Lilia Yoana Cuero Castro,
Juan Alberto Durán Velásquez,
Ever Andrés Mercado Puentes,
Martha Isabel Calle Cadavid,
Leidy Daniela Escobar Narváez y Carlos Fernando Martínez Arango (Colectivo Luz Ancestral),
Florence Antonia Gómez Quintero,
Esteban López Escobar,
Michael Romario Paz Gómez,
Leandra Plaza Santa,
Mauricio Quiñones Segura,
Daniela Sánchez Tafur,
Paula Andrea Solarte Espinosa,
Aníbal Moreno Cárdenas,
Andrés Mauricio Mosquera Mosquera,
¿Cómo construir una imagen de región? ¿Con qué propósito? La invitación era clara: proponer una representación amplia, diversa e incluyente del Pacífico colombiano. Pero ¿es posible captar esa complejidad? Como señala Raymond Williams1, el término "región" encierra una tensión: alude tanto a la diversidad como a la delimitación. El Pacífico es, en efecto, una región vasta y heterogénea, pero que propone a su vez lecturas distintivas sobre su cultura y formas de vida. Para esta exposición, el recorte institucional establece que la región del Pacífico está compuesta por tres ciudades donde el Banco de la República tiene sedes culturales: Cali, Buenaventura y Quibdó.
La invitación implica, entonces, un reto: visibilizar las prácticas artísticas de las regiones que pocas veces tienen espacio en los lugares de legitimación y, al mismo tiempo, encontrar una narrativa que las articule. Esta curaduría se distancia de la idea totalizante de región y propone revisar las formas particulares de habitar y significar el espacio. Lugares que se conciben y se comprenden por medio de la mirada de cada artista.
El suelo por donde camino es una expresión que utiliza el artista Yeison Riascos para referirse a su práctica artística situada en el barrio 11 de Abril de Buenaventura, donde vive, enseña y crea. Además, Riascos guía a jóvenes artistas que, ante la falta de academias en el puerto, acuden a él en busca de conocimiento. Su obra, arraigada en la cotidianidad de sus vecinos y la esencia cultural del Pacífico sur, solo se comprende plenamente desde ese contexto.
Lo que se plantea en esta exposición es, entonces, pensar la obra de cada artista de manera situada. Lo situado nos habla de un espacio y de un punto de vista particular. Una singularidad del pensamiento2. Marcela Vallejo, pensando en el duelo y en las maneras de evocar al ausente, se refiere a la memoria como una construcción situada, “algo que se construye aquí y ahora, que no es único ni unívoco, que tiene muchas formas y que cada uno crea, dependiendo de su posición, de su lugar en el mundo y su manera de verlo”3. Ese lugar desde el cual se recuerda o se crea no solo está definido por un espacio físico específico, sino también por el momento. El aquí y el ahora, el presente, lo contemporáneo.
Así mismo, lo situado refiere a la posibilidad de la mirada “que construye traducciones y maneras específicas de ver, es decir, formas de vida.”4. Con esta formulación, cada artista se convierte entonces en testigo de su tiempo, construye su obra a partir de la observación de su entorno, de caminar, de descubrir, de explorar, de registrar, de preguntar, y a partir de ahí crea una reflexión crítica. Lo anterior se traduce en prácticas y narrativas que conectan con sus quehaceres y constituyen una memoria —como apunta Vallejo—, una memoria de su momento y del lugar que habitan.
Las prácticas de las y los artistas de esta exposición muestran una visión singular de sus entornos. Aunque no responden a ejes temáticos predeterminados ni se agrupan por procesos comunes, en las quince propuestas se establecen diálogos orgánicos mediante constelaciones conceptuales. Emergen nodos recurrentes: el cuerpo (presente o representado); el archivo (documentos que se editan, conservan y se generan); las redes afectivas (familia, comunidad, colectivo); los saberes ancestrales (tradición, espiritualidad), y los códigos culturales (barrio, consignas, gestos).
Esta yuxtaposición de enfoques no solo revela la polifonía inherente a los diversos contextos e historias de vida, sino que construye colectivamente posibles respuestas —siempre parciales y disonantes— a la pregunta inicial por la representación regional contemporánea. Queda para el espectador articular, desde estos fragmentos, su propia imagen de región.
Sed. Miguel Ángel Angulo
Paisajes residulaes. Juan Durán
Miguel Ángel Angulo utiliza su cuerpo desde la danza y el teatro. Sed (2025)es un performance en el que explora la paradójica escasez de agua en Buenaventura. También en el puerto, Juan Durán transforma plásticos recolectados por los residentes de la comuna 10 en Paisajes residuales (2019), 98 placas coloridas creadas mediante compactación térmica.
Reloj de arena. Paula Solarte
Paula Solarte tensiona la idea de representación de lo natural al retratar granos de arena del río Cauca, mirando cada grano como un sujeto con otro acercamiento a la noción de residuo. En Reloj de arena (2024-2025), Paula observa cada grano y lo pinta, lo revela para nosotros, le da agencia, presencia; cada uno es distinto, una partícula del territorio en el que habitamos.
A color. Wasolo / Andrés Mauricio Mosquera
Waosolo (Andrés Mauricio Mosquera) capta en A color (2020-2025) la cotidianidad de Quibdó mediante fotografías saturadas cromáticamente. Esta operación estética cumple un doble propósito: exaltar la cotidianidad local mientras desmonta críticamente las representaciones exotistas y folclóricas asociadas al territorio.
Manacillos. Ever Mercado
Regresamos con novedad. Lilia Cuero
Ever Mercado documentó la celebración de Manacillos (2024) en la comunidad de Juntas (río Yurumanguí), donde con su lente capta no solo el evento, sino también la simbiosis ritual entre cuerpo, comunidad y naturaleza. Por su parte, Lilia Cuero construye en Regresamos con novedad (2019-2023) un testimonio visual como homenaje a su padre, fallecido en un naufragio. En su fotolibro, la artista retrata con mirada afectiva la cotidianidad de los trabajadores marítimos de Buenaventura.
Artista de tierra. Florence Antonia Gómez
Por medio de fotografías ilustradas con un enfoque afro-futurista, Florence Antonia Gómez honra a las mujeres -mayoras provenientes de diferentes lugares del Pacífico colombiano que practican rituales espirituales en el distrito de Aguablanca, en el oriente de Cali. En Artista de tierra (2024), Florence rinde tributo a Chela (Graciela Viveros), artista de Buenaventura que utiliza la tierra del suelo del lugar que habita como material para pintar y así resignificar el territorio.
Una persona negra en el espacio público. Mauricio Quiñonez
Ubicado también en el distrito de Aguablanca, Cflef (Mauricio Quiñónez) recorre y observa las formas de autorrepresentación de su barrio y se pregunta por lo que significa pertenecer a este. Una deriva por el centro de la ciudad detona una consciencia de cómo la manera de vestir, hablar y comportarse, que son familiares en su contexto, se perciben en forma distinta por fuera de este. En Una persona negra en el espacio público (2022), Cflef construye una obra cargada de códigos y elementos reivindicativos de las personas negras barrializadas.
Reunión I, plano familiar. Romario Paz
Super / Vivencia. Martha Isabel Calle
Desde otra perspectiva, Romario Paz encuentra su identidad en la interacción con su familia —y en sus vínculos afectivos— y en lo que significa pertenecer a esa colectividad. Su papá, maestro constructor;, su mamá, mujer negra de Santander de Quilichao, en el norte del Cauca. Juntos se preguntan en Reunión I, plano familiar (2023), cómo sería su casa propia ideal y la diseñan colectivamente en la mesa del lugar que habitan en la actualidad, también situada en el oriente de la ciudad. Igualmente, Martha Isabel Calle se conecta con su familia para encontrarse y sanar heridas generacionales, como la tala del árbol plantado en la casa familiar por los abuelos que no conoció. En busca de sanar ese acto doloroso, la artista crea Súper / vivencia (2024), una instalación en la que una fotografía del árbol encontrada en el archivo familiar es impresa en papel germinable, en el que brotan semillas como metáfora de memoria y cuidado afectivo.
Luz ancestral. Leidy Escobar y Carlos Martínez
Leidy Escobar y Carlos Martínez lideran Luz Ancestral (2023), proyecto colaborativo en el que retratan, mediante clorotipia en plantas medicinales, a niños y jóvenes de las comunidades inga y pijao que llegaron a Palmira (Valle del Cauca), víctimas del desplazamiento forzado. De este modo, exploran la relación entre imagen, supervivencia y saberes tradicionales.
Maderas del Chocó. Aníbal Moreno
Sin título. Esteban lópez
Aníbal Moreno y Esteban López observan la ornamentación y los materiales que encuentran en las calles de Quibdó y Cali, respectivamente, para proponer objetos que desde estéticas muy diferentes hacen una lectura de sus entornos con experimentaciones espaciales. Aníbal talla la madera y crea unos “bolardos” con figuras que conectan con el arte africano en Maderas del Chocó (2020-2024), experimentando con las formas y posibilidades materiales del tallado y su policromía. Esteban, a su vez, observa las vallas de contención utilizadas para proteger espacios específicos de la ciudad y las contrapone a las rejas ornamentales que tienen algunas ventanas de barrios tradicionales en Cali. Así, propone unas vallas de restricción de movimiento con Sin título (2024), pensando en las posibilidades decorativas de estos objetos de control.
Punto a punto. Daniela Tafur
Acompañándonos. Leandra Plaza
Finalmente, Daniela Tafur y Leandra Plaza utilizan el tejido para construir y crear narrativas a manera de declaraciones (statements) sobre su entorno, la primera a través de Punto a punto, una gran tela de fique tejida con frases que reivindican el trabajo manual en un momento específico de transición tecnológica y producción industrial, y la segunda con Acompañándonos, un collage textil conformado por retazos en el que se recogen algunos pensamientos acerca del cuerpo machorro, sus emociones y tácticas de sanación. Estas dos obras se consideran en proceso, no terminadas.
Adriana Castellanos Olmedo
Historiadora del arte, docente e investigadora (Vive en Cali)
Curadora de la exposición en Cali

Doctora en Historia de la Escuela Interdisciplinar de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Argentina, con la investigación titulada Intercambios, representaciones y programas del arte gráfico en Cali, Colombia, y la conformación de redes culturales en América Latina y el Caribe en los años setenta, defendida en el 2022. Magíster en Historia del Arte Argentino y Latinoamericano de la misma institución. Licenciada en Artes Visuales de la Universidad del Valle. Actualmente se desempeña como investigadora y docente de la Facultad de Artes Visuales y Aplicadas del Instituto Departamental de Bellas Artes en Cali, donde dirige el Semillero de investigación Narrativas del Arte en Colombia.
Fue asistente de curaduría del Museo La Tertulia entre 2018 y 2020. Ha realizado diversas exposiciones entre las que se destacan El ruido del silencio del artista Diego Hernández en el Museo La Tertulia como parte del Programa C de Celsia en 2019 y el Salón de Artes Visuales Orika en el marco del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, 2022.
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