La terminología "vanguardia" ha tenido diferentes significados y contextos a lo largo de la historia. Empezando por el ámbito militar, cuya relación estaba implicada con la fuerza y el movimiento ejercidos durante la lucha o combate. En cuanto al entorno político, la palabra vanguardia hace alusión a la división de un partido político o grupo social que presenta las ideas más radicales y férreas. Por otra parte, en el campo artístico esta palabra ha estado en uso desde mediados del siglo XIX cuando el literato francés Gabriel-Desiré Laverdant la mencionó en uno de sus escritos, titulado "De la misión del arte y del rol de los artistas"; en dicho documento expresaba el progreso y la libertad que se lograrían gracias al arte y que dependía del artista estar a la vanguardia, es decir a la novedad y cambios de aquel momento. Arte y política han estado ligadas mediante el uso de la palabra vanguardia por idealizar la victoria del hombre ante las desigualdades sociales, además de concebir la obra de arte como una experiencia sensible, emocional, ética y social.
En la Europa del siglo XIX surgieron diversos artistas que utilizaron la radicalidad de sus intenciones, plasmadas en sus obras, para criticar y mostrar la realidad espiritual y los vacíos emocionales. El artista neerlandés Vincent Van Gogh, el noruego Edvard Munch y el belga James Ensor fueron tres de los representantes más sobresalientes en la expresión vanguardista al tomar como influencia las inquietudes sociales. Durante el siglo XX, los diferentes acontecimientos políticos, sociales y personales como la Primera Guerra Mundial, la legitimidad de la burguesía y su posterior declive en el manejo de estados nacionales, la ruptura y vacío de la interioridad personal y la fragmentación de la conciencia humana, van a estar presentes en la vida y obra de los artistas ligados a las diferentes vanguardias europeas.
El discurso artístico decimonónico perdió poder e influencia en las tres primeras décadas del siglo XX en campos como la literatura, la arquitectura, la música y desde luego, el arte. Los artistas vanguardistas se basaban en principios o referentes como la subjetividad, la búsqueda del subconsciente, la exaltación de la máquina y la industria, la estructura del espacio y el racionalismo. En este sentido, el carácter militante político y la lucha militar se manifiestan en el arte de aquel momento para presentar obras críticas, radicales y revolucionarias, alejadas de propósitos estéticos como el deleitar, agradar o decorar. Asimismo, el arte vanguardista proporcionó en los artistas un sentido de duda y de cuestionamiento personal que exigía pensar una y otra vez por el propósito de vida, la renovación constante de la obra y la reinvención de la mirada social; dichos esquemas permitieron a los autores de las obras a pensarse a sí mismos como fundadores de nuevas formas de pensamiento, de vida y de percepción del mundo, traducidas en la originalidad de sus respectivos estilos.
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