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Tipo de minisitio
Tipo de exposición

Las sociedades orfebres prehispánicas desarrollaron formas particulares de entender el mundo. Con ellas ordenaron su entorno y lo llenaron de contenidos simbólicos. Estas cosmologías dieron respuestas a los problemas centrales de la existencia, como la muerte, la enfermedad y el significado de la vida. Imbuidas de un profundo sentido religioso, convertían el universo, la sociedad y sus creaciones en realidades sagradas, mientras establecían entre los hombres y sus ancestros un vínculo esencial para la continuidad de las tradiciones. Los metales, y en especial el oro, simbolizaron las fuerzas fertilizadoras del sol y expresaron el origen divino del poder de los gobernantes.

Caciques, sacerdotes y chamanes fueron los encargados de guardar, transmitir y renovar las representaciones cosmogónicas. Dotados con capacidades y sensibilidades especiales, eran sometidos desde niños a largos procesos de aprendizaje sobre la mitología, las plantas sagradas, la astronomía y las prácticas rituales. Con sus palabras, gestos y objetos como herramientas, realizaban un trabajo simbólico que transformaba el mundo para garantizar la reproducción de la naturaleza y el bienestar de la sociedad. A su lado, los orfebres, mediante una labor técnica y a la vez mágica, transmutaban los metales en objetos con significados culturales.

Muchas de las creencias y prácticas religiosas de las sociedades indígenas actuales tienen profundas raíces en su pasado milenario y fueron comunes a diversos pueblos. Gracias a estas tradiciones, documentos de la conquista y la colonia e investigaciones arqueológicas, conocemos sobre los sistemas de pensamiento de las sociedades orfebres. Estas poblaciones produjeron cosmologías diversas, pero también presentaron ideas similares como resultado de sus encuentros y de antiguas raíces culturales compartidas.

Los pensadores prehispánicos, entre quienes había mujeres y hombres, desarrollaron técnicas corporales para meditar y comunicarse con el mundo sobrenatural. Al sentarse en determinadas posturas adquirían estados de intensa concentración y evocaban conceptos cosmológicos

Las imágenes del cosmos

Las cosmologías prehispánicas narraban sobre el origen, el devenir y la estructura del universo; le asignaban un lugar y un sentido a todos los seres y establecían un orden en sus relaciones. Entre algunas sociedades el cosmos se representaba conformado por varios niveles o mundos superpuestos, conectados e interdependientes; a ellos se asociaban determinados colores, olores, animales, plantas y espíritus.

El universo se manifestaba en una dimensión material visible y en otra espiritual, poderosa y oculta para la mayoría de la gente.

Según numerosas cosmologías americanas, el universo estaba conformado por tres mundos. Los hombres habitaban el mundo intermedio, mientras dioses, ancestros y otros seres sobrenaturales moraban en el superior o en el inframundo. El nivel superior y el inframundo se concebían con características opuestas y complementarias, como claro/oscuro, masculino/femenino, seco/húmedo. El mundo del medio, el de la gente, combinaba elementos de los otros dos.

Las sociedades orfebres clasificaron la fauna, la flora y otros seres en categorías basadas en diversos principios como su forma, hábitat, comida y uso cultural. Plasmaron estas taxonomías en sus objetos. Las aves simbolizaron el mundo de arriba. Gente, jaguares y venados personificaron el intermedio. Los niveles inferiores se representaron con murciélagos, caimanes, serpientes y otros habitantes de los orificios de la tierra.

Entre los pueblos amerindios la sociedad se concibe unida a la naturaleza. Gente, animales, plantas y espíritus conforman una gran sociedad cósmica en la que sostienen relaciones idénticas a las de los humanos.

Símbolos cosmológicos

El simbolismo de los caciques

Un rico simbolismo de tabúes, objetos e ideas rodeaba a caciques, cacicas y otros dignatarios. Se les consideró descendientes de divinidades y relacionados con seres poderosos como el jaguar. Estaba prohibido mirarlos a la cara y con frecuencia sus pies no debían tocar el suelo; tenían varias esposas, sirvientes y grandes casas rodeadas por empalizadas, eran llevados siempre en andas y sólo ellos usaban ciertos adornos o comían determinados alimentos. Cuando morían se les momificaba y depositaba en grandes tumbas o en sus cercados, que desde entonces se convertían en santuarios.

Esmeraldas, plumas de guacamaya, conchas marinas, resinas y otros bienes foráneos daban prestigio a los caciques. Llegaban desde lugares lejanos, desconocidos y míticos, por largas cadenas de intercambio. El oro se asociaba con el sol por su color, brillo intenso e inmutabilidad. Los adornos dorados expresaron el origen celestial y divino del poder de los gobernantes.

Los caciques usaban posturas corporales y gestos diferentes a los de sus subalternos. Los significados de estas posturas y gestos manifestaban sus vínculos con seres y niveles superiores. Al cubrirse con oro, el cacique se apropiaba de las fuerzas seminales y procreadoras del sol. Encarnaba en esta tierra los poderes de esa deidad del mundo superior. En algunas sociedades, los caciques y capitanes, al finalizar su largo entrenamiento en templos especiales, podían horadarse la nariz y las orejas para usar narigueras y orejeras.

El simbolismo del poder

El cuerpo-ropaje y la transformación

En muchas cosmovisiones amerindias no existe una diferencia radical entre humanos y no humanos. Personas, animales, plantas, rocas y objetos son gente; distintos tipos de gente, dotados con un alma o espíritu. La gente-danta, la gente-pescado y las demás viven en comunidades, cosechan, tienen sus casas y bailan como los hombres. Cada tipo de gente tiene una forma particular de ver el mundo, una perspectiva propia determinada por su cuerpo, un cuerpo-ropaje removible y cambiable a voluntad. Ponerse plumas, adornarse o pintarse significan mudar el cuerpo-ropaje y transformar así la perspectiva frente al mundo.

La persona ataviada con atuendos de animales, ancestros o espíritus míticos, incorporaba los nombres, capacidades y características de esas especies o seres. Mujeres-ave, hombres-vampiro y hombres-serpiente revelan un universo de transmutaciones. Transformada en hombre-vampiro, la persona observaba el mundo al revés; como mujer-ave, trascendía a otras dimensiones del cosmos.

Con una “segunda piel” compuesta de adornos, pinturas y ropajes, los danzantes ingresaban a otra realidad y temporalidad. Percibían el mundo con ojos de cocodrilo, colibrí, planta, ancestro o divinidad.

Mediante la transformación en aves como cóndores, águilas, tucanes y loros se adquirían vistosos picos y plumajes, al igual que extraordinarias facultades: alto vuelo, visión aguda y destreza en la cacería. Según antiguos mitos, en el comienzo de los tiempos unas aves negras, chamanes ancestrales, trajeron en sus picos la luz a la tierra y a los primeros clanes les entregaron sus territorios. Los sacerdotes y chamanes, algunos vistos como genuinos hombres-aves, realizaban un vuelo mágico a través del universo. Su parafernalia con figuras de aves les daba poderes para emprender estos largos viajes.

Algunas sociedades enseñaron a hablar a los papagayos para reemplazar a veces con ellos a las víctimas de los sacrificios. Para estos grupos, el lenguaje transmutaba a estas aves en humanos.

Transformarse cambiando de ropaje

Los hombres-felinos

El jaguar fue un símbolo asociado a la religión y al poder desde tiempos inmemoriales en América. Evidencias materiales y textos revelan que personajes de alto rango tenían nombres alusivos a felinos, utilizaban atavíos elaborados con sus pieles, se pintaban sus manchas y llevaban colas y uñas largas. En los templos se guardaban sus cráneos mientras fieras imágenes felinas hacían de guardianes. Las crónicas narran que caciques y sacerdotes se transformaban en “grandes gatos” y que durante las ceremonias se comunicaban con otros espíritus de jaguares.

El chamán-jaguar veía con ojos de felino a su entorno: a los demás jaguares como humanos y a las personas de su comunidad como presas: una situación peligrosa y temible para la gente. El dignatario transformado en jaguar adquiría fuerza, agilidad, agresividad, visión aguda y astucia. Con ellas actuaba para proteger y curar a su gente o vengarse de sus enemigos.

Los collares y otros adornos de felino transformaban a la persona en un auténtico predador. Rugía como un trueno, resollaba y desafiaba con sus garras, mientras su espíritu erraba por el bosque en busca de una presa.


Ofrendas y sacrificios para los inmortales

Imagen principal Media
Imagen
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Año
2008
Carácter de la exposición