¿Y cómo se hace un museo?
El Museo del Oro Nariño ha sido fundamental en la formación de varias generaciones de nariñenses. Muchos, al venir con su colegio y luego con su familia, aprendieron en él a querer su geografía, apreciar sus costumbres y entender el valor de las tradiciones y culturas indígenas. Renovarlo para ponerlo al nivel de los mejores museos de Colombia y de Latinoamérica era entonces no solo una necesidad, sino un reto.
En grupos focales y largas conversaciones con una gran variedad de personas de la región, los curadores del Museo del Oro fueron acopiando ideas y contenidos para escribir un guión actualizado respecto del saber arqueológico, pero que además toca de cerca a cada uno, porque trata temas de interés para innumerables personas. El trabajo artesanal, la geografía contrastante de la costa pacífica y la serranía andina, la fauna, la minería del oro, las festividades, los entierros, las lenguas indígenas, incluso la matemática son temas que se muestran en el museo como facetas del pasado prehispánico, y que cada visitante encuentra dentro de sí y en su entorno, lo que genera fuertes lazos e hipervínculos de identidad.
Ya los arquitectos museógrafos que hicieron grande un espacio pequeño tienen todo implantado en 3D, una empresa metalmecánica construye las vitrinas blindadas, los ingenieros de seguridad ubican mentalmente sus cámaras y sensores satelitales, los diseñadores gráficos diseñan estilo, paneles y textos (y catálogo, y postales, y pendones), los gestores culturales atienden la expectativa, hacen talleres fuera del museo, planean los servicios y la promoción. Pronto todos tienen una cita en el Museo del Oro Nariño.
En el momento del montaje del museo cada objeto llega al lugar que se le ha asignado con anticipación, lo que garantiza el cuidado y el tratamiento riguroso de las piezas arqueológicas. Con cuidado notarial, los registradores continúan llevando el control de 182 objetos de orfebrería, 1 de platino, 176 cerámicas, 57 líticos, 26 conchas, 18 maderas, 6 huesos, una resina y 3 textiles prehispánicos.
Vigilantes, coordinadores, directivos, animadores, aseadores, personal de apoyo y de reemplazo y muchos más completan la tarea del Museo del Oro Nariño: atraer y recibir a los visitantes regionales, nacionales y extranjeros que harán realidad el lema:
El Museo del Oro Nariño, un espejo para mirarnos a través de nuestro pasado