La Colección de Arte del Banco de la República encuadra en esta curaduría, titulada ¨Los primeros tiempos modernos¨, un conjunto de obras realizadas desde finales del siglo XVI hasta los últimos decenios del XVIII, en lo concerniente al territorio del Nuevo Reino de Granada como área de producción. América se erigió en espacio donde fructificarían las estrategias adoptadas en el Concilio de Trento (1545 - 1563) para contrarrestar los influjos del protestantismo. Ante las trabas que debía afrontar el proceso de evangelización de las poblaciones autóctonas, como el colisionar con un sinfín de lenguas indígenas, el proceso de enseñanza del castellano, la sustitución gradual de las deidades nativas por las figuras preconizadas desde la iglesia católica apostólica romana, complejizaron aún más una tarea que en siglos precedentes se había acometido a través de la guerra contra los denominados infieles de Oriente, y que con el cisma del norte de Europa, tras el cataclismo suscitado por Lutero, vino a sumarse a las preocupaciones espirituales del momento.
Dentro de las decisiones tomadas en Trento, se concibió instrumentalizar la imagen como medio de difusión de la fe, para contrarrestar la denostada iconoclastia despertada por parte del bando protestante. El arte se irguió como movilizador de escenas portadoras de una gran carga de emoción, sensibilidad y fervor piadoso, dirigidas a suscitar devoción entre una cultura que estaba a las puertas de la textualidad. Si bien la progresiva instauración y normalización de los ritos litúrgicos en la América española se fue haciendo un hábito entre las poblaciones nativas, subsistió de manera clandestina la devoción rendida a los dioses anteriores a la conquista, y pese a que el castellano había obtenido una considerable divulgación, la misa, las oraciones y textos como la Biblia, estaban escritos y recitados en latín, una lengua circunscrita para la celebración de la liturgia entre el estamento eclesiástico, y de escaso uso cotidiano.
Los lenguajes visuales adquirieron una primacía sustancial para difundir los valores, la moral y la virtud espiritual necesaria entre los creyentes para dotarlos de la consciencia que les permitiera luchar contra todo lastre de herejía y concupiscencia. La atención temática manifiesta en las pinturas, esculturas y altares, se enfocó en la proyección visual de fuentes textuales, sobre historias tomadas de la Biblia y de las vidas de los santos, las cuales eran sintetizadas en tomos de hagiografías. Categorías como el cuerpo, el purgatorio, la familia, el martirio, o la misma muerte, se plantearon como recursos de retórica visual dirigidos a exaltar los valores del buen cristiano, aquel que lograra compenetrarse con las sensaciones místicas de devoción y exaltación manifestadas por los personajes objeto de representación en las piezas que caracterizaron la predominancia del Barroco y su irrupción estilística en la cotidianidad urbana de las ciudades americanas con la proliferación de iglesias, catedrales y conventos.
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