La vida de Teófilo Roberto Potes (1917-1975) fue compleja y de muchos contrastes. Nacido y criado en comunidades rurales del Pacífico colombiano, tuvo una excelente formación académica y un profundo entendimiento —a partir de la experiencia propia— de las culturas afro del continente. Junto con figuras como Rogelio Velásquez, Aquiles Escalante, Helcías Martán Góngora, Teresa Martínez de Varela, y Delia y Manuel Zapata Olivella, hizo parte de la primera generación de investigadores colombianos que reivindicó y estudió las raíces africanas en distintas expresiones culturales del país: si diversos sectores de la sociedad colombiana valoran hoy la belleza, espiritualidad y sentido humano de la cultura afropacífica, es en parte gracias a él. Sus conocimientos y experiencias lo llevaron a insistir contra viento y marea en el valor y dignidad inherente de la cultura en la que creció. Y aunque fue uno de los folcloristas más influyentes para lograr que se visibilizara la cultura del Pacífico, no gozó de tal reconocimiento en vida.
Potes nació junto al Río Anchicayá, en la vereda San José del municipio de Buenaventura. A los 12 años acompañó a su madre Felisa Potes (Potes no usaba su apellido paterno, Angulo) a Cali, donde ella trabajaba como empleada doméstica. Su patrón, impresionado con la inteligencia del niño, financió sus estudios en los mejores colegios de Cali. El joven ya había comenzado a cursar medicina cuando se vio obligado a interrumpir sus estudios a causa de la muerte de su benefactor. Potes regresó entonces al Pacífico, y deambuló a lo largo de la región durante varios años, donde trabajó como docente e inspector.
Durante la Segunda Guerra Mundial, también pasó un tiempo en Estados Unidos, donde había llegado en búsqueda de oportunidades. Potes posiblemente conoció a la célebre coreógrafa y bailarina afroamericana Katherine Dunham (1909-2006) en Nueva York. Dunham era, además, antropóloga de formación y había investigado distintas poblaciones afro en el Caribe, que fueron la fuente de sus coreografías. Potes viajó con la compañía de Dunham en su primera gira por Suramérica en 1950, y pasó varios meses con ellos en Brasil. Allí tuvo una revelación que lo marcaría: si las danzas afro que Dunham interpretaba eran valoradas y tenían tan buena recepción por parte del público, la cultura de su Pacífico natal también debía tener valor. Regresó entonces a Buenaventura con la idea de defender y abanderar la cultura del Pacífico.
Se estableció en Buenaventura, en una casa de madera en un humilde barrio de bajamar. Durante este tiempo, Potes conducía un programa en la emisora local Radio Andagoya, al mismo tiempo que trabajaba como docente. Durante las emisiones utilizaba su resonante barítono para declamar poesía local y latinoamericanista, y disertar sobre las particularidades del Pacífico. Por la mima época, empezó a dar cátedra y a hacer demostraciones de la cultura local para turistas, visitantes y habitantes de Buenaventura en un kiosco enramado en el Parque Néstor Urbano Tenorio, ahora conocido como el Malecón Bahía de la Cruz.
A finales de la década de 1950, empezó a organizar su primer grupo de danza: Acuarelas del Pacífico. El grupo reunía a cultores tradicionales que Potes reclutó en los barrios y salones de baile en el puerto, donde se tocaba la marimba, además de estudiantes interesados. Con ellos montó puestas en escena de lo que veía en Buenaventura y el Pacífico rural, siguiendo el ejemplo de Dunham. A finales de la década de 1960, después de que se disolviera el grupo Acuarelas, organizó el grupo Los de La Bahía de la Cruz; y posteriormente, en los años setenta, el grupo Los Canchimalos y el grupo infantil Los Canchimalitos. Los miembros de estos últimos grupos se aprecian en las grabaciones y fotos del “Registro sonoro y visual de Teófilo Roberto Potes”.
Antes de que Potes lo hiciera, la música y danzas del Pacífico nunca se habían presentado en una tarima. Él fue el primero en componer y crear coreografías—siguiendo siempre una representación fiel a la cotidiana. Los grupos Acuarelas, y después Bahía de la Cruz, se presentaron por toda Colombia e incluyeron entre sus filas a algunos de los más importantes cultores que tendría Buenaventura: la danzante y coreógrafa Mercedes Montaño, la decimera Margarita Hurtado y la cantautora, militante y pionera musulmana Alicia Camacho, entre muchos otros.
Potes también fue un referente para investigadores colombianos de la música y cultura afropacífica. Cuando los hermanos Manuel y Delia Zapata Olivella se estaban preparando para llevar su grupo de danzas afrocolombianas a Europa, lo visitaron para aprender de él y de su grupo las danzas del Pacífico (Birenbaum Quintero 2017: 107, 2020: 108). El folclorista Octavio Marulanda produjo con Potes y Montaño sus emblemáticas grabaciones para el Instituto Popular de Cultura; y durante una de las varias visitas a Colombia del afamado etnomusicólogo estadounidense George List entre 1964 y 1970, fue Potes quien le presentó a Manuel y Delia Zapata Olivella (Birenbaum Quintero 2020: 108). Potes también colaboró con Monseñor Gerardo Valencia Cano, obispo de Buenaventura, protagonizando las primeras misas culturales o misas afro que llevaron bombos y cununos tradicionales a las iglesias (ibid.). Además, Potes practicaba la curandería y vistas tradicionales (Birenbaum Quintero 217, 2020; Camacho 2024: 78-81) y fue constructor de instrumentos, como lo evidencian las fotos disponibles en este registro. De hecho, fue quien por primera vez le puso patas a la marimba de chonta, que hasta entonces colgaba de las vigas de las casas (Camacho 2024: 69).
Potes hablaba varios idiomas europeos, conversaba en algunas lenguas indígenas del Pacífico, y se relacionó con académicos y académicas extranjeros, como la etnomusicóloga Isabel Aretz del Instituto de Etnomusicología y Folklore (INIDEF), de Caracas, ciudad que Potes tuvo la oportunidad de conocer a principios de la década de 1970. (Fue Aretz quien indirectamente relacionó a Potes con el etnomusicólogo estadounidense Max Brandt, quien por la misma época tomó las fotografías y grabaciones sonoras incluidas este el registro y que hoy custodia la Red de Bibliotecas del Banco de la República.) Además, investigadores de algunas de las más reconocidas universidades de Europa y Norte América solían visitarlo en su casa palafítica en bajamar, para hacerle consultas. Según su alumna Alicia Camacho, él tenía contactos en la Sorbona de París; en Londres, donde incluso un museo tiene una marimba de Teófilo, y en la BBC, y en los Estados Unidos (2024: 47).
En 1975 dio cátedra en el primer Encuentro de Folkloristas en Manizales. Una revista de la Universidad de Manizales publicó el discurso, incluido en los documentos de este registro, además de una posterior publicación de dos escritos y una coreografía de Potes [Potes 1975a, 1975b).
A pesar de su gran conocimiento y sus éxitos como cultor, Potes fue una figura marginal y malentendida. Quizá esto se deba en parte a que rechazaba la forma —extractiva y engreída— como, según él, en Colombia se apropiaban y subestimaban las culturas populares. Criticaba, por ejemplo, a los folkloristas que se apartaban de del contexto de las personas que estudiaban, o que valoraban la cultura y saberes occidentales como superiores a las 'creencias' (no saberes) de los pueblos. Criticaba también a los coreógrafos por hacer productos comerciales que opacaban la originalidad de lo autóctono, y al Estado por no financiar la cultura popular. Utilizó su obra maestra, el drama dancístico La mina, para criticar el racismo, intervención que no se entendió en el contexto político de la Guerra Fría (Birenbaum Quintero 2020; Potes 1975a).
Su aceptación en Buenaventura, incluso entre personas de su misma raza , tampoco fue del todo positiva durante su vida. Potes fue objeto de burla en muchos escenarios y las comparsas de los grupos que él lideraba a menudo fueron chiflados. (Camacho 2024: 92). Su alumna Alicia Camacho Garcés explica que para algunos afrobonaverenses, los de la clase media, en particular, se avergonzaban de la cultura campesina, en una época en que mucha gente negra buscaba avanzar en un mundo que les exigía un comportamiento más 'blanqueado' (Camacho 2024: 94) Por lo mismo, fue particularmente importante para Potes que el mismo afrocolombiano recuperara el orgullo y el sentido de pertenencia de su herencia cultural.
En 1975, Potes fue diagnosticado con cáncer. En Manizales le realizaron un procedimiento médico que no tuvo éxito, y murió en Buenaventura unos meses después.
Registro sonoro y visual de Teófilo Roberto Potes
Este conjunto documental sobre Teófilo Potes consta de 84 fotografías a color, 37 breves registros sonoros, notas de campo que documentan el trabajo y la vida de una de las figuras más influyentes en el ámbito cultural del Pacífico colombiano, y publicaciones académicas. Los documentos son producto de un encuentro breve pero productivo entre el maestro Teófilo Roberto Potes y el etnomusicólogo estadounidense Max Brandt en 1973. Y aunque es relativamente pequeño, este fondo contiene algunos de los pocos registros sobre el maestro Potes que se preservan en el país.
Max Brandt fue un dedicado investigador de la cultura latinoamericana y afroamericana. Brandt hizo parte de la primera generación de etnomusicólogos formados tras la fundación de The Society for Ethnomusicology en 1955, que institucionalizó la disciplina en Estados Unidos y el Reino Unido.
Después de graduarse en Pedagogía Musical, hizo parte de una de las primeras cohortes del Cuerpo de Paz que estableció el presidente estadounidense John F. Kennedy con el fin de fomentar las relaciones pacíficas entre países a partir de la cooperación internacional. Prestó su servicio entre 1963 y 1965 en Nigeria, donde conoció la música nigeriana y al antropólogo Alan Merriam, uno de los fundadores de la etnomusicología académica en Norteamérica. Inspirado por los encuentros de su viaje, hizo luego una maestría en etnomusicología en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) y, posteriormente, un doctorado en la Universidad de Washington en Seattle. En 1973, Brandt consiguió una beca para hacer trabajo de campo para su tesis sobre la música afrovenezolana de la región de Barlovento. Esto le permitió ser residente en el Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore (INIDEF), que tres años antes había fundado la etnomusicóloga argentina-venezolana Isabel Aretz. En noviembre 1973, poco antes de finalizar su estancia en Venezuela, Brandt viajó a Colombia, con el objetivo de conocer más sobre la marimba. Estuvo dos días en la casa del maestro Teófilo Potes.
Brandt tomó las fotografías que contiene este conjunto documental con una cámara de 35mm e hizo los registros sonoros con una grabadora Nagra de cinta magnética abierta. Brandt escribió sus notas de campo sobre el viaje en un cuaderno de 6 x 9 pulgadas y en un sistema de taquigrafía propio. El conjunto incluye la transcripción de las notas en inglés estándar hecha por Brandt y traducidas al español por el etnomusicólogo Michael Birenbaum Quintero. Las notas narran los detalles del viaje de Brandt a Colombia, a donde llegó por Cúcuta el 2 de noviembre de 1973. Una vez llega a Bogotá, conoce al folclorista Guillermo Abadía Morales en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, y recibe la recomendación de visitar a Teófilo Roberto Potes en Buenaventura. Al otro día viaja al Pacífico, y pasa dos días entrevistando y registrando el trabajo de Potes y otros intérpretes como Mercedes Montaño, la cantadora Floresmila Granja y el marimbero Porfilio Rodríguez. La mayoría de las fotos son de esta etapa del viaje, junto con casi todos los registros sonoros.
Desafortunadamente, Brandt no grabó sus conversaciones con Potes, pero sí registró los sonidos de diversos instrumentos, como la marimba, incluyendo la forma cómo se afina (Grabaciones 73.01-73.13), al igual que interpretaciones de chigualos, rondas infantiles, y bundes (Grab. 73.14-73.21), y bailes de marimba, jugas y un lamento (Grab. 73.01-73B.13).
Después de su estadía en Buenaventura y en Bogotá, Brandt regresó a Caracas, donde al parecer se perdió parte del material recopilado. Poco después, el investigador terminó su beca y regresó a Estados Unidos, llevando una copia de las fotos en dispositivas y de los audios en cinta magnética abierta. Luego de que Brandt y Birenbaum se conocieran en el estado de Maine (EE.UU.) en el 2012, Birenbaum digitalizó los materiales. En 2016, Birenbaum le donó al Banco de la República estas digitalizaciones que hoy se pueden consultar en la Sala de Arte e Imagen de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en el Centro de Documentación Regional de Cali y el Centro Cultural de Buenaventura.
Este fondo tiene como objetivo divulgar y poner al servicio documentos inéditos, fotografías y grabaciones que han sido históricamente invisibilizados o relegados a un segundo plano por los estudios musicológicos occidentales: incluye una de las pocas grabaciones conocidas de los Canchimalos, registros únicos de la práctica de afinar la marimba de chonta, fotografías de Buenaventura y sus habitantes en la década de 1970, registros de reconocidos folkloristas del Pacífico como la cantadora Floresmila Granja y el marimbero Porfilio Rodríguez.
Estos materiales son testimonios de la Buenaventura del momento—una Buenaventura que empezaba a reconocerse culturalmente.
Texto: Michael Birenbaum Quintero
Revisión: María Alejandra Pautassi Restrepo
Referencias
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Fuentes recomendadas
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Ardito Aldana, Lorena. " Incómoda cimarrona. Alicia Camacho resonando entre la memoria, la palabra y la resistencia." La negritud y su poetica. Prácticas artísticas y miradas críticas contemporáneas en Latinoamérica y España, ed. Andrea Díaz Mattei. (Montevideo/Sevilla: BMR Cultural/Publicaciones Enredars, 2019)
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