Los yukunas, hablantes de una lengua de la familia arawak, habitan en áreas cercanas al río Mirití-Paraná donde conviven con comunidades tanimuka, letuama y makuna. Como otros grupos amazónicos, han practicado tradicionalmente la agricultura itinerante de roza y quema, la cacería, la pesca y la recolección de frutos, y en años recientes participan en otras actividades económicas. Muchos han migrado hacia Leticia y otras cabeceras municipales de la Amazonia colombiana.
El centro de la vida ritual, social y familiar de los yukunas ha sido históricamente la maloca. En su interior, tres círculos concéntricos definen los espacios de las actividades: el círculo central es el lugar sagrado; el intermedio, un área social de trabajo, y el periférico se divide en unidades domésticas.
Fotografías de Diego Samper
EL BAILE DE CHONTADURO
Para festejar la abundancia de las cosechas, los yukunas celebran el baile de chontaduro en época de verano entre diciembre y febrero, cuando fructifica la palma de chontaduro. Participan grupos de dos malocas que mantienen intercambios rituales, sociales y económicos.
Los hombres de la maloca invitada llegan vestidos con máscaras, camisas y sayas, y pintados con un tinte negro en el cuello, las manos y los pies. Ataviados así, encarnan a los animales que habitan el territorio yukuna y son presas de cacería. Los anfitriones permanecen sin máscaras para cumplir el papel de los humanos en el baile.
En el baile, cada personaje enmascarado actúa de acuerdo a los comportamientos que los indígenas han observado milenariamente en los animales.
El primer día del baile, los enmascarados danzan en el centro de la maloca, mientras los “humanos” los observan en círculo. Esa noche, afuera de la casa, en los linderos de la selva, los “animales” continúan con cantos y bailes que recuerdan sonidos y movimientos de la naturaleza.
En el segundo día, los “animales” se despojan de su ropaje al entrar en la maloca, invitados por sus anfitriones “humanos”. La transformación de los “animales” en “humanos”, cuando se quitan sus vestidos y sus máscaras, manifiesta el deseo de los yukunas de mantener buenas relaciones con la naturaleza. Para finalizar la fiesta, todos los participantes bailan una única danza.