afectiva de aquellos a quienes marginaron y visibiliza los vínculos que emergieron en medio del aislamiento.
Tensiones territoriales: pueblo y ciudad
El crecimiento urbano acelerado ha generado profundas fracturas entre la ciudad y lo rural, lo que ha producido desplazamientos, desarraigos y transformaciones culturales complejas. La migración interna en busca de oportunidades económicas suele venir acompañada de la pérdida de vínculos con la tierra, con las formas de vida tradicionales y con los saberes locales.
La sajadora (Doña Rosalba) y Pescaderías. Braulio Hernández Aristizábal
Braulio Hernández Aristizábal retrata la vida cotidiana de Honda, es decir, sus oficios tradicionales, paisajes y costumbres. Por medio de una pintura figurativa y sensible, el artista capta no solo la imagen, sino también la atmósfera emocional de un municipio en transformación. Su trabajo, además de actuar como archivo afectivo y visual, rescata labores tradicionales que tienden a desaparecer.
La Fitzcarralda. Daniel Giraldo
Daniel Giraldo se sumerge en las aguas del río como espacio simbólico. En su obra La Fitzcarralda, el artista recoge testimonios, sonidos y escenas de la vida ribereña en Honda. El río aparece no solo como cuerpo de agua, sino como espacio social y narrativo: un territorio de sentido donde se cruzan historias, trabajos e imaginarios.
Desahogo y el artículo perdido. Mary Escobar
Mary Escobar cuestiona, desde Ibagué, los impactos del crecimiento urbano mediante pruebas visuales de la contaminación del aire, apelando a un lenguaje entre lo satírico y lo crítico. Con ello, la artista tensiona las nociones de progreso y desarrollo al recordar los costos ambientales de una expansión urbana sin planificación ni conciencia ecológica.
Tensiones sociales: conflictos, extractivismo y migración
Colombia es un país atravesado por múltiples tensiones sociales: desigualdad, violencia, desplazamientos, extractivismo… Las obras reunidas en este eje abordan tales problemas desde una perspectiva crítica y sensible, reconociendo las heridas del territorio sin renunciar a la posibilidad de transformación.
La Danza de las lanzas. Jáder Cruz Valderrama
Jáder Cruz Valderrama parte de su experiencia en el barrio La Gaviota, de Ibagué, para analizar cómo la violencia se ha naturalizado en la cultura regional. Gracias a una investigación sobre las fiestas populares, el artista muestra cómo ciertas costumbres están atravesadas por una gramática del conflicto. Su obra va más allá de un asunto coyuntural, al vincular la historia del departamento del Tolima y rememorar el periodo de la Violencia de mediados del siglo XX.
Río que llora. El Colectivo Timbico: Pablo Mosquera y Valentina Cuervo
El Colectivo Timbico, conformado por Pablo Mosquera y Valentina Cuervo, desarrolla una práctica artística ligada al activismo territorial. En esta ocasión, presenta una investigación performática sobre los impactos de la represa del Quimbo en el río Magdalena y sus comunidades. En su obra, el colectivo combina entrevistas, paisajes sonoros e intervención in situ, y genera un espacio de denuncia y evocación que conecta lo humano y lo ecológico.
Pie de monte. Ángel Cerón Pérez
Ángel Cerón Pérez recorre en moto el camino que une Neiva con San Vicente del Caguán, atravesando territorios marcados por el conflicto. Lo hace como un acto simbólico de sanación: al reencontrarse con los paisajes de su infancia, el artista confronta el miedo y resignifica el territorio desde la revitalización de sus memorias.
Frontera (Nudo). Adrián Preciado
Adrián Preciado, nacido en la frontera colombo-venezolana, trabaja desde la experiencia migratoria para reflexionar en su obra sobre la construcción de la identidad y la arbitrariedad de las fronteras. Con una poética visual sutil, desdibuja los mapas y propone una geografía afectiva, donde los pueblos se hermanan más allá de los límites políticos.
Christian Snyder Moreno Martín
Artista y educador (Bogotá 1991. Vive en Bogotá)
Curador de la exposición en Ibagué

Snyder obtuvo el título de pregrado en Artes Plásticas y Visuales en la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá, 2014) y de Maestría en escultura en el Royal College of Arts (Inglaterra, 2021) gracias al apoyo del Programa Jóvenes Talentos del Banco de la República.
Ha desarrollado proyectos curatoriales y de mediación en espacios como el Museo de Arte de la Universidad Nacional (2013) y la Sala de Proyectos de la Universidad de los Andes (2016), entre otros. Ha participado de charlas y simposios como el Curatorial Intensive organizado por el Independent Curators International (ICI) en Bogotá (2015). Investiga sobre las relaciones entre arte, curaduría y educación, parte de estas indagaciones se encuentran en el libro “No sé a qué horas pinté, Beatriz González, los procesos y educativos y el Museo de Arte Moderno de Bogotá. 1971-1983” (2020). Ha participado en residencias artísticas en Canadá, México, Brasil y la Antártida. En sus proyectos indaga sobre la sanación y la espiritualidad desde lugares como el aprendizaje, lo cotidiano y el medio ambiente. Su obra hace parte de la Colección de arte del Banco de la República.
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