pueblo ticuna se desplazó durante la Colonia hacia las riberas del Gran Río, el Amazonas. En la actualidad, algunos de sus asentamientos están ubicados en las cercanías de Leticia, en el Parque Nacional Natural Amacayacu y en Puerto Nariño. Sus actividades económicas tradicionales han sido la agricultura, la cacería y la pesca. También participan activamente en el comercio con sus artesanías en madera y yanchama o tela de corteza de árbol.
El nombre ticuna fue dado a estos grupos por sus vecinos y posiblemente significa “cuerpo negro” o “rostro negro”, en alusión a su costumbre de pintarse la piel con la pintura negra que se obtiene del fruto del huito. Esta tintura es usada para la protección y purificación de las personas en los rituales. Según los mitos, la esencia de los ticunas es de huito: Ípi, uno de los hermanos creadores, ralló su piel al rallar huito; los peces comieron este afrecho mezclado con su carne y cuando Yoí, el otro hermano creador, los pescó, al tocar la tierra se transformaron en los primeros ticunas.
El ritual de la pelazón
Los ticunas celebran el ritual de la pelazón, o de paso de niña a adulta, al momento de la menarquia. Antiguamente este ritual duraba varios meses, durante los cuales la iniciada permanecía aislada en una plataforma bajo el techo de la casa, al cuidado e instrucción de las mujeres y fuera de la vista de los hombres. Con este encierro se simboliza la formación de una crisálida que espera su tiempo para convertirse en un nuevo ser. Para la gran fiesta de varios días que da fin al aislamiento, la niña es pintada con huito, se le adhieren plumas de garza y se le cubre su cuerpo con distintos adornos.
En la pelazón, el tío paterno dirige a las mujeres que elaboran los brazaletes y las coronas del traje de la iniciada. Antes de sacarla de su encierro, los familiares más cercanos recubren el cuerpo de la niña con este ropaje de plumas. La niña deja su reclusión ataviada de pies a cabeza y rodeada de su gente, quien la rodea y protege en su primera presentación como adulta ante la sociedad.
En el transcurso de la celebración aparecen los hombres enmascarados en representación de los padres de los animales y otros espíritus, portando escudos decorados con distintos colores. Con ellos se comparten el masato y la carne preparados para la ocasión.
Al final del ritual de la pelazón, la niña baila con las mujeres mientras éstas le recuerdan sus responsabilidades futuras y le arrancan el pelo poco a poco hasta dejarla totalmente calva.